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La vid y el vino en las religiones monoteístas del Mediterráneo. El Islam. Algunas referencias históricas a la vid y el vino en la simbología y la literatura musulmana clásicas. Introducción.

noviembre 5, 2013

Antes de analizar lo que dice el Corán sobre la vid y el vino, vamos a reseñar algunos casos, objetos y literatura, en los que se muestra como los musulmanes gustaban del vino. Esta reseña no pretende ser exhaustiva, sino simplemente ilustrativa.

 

Para este aspecto, la ideología real sasánida[1] es, quizá, la fuente de inspiración más directa para la iconografía de los primeros momentos del Islam, y luego, tras su asimilación y aculturación, se mantendrá con su propio significado durante buena parte de la Edad Media.

Para los sasánidas, el monarca gobernaba el Universo, constituyendo la entronización de un nuevo monarca un acontecimiento importante que marcaba el inicio de una nueva era; el monarca sasánida era divino y representaba el Sol y la Luna.

 

En vida, los monarcas daban ciertas normas para la comida de su alma, que consistía en la adquisición de corderos, pan y vino. Esta tradición simbólica se mezcla con la de la copa como símbolo de la realeza, relacionada, a su vez, tanto con el agua como símbolo de la vida como con la leche, el vino o cualquier líquido apropiado sin cuyo consumo no es posible la vida e, incluso, ya entre los turcos y los mongoles, con la sangre como símbolo del vigor de la realeza y su poder sobre el enemigo, en una tradición que podría ser remontada a los escitas (Roux, 1982).

 

Podemos referenciar diversas representaciones iconográficas sobre el vino y su consumo realizadas en sociedades islámicas medievales: En el dibujo conocido como El autómata, una figuración alegórica de la ciudad de Bagdad con la forma de un juguete mecánico realizada en un manuscrito del siglo XIII, se representa al califa coronado con el tocado sasánida y sentado sobre un trono escanciándose una copa de líquido idéntica a las documentadas arqueológicamente. Sobre él se yerguen cuatro músicos que podrían simbolizar las cuatro puertas de la ciudad, que son, en definitiva, los cuatro puntos del estado islámico y del mundo (Grabar, 1986).

 

En una de las pintura en estuco[2] de Samarra[3], procedentes del Palacio del Harem aparecen representadas dos mujeres enfrentadas vertiendo lo que parece vino en una copa, perteneciendo esta representación a la tradición sasánida (Talbot, 1989).

En el llamado Banquete de los Físicos, una copia de las Maqamat[4] de Hariri[5] de 1273, se representa una escena de dos personajes charlando en una habitación definida por cortinas. Uno de ellos está bebiendo, mientras que la otra sostiene un pañuelo en la mano, quizá tras haber servido. Es de época mameluca[6], pero su origen es perceptible en el tratamiento de las cortinas, de influencia bizantina (Talbot, 1989). También aquí se hayan representados la copa de vino y la botella.

 

El Bayad wa-Riyad[7], hoy en el Vaticano, contiene escenas de bebida. Una de ellas se produce en un jardín: una mujer anciana con una botella ofrece o pide permiso para escanciar el líquido a otra mujer principal sentada sobre un trono. El vino está relacionado con las jóvenes que escuchan la música. La procedencia de esta obra parece segura del Próximo Oriente, aunque durante tiempo se pensó en un origen andalusí, dada la arquitectura representada en el mismo (Ettinghausen y Grabar, 1989).

 

La isla de Sicilia fue conquistada por los normandos en 1061, pero sus estrechas relaciones con el ámbito sociocultural islámico, derivadas de su ocupación por los aglabíes[8] en el año 902, continuaron incluso después de la conquista. Esto es lo que explica la influencia islámica perceptible en la Capilla Palatina de Palermo, que fue pintada en 1154 pero cuyos motivos mantienen fuertes influencias procedentes de las pinturas fatimíes[9], pudiendo establecer para todo el conjunto evidentes analogías formales con otros conjuntos pictóricos de El Cairo datados en el siglo XI (Talbot, 1989). En algunas de estas representaciones aparecen, de nuevo, el vaso y la jarra que suelen asociarse al consumo del vino; sobre la escena de los sirvientes sacando agua del pozo se encuentra una representación figurada antropomorfa muy habitual de la cerámica y los marfiles islámicos, si bien en este caso tocada con el halo santificador de la iconografía cristiana (Ettinghausen y Grabar, 1989). Evidentemente, se trata de la cristianización de una forma de representar conceptos de origen fatimí y sasánida.

 

Los objetos de vidrio decorados son muy frecuentes en Mesopotamia y Siria, obteniendo una gran aceptación en los castillos cruzados, de donde pasaron a las iglesias europeas. Los cruzados copiaron su modelos y llegaron, incluso, a firmar sus obras, como el maestro Aldrevandin. De los cruzados influyó directamente en los talleres de Venecia, con una larga tradición en la fabricación del vidrio al menos desde la alta Edad Media (Ward-Perkins, 1983), donde fueron imitados y fabricados (Ettinghausen y Grabar,1989).

 

En lo que se refiere al nombre de los utensilios (Perés, 1983) consiguió identificar algunos a través de la poesía del siglo XI; y también G. Rosselló ha trabajado en este mismo sentido (Rosselló Bordoy, 1994 y 1995): copa se denomina ka’s (que hoy día hace referencia al vaso); las copas de cristal son yam, nujba, garab. Están las kas o copas iraquíes, que son las cinceladas; las de metal son cava. Las botellas se llaman madraba; la garrafa qati, el ánfora dann y el aguamanil ibriq (para servir el vino).

 

Los poemas báquicos de origen árabe demuestran que el amor al vino no era menos que la pasión por las armas y por las mujeres. Aunque varias veces se habla del vino fuerte, en el ámbito árabe era preferido el vino mezclado con agua como nos dicen varios textos (por ejemplo, Las Mil y Una Noches).

 

En los próximos días abordaremos detalladamente algunos autores clásicos que han destacado por sus alabanzas al vino.


[1] El Imperio sasánida es el nombre que recibe el segundo Imperio persa durante su cuarta dinastía irania (226-651). La dinastía sasánida fue fundada por Ardacher I tras derrocar al último rey arsácida, Artabán IV de Partia, y terminó cuando el último Shahanshah (Rey de reyes) sasánida Yazdgerd III (632-651) perdió una prolongada guerra de 14 años contra el primero de los califatos islámicos. El territorio del Imperio persa sasánida comprendía los actuales países de Irán, Irak, Armenia, Afganistán y partes del este de Turquía y Siria, además de parte de Pakistán, el Cáucaso, Asia Central y Arabia. Además, durante el gobierno de Cosroes II (590-628), se anexionaron al imperio los territorios de los actuales Egipto, Israel, Jordania, Líbano y los Territorios Palestinos, llegando a ejercer un “protectorado” sobre territorios actualmente correspondientes a Omán y Yemen.

El periodo sasánida, que comprende todo el periodo final de la antigüedad clásica e incluso la sobrevive unos siglos, se considera uno de los periodos históricos más importantes e influyentes de la historia de Irán.

En muchos aspectos, el periodo sasánida alcanzó los mayores logros de la cultura persa, y constituyó el último gran imperio iranio antes de la conquista islámica de Persia y la adopción del Islam como religión en todo el territorio.

Persia tuvo una importante influencia sobre la civilización romana. Esta influencia cultural se extendió mucho más allá de los territorios fronterizos de ambos imperios, llegando hasta la Europa occidental, África, China e India, y jugó un papel fundamental en la formación del arte medieval europeo y asiático.

Esta influencia llegó también hasta el incipiente mundo islámico. La cultura aristocrática y exclusiva de la dinastía sasánida transformó la conquista islámica de Irán en un ‘renacimiento’ persa.

Gran parte de lo que posteriormente sería conocido como cultura islámica (arquitectura, escritura y otras habilidades) fueron adoptadas por el amplio mundo islámico a partir de los persas sasánidas.

[2] El estuco es una pasta de grano fino compuesta de cal apagada (normalmente, cales aéreas grasas), mármol pulverizado, yeso, pigmentos naturales, etc. que se endurece por reacción química al entrar en contacto el hidróxido de calcio de la cal con el dióxido de carbono y se utiliza sobre todo para enlucir paredes y techos.

El estuco admite numerosos tratamientos, entre los que destacan el modelado y tallado para obtener formas ornamentales, el pulido para darle una apariencia similar al mármol y el pintado polícromo con fines decorativos.

Otra forma de estuco es el que se hace con yeso, colas animales y pigmentos; se le conoce como estuco mármol por su similitud en estética, tacto y brillo a estas piedras naturales.

El término estuco proviene del italiano stucco. Es una forma de terminación o decoración de paredes y techos, interiores o exteriores, basada en pinturas y diferentes tipos de morteros que permite la obtención de diversas texturas. Dada su versatilidad, se adapta a cualquier tipo de construcción o época. Además de la función decorativa, refuerza el muro y lo impermeabiliza, permitiendo la transpiración natural.

El estuco más famoso es el veneciano, también llamado lustro veneciano. Es un revestimiento que se inventó en Venecia (Italia) a comienzos del siglo XV. Su acabado muestra una pared plana, lisa y brillante como un mármol pulido, con diferentes tonalidades de color, de gran belleza

[3] Samarra es antigua ciudad de Irak sobre el margen este del río Tigris, en la Gobernación de Saladino, llamada así en honor a Saladino. Se encuentra en la orilla oriental del Tigris, a unos 125 km. al norte de Bagdad. En 2007 fue incluida en la Lista del Patrimonio de la Humanidad en peligro de la Unesco.

Fue fundada durante el Califato Abasí en el año 835, cuando el califa al-Mutasim decide hacerla su capital. Se marchó con sus nuevas tropas conformadas por turcos y mamelucos esclavizados, abandonando la vieja capital Bagdad, donde la presencia de sus soldados había creado problemas entre la población.

Samarra fue capital califal hasta el año 892, cuando el califa al-Mutamid decidió volver a Bagdad. En todo este período la ciudad fue una de las más suntuosas metrópolis del Hemisferio Norte y albergó la mayor mezquita que el mundo islámico jamás había conocido, la Mezquita Al Askari, construida en 944 y destruida en un atentado el 22 de febrero de 2006. De esa construcción hoy sólo queda la muralla perimetral y el gigantesco minarete, llamado Malwiyya, en forma de zigurat, una copia algo menor se puede ver en El Cairo en la Mezquita de Ibn Tulun.

[4] Relatos de cote picaresco narrados en prosa rimada e independientes entre si, minuciosa y abarrocada y dotados de un ritmo y una musicalidad notables, cargados de crítica social transmitida por medio de la ironía y del doble sentido.  Su eje gira en torno a un pícaro (protagonista) que tras verse envuelto en diversas situaciones, suele salir airoso y con algún provecho económico.

[5] Poeta árabe (1054–1122), erudito de la lengua árabe y alto oficial del gobierno del Imperio de Seljuk.  Nació en Basra (Iraq actual). Es conocido por sus Maqamat consistentes en 50 anécdotas escritas en prosa estilizada, que en otros tiempos eran memorizadas por los estudiantes, y por Mulhat al-i’rab fi al-nawh, un extenso poema sobre gramática

[6] Los mamelucos fueron esclavos, en su mayoría de origen turco, procedentes de Asia Central, de las zonas del Mar Negro y más al norte, islamizados e instruidos militarmente que en sus inicios sirvieron como soldados a las órdenes de los distintos califas abásidas.

Más tarde constituirían en 1250 un sultanato en Oriente Medio, que en el momento de ser conquistado por los otomanos (1517) se extendía por Egipto y Siria. Un precedente de dicho sultanato fue el Sultanato de Delhi, fundado en 1210 en el norte de la India por el general gúrida Qutb al-Din Aybak, un esclavo de origen turco que a la muerte de su señor, Mu`izz ad-Dîn Muhammad Guri, se independizó dando inicio a un régimen de mamelucos, denominados de los reyes esclavos. Este régimen, a diferencia del mameluco egipcio, disponía de un territorio recientemente conquistado por el Islam, y donde, por consiguiente, la mayoría de la población era de otra religión (la hindú); aparte, era de una cultura y lenguaje predominantemente persa, diametralmente opuesto al egipcio, donde sus súbditos eran, en su mayoría, árabes musulmanes.

[7] Historia de amor árabe del siglo XIII. Los personajes principales del cuento son Bayad, hijo de un comerciante y un extranjero de Damasco, Riyad, una muchacha educada en la corte de un hajib sin nombre de Mesopotamia y  una “señora” (al-sayyida). Este manuscrito es considerado el único manuscrito ilustrado que ha sobrevivido a más de ocho siglos de presencia musulmana y árabe en España. Este manuscrito único está en la Biblioteca Vaticana, catalogado como Codex Vat. Arabo 368.

[8] Dinastía de emires musulmanes sunníes del norte de África, centrado su poder en Ifriqiya (Túnez), donde el fundador Ibrahim I ibn Aglab estableció en el año 800 un emirato nominalmente dependiente del califato abasí que llegó a ser una potencia militar en el Mediterráneo central, extendiéndose al norte de Argelia, Tripolitania (Libia), Sicilia, Cerdeña y el Sur de Italia. Su capital estaba situada en Kairuán. Su poder acabó en el año 909, cuando los fatimíes alzaron el suyo en Egipto y se expandieron por el norte de África.

Sus miembros pertenecían a la rama de la tribu árabe de los Banu Tamim (el fundador legendario de la dinastía fue un al-Tamimi), la misma estirpe que la del profeta Mahoma, que después de conquistar Persia se estableció en Jorasán, en el actual Irán, y se extendió al norte de África.

[9] Cuarto califato islámico perteneciente a la rama chií ismailita. Gobernó el Norte de África del año 909 al 1171. Inicialmente basada en Tunicia, la dinastía rigió a lo largo de la costa mediterránea de África y convirtió Egipto en el centro de su califato. En su momento máximo, el califato incluía, además de Egipto, varias áreas del Maghreb, Sudán, Sicilia, el Levante y Hijaz.

El nombre fatimí deriva del nombre de la hija del profeta Mahoma, Fátima az-Zahra, y su esposo, Alí, primo del profeta. La dinastía y sus seguidores pertenecían a la corriente ismailí dentro de la rama del Islam de los chiíes.

One Comment leave one →
  1. noviembre 5, 2013 7:42 pm

    Muchas gracias David. Interesante manera de acercar a mis alumnos al estudio de las religiones monoteístas.

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