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La vid y el vino en las religiones monoteístas del Mediterráneo. El Cristianismo. Algunas referencias a la vid y el vino en la Biblia

noviembre 3, 2013

En el Nuevo Testamento son tan conocidas las alusiones a la vid y el vino como relevantes para los cristianos. El Cristianismo fue el gran defensor y divulgador de la cultura de la viña y del vino tras la caída del Imperio Romano.  En lo relativo a la simbología de la vid, Jesús aparece como la vid verdadera, su Padre como el labrador o viñatero y sus discípulos como pámpanos o  sarmientos jóvenes. En esta alegoría se hace una referencia a la poda de los viñedos y su relación con el rendimiento de la planta (Juan, 15: 1 – 8).

15:1 Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador.
15:2 Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.
15:3 Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado.
15:4 Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.
15:5 Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.
15:6 El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden.
15:7 Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho.
15:8 En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.

Debe admitirse que la relación entre el Cristianismo y la simbología de la vid y del vino tiene su base no sólo en la orden de Jesús de conmemorar su muerte y resurrección cada vez que, ritualmente, se bebe el vino y se come el pan, sino también en la tradición judía, que le da un lugar preponderante, como ya hemos visto cuando estudiamos el Tanaj.  San Pablo[1] confirma esto en 1ª Corintios 10:16:

La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo?

Ahora bien, hay una nueva relación del creyente con Dios y del papel del vino cuando se comenta negativamente que Jesús es un hombre que bebe vino y come con todo el mundo en el Evangelio de San Mateo (9: 10-17):

9:10 Y aconteció que estando él sentado a la mesa en la casa, he aquí que muchos publicanos y pecadores, que habían venido, se sentaron juntamente a la mesa con Jesús y sus discípulos.
9:11 Cuando vieron esto los fariseos, dijeron a los discípulos: ¿Por qué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores?
9:12 Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos.
9:13 Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento.

9:14 Entonces vinieron a él los discípulos de Juan, diciendo: ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos muchas veces, y tus discípulos no ayunan?
9:15 Jesús les dijo: ¿Acaso pueden los que están de bodas tener luto entre tanto que el esposo está con ellos? Pero vendrán días cuando el esposo les será quitado, y entonces ayunarán.
9:16 Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo; porque tal remiendo tira del vestido, y se hace peor la rotura.
9:17 Ni echan vino nuevo en odres viejos; de otra manera los odres se rompen, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero echan el vino nuevo en odres nuevos, y lo uno y lo otro se conservan juntamente.

El pasaje se repite en el Evangelio de San Lucas (5: 33 – 39):

5:33 Entonces ellos le dijeron: ¿Por qué los discípulos de Juan ayunan muchas veces y hacen oraciones, y asimismo los de los fariseos, pero los tuyos comen y beben?
5:34 El les dijo: ¿Podéis acaso hacer que los que están de bodas ayunen, entre tanto que el esposo está con ellos?
5:35 Mas vendrán días cuando el esposo les será quitado; entonces, en aquellos días ayunarán.
5:36 Les dijo también una parábola: Nadie corta un pedazo de un vestido nuevo y lo pone en un vestido viejo; pues si lo hace, no solamente rompe el nuevo, sino que el remiendo sacado de él no armoniza con el viejo.
5:37 Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo romperá los odres y se derramará, y los odres se perderán.
5:38 Mas el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar; y lo uno y lo otro se conservan.
5:39 Y ninguno que beba del añejo, quiere luego el nuevo; porque dice: El añejo es mejor.

y en el de San Marcos (2:18, 22):

2:18 Y los discípulos de Juan y los de los fariseos ayunaban; y vinieron, y le dijeron: ¿Por qué los discípulos de Juan y los de los fariseos ayunan, y tus discípulos no ayunan?
2:19 Jesús les dijo: ¿Acaso pueden los que están de bodas ayunar mientras está con ellos el esposo? Entre tanto que tienen consigo al esposo, no pueden ayunar.
2:20 Pero vendrán días cuando el esposo les será quitado, y entonces en aquellos días ayunarán.
2:21 Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo; de otra manera, el mismo remiendo nuevo tira de lo viejo, y se hace peor la rotura.
2:22 Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo rompe los odres, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar.

 

Esto se contrapone al papel de profeta vinculado al Antiguo Testamento que tiene San Juan el Bautista que tenía prohibido beber vino o licores desde su nacimiento (Lucas 1:15),

Porque será grande delante de Dios. No beberá vino ni sidra, y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre

De forma distinta al Tanaj, que tiene, como hemos visto, una gran variedad de palabras para las bebidas alcohólicas, el griego koine[2] de la Septuaginta[3] y del Nuevo Testamento usa sólo cuatro palabras:

oinos es la palabra comúnmente traducida por “vino”. En el Nuevo Testamento aparece[4] al menos en Mt 9:17; Mc 2:22; Lc 1:15; Jn 2:3; Ro 14:21; Ep 5:18; 1ª Ti 3:8; Ti 2:3; Ap 6:6.

–   gleukos se traduce por “vino dulce” (y algunas veces por “mosto”), que podía embriagar. En el Nuevo Testamento, lo encontramos[5], por ejemplo en He 2:13

–  sikera es una palabra prestada del hebreo shekar que significa licor, sidra.  En el Nuevo Testamento lo podemos ver en Lc 1:15 (ya citado)

–  oxos significa “vinagre” o “vino picado”. Podía estar hecho de zumo de uva o de otras bebidas fermentadas; cuando se mezclaba con agua era una bebida común entre los pobres y los soldados romanos[6]. Aparece[7] en, al menos, los siguientes pasajes del Nuevo Testamento: Mt 27:48; Mc 15:36; Lc 23:36; Jn 19:29.

Podemos encontrar, incluso, un uso medicinal del vino en este texto.  Como ejemplo, tenemos al apóstol Pablo aconsejando a Timoteo que usara un poco de vino a causa de sus frecuentes indisposiciones (1.ª Timoteo 5:23),

Ya no bebas agua, sino usa de un poco de vino por causa de tu estómago y de tus frecuentes enfermedades

 Las normas restrictivas con respecto al consumo de vino entre los cristianos varían muy poco con respecto a las del Tanaj. Así, en la Biblia, encontramos de nuevo la advertencia contra los excesos en el uso del vino. En el Antiguo Testamento, que no coincide exactamente con el Tanaj (como ya hemos explicado), encontramos la advertencia de Tobias 4,15.

No hagas a nadie lo que no te agrada a ti. No bebas hasta embriagarte y que la embriaguez no te acompañe en el camino.

El Eclesiástico o Libro de la Sabiduría de Jesús, hijo de Sirac, nos advierte también sobre los beneficios y peligros del vino:

31:25 No te hagas el valiente con el vino, porque el vino ha sido la perdición de muchos.

31:26 Como la fragua pone a prueba el temple del acero, el vino prueba al hombre en las disputas de los prepotentes.

31:27 El vino es como la vida para el hombre, siempre que se lo beba con moderación. ¿Qué es la vida cuando falta el vino? Porque él fue creado para alegría de los hombres.

31:28 Gozo del corazón y alegría del alma es el vino bebido a su tiempo y en la medida conveniente.

31:29 Amargura del alma es el vino bebido en exceso, con ánimo de desafiar y provocar.

31:30 La embriaguez enfurece al necio hasta el escándalo, disminuye sus fuerzas y le provoca heridas.

31:31 Mientras se bebe vino, no reprendas a tu prójimo ni lo humilles si se pone alegre;

no le dirijas palabras injuriosas ni lo importunes con reclamos.

El abuso es condenado, sin paliativos, en  1ª Corintios 5, 11:

Más bien os escribí que no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis

En la misma carta, San Pablo nos previene del castigo que espera a los borrachos, 1ª Corintios 6,10:

ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.

El Nuevo Testamento advierte a los servidores (diáconos), a los supervisores (obispos) y a las ancianas que no se entreguen al vino (1ª Timoteo 3:3, 8; Tito 1:7; 2:3).

3:3 no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, sino amable, apacible, no avaro

 

3:8 Los diáconos asimismo deben ser honestos, sin doblez, no dados a mucho vino, no codiciosos de ganancias deshonestas

 

1:7 Porque es necesario que el obispo sea irreprensible, como administrador de Dios; no soberbio, no iracundo, no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas,

2:3 Las ancianas asimismo sean reverentes en su porte; no calumniadoras, no esclavas del vino, maestras del bien;

La embriaguez implica disolución (Efesios 5:18),

No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu,

También, San Pablo nos advierte en Romanos, 14:21,

Bueno es no comer carne, ni beber vino, ni nada en que tu hermano tropiece, o se ofenda, o se debilite.

Ahora bien, es en las Bodas de Caná (Juan, 2) y en la Santa Cena donde el vino adquiere su carácter ceremonial. Resulta sugerente que el primer milagro de Jesús registrado por los evangelios ocurriese en una boda en torno al vino. En las bodas de Caná, el vino es sinónimo de fiesta y celebración:

2:1 Al tercer día se hicieron unas bodas en Caná de Galilea; y estaba allí la madre de Jesús.

2:2 Y fueron también invitados a las bodas Jesús y sus discípulos.

2:3 Y faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: No tienen vino.

2:4 Jesús le dijo: ¿Qué tienes conmigo, mujer? Aún no ha venido mi hora.

2:5 Su madre dijo a los que servían: Haced todo lo que os dijere.

2:6 Y estaban allí seis tinajas de piedra para agua, conforme al rito de la purificación de los judíos, en cada una de las cuales cabían dos o tres cántaros.

2:7 Jesús les dijo: Llenad estas tinajas de agua. Y las llenaron hasta arriba.

2:8 Entonces les dijo: Sacad ahora, y llevadlo al maestresala. Y se lo llevaron.

2:9 Cuando el maestresala probó el agua hecha vino, sin saber él de dónde era, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo,

2:10 y le dijo: Todo hombre sirve primero el buen vino, y cuando ya han bebido mucho, entonces el inferior; mas tú has reservado el buen vino hasta ahora.

2:11 Este principio de señales hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en él.

2:12 Después de esto descendieron a Capernaum, él, su madre, sus hermanos y sus discípulos; y estuvieron allí no muchos días.

La siguiente referencia, fundamental en lo que se refiere a la relación del vino y la religión cristiana, se encuentra en los relatos de la Última Cena. En ese momento, se instaura el ritual más importante de esta religión. En el Evangelio de San Mateo 26: 27 – 29   se lee:

26:27 Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos;

26:28 porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.

26:29 Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre.

En el Evangelio de San Marcos tenemos:

14:23 Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio; y bebieron de ella todos.

14:24 Y les dijo: Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada.

14:25 De cierto os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo en el reino de Dios.

Análogamente, en el Evangelio de San Lucas encontramos el pasaje:

22:17 Y habiendo tomado la copa, dio gracias, y dijo: Tomad esto, y repartidlo entre vosotros;

22:18 porque os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga.

22:19 Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí.

22:20 De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama.

No se narra este pasaje en el Evangelio de San Juan. Si aparece, en cambio, en la 1ª carta a los Corintios de San Pablo:

11:23 Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan;

11:24 y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí.

11:25 Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí.

11:26 Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga

Con el Cristianismo, el vino adquiere otra simbología, es la sangre del Señor.  No obstante, persisten las ideas de que por un lado el vino merma las facultades mentales del hombre y su integridad si no se bebe moderadamente, y de que, por el otro, posibilita la participación en la naturaleza divina.

Sería interesante continuar el análisis de las referencias a la vid y el vino en el Cristianismo a través del simbolismo en el Cristianismo primitivo de la vid, el vino y los trabajos relacionados con el vino, como por ejemplo la vendimia y el prensado.

Principalmente,  a través del comentario exegético, pero también con el concurso de las Bellas Artes, el Cristianismo desarrolló el simbolismo tradicional del vino y la vid para remitirlo a los puntos centrales de su doctrina, para definir su noción de comunidad y los aspectos claves del rito, para explicar la figura central de Cristo y la comprensión del mártir, así como aspectos importantes de su antropología conceptual y su concepción finalista del tiempo. Este objetivo transciende el ámbito de este hilo de hoy.

 

[1] San Pablo de Tarso o Saulo de Tarso(Tarso, Cilicia, h. 4/15 – Roma ?, h. 64/68) fue uno de los apóstoles del Cristianismo. Fue él quien transformó esta religión en religión universal. Era hijo de judíos fariseos de cultura helenística y con ciudadanía romana. Fue contemporáneo de Jesucristo e incluso estuvo en Jerusalén en la misma época que él, aunque probablemente no se conocieron.

Pablo tenía una sólida formación teológica, filosófica, jurídica, mercantil y lingüística (hablaba griego, latín, hebreo y arameo). Participó en las primeras persecuciones contra los cristianos. Pero durante un viaje a Damasco, poco después de la crucifixión de Jesucristo, se convirtió a la nueva fe, que por entonces era considerada una secta herética del judaísmo (según su propio relato, fue el mismo Jesús el que se le apareció).

Desde entonces San Pablo se convirtió en el más ardiente propagandista del Cristianismo, que contribuyó a extender más allá del pueblo judío, entre los gentiles: viajó como misionero por Grecia, Asia Menor, Siria y Palestina; y escribió misivas (las encíclicas) a diversos pueblos del entorno mediterráneo.

Los escritos de San Pablo adaptaron el mensaje de Jesús a la cultura helenística imperante en el mundo mediterráneo, facilitando su extensión fuera del ámbito cultural hebreo en donde había nacido. Al mismo tiempo, esos escritos constituyen una de las primeras interpretaciones del mensaje de Jesús, razón por la que contribuyeron de manera decisiva al desarrollo teológico del cristianismo (se atribuyen a San Pablo más de la mitad de los libros del Nuevo Testamento).

Proceden de la interpretación de San Pablo ideas tan relevantes para la posteridad como la del pecado original; la de que Cristo murió en la cruz por los pecados de los hombres y que su sufrimiento puede redimir a la Humanidad; o la de que Jesucristo era el mismo Dios y no solamente un profeta. También introdujo en la doctrina cristiana el rechazo de la sexualidad y la subordinación de la mujer, ideas que no habían aparecido en las predicaciones de Jesucristo.

En su esfuerzo por hacer universal el mensaje de Jesús, San Pablo lo desligó de la tradición judía, insistiendo en que el cumplimiento de la ley (los mandatos bíblicos) no es lo que salva al hombre de sus pecados, sino la fe en Cristo; en consecuencia, polemizó con otros apóstoles hasta liberar a los gentiles de las obligaciones rituales y alimenticias del judaísmo (incluida la circuncisión). En el país de los judíos fue mal acogido; estando en Jerusalén fue detenido, juzgado y enviado a Roma. Probablemente murió allí ejecutado.

[2] La koiné (lengua común o habla común) fue una variedad de la lengua griega utilizada en el mundo helenístico, es decir, en el periodo subsiguiente a las conquistas de Alejandro Magno. A esta variedad también se le ha llamado a veces griego helenístico.

El griego del Nuevo Testamento es esencialmente griego koiné. No obstante, suele ser considerado como variedad independiente por la importante influencia que tienen el arameo y el hebreo (lenguas maternas de sus escritores) en la sintaxis y en el léxico; así como por la incorporación de neologismos cristianos. Para entender adecuadamente esta influencia hay que tener en cuenta que la lengua vehicular de la parte oriental del Imperio Romano era el griego y, por tanto, ésta fue la elegida por los judíos cristianos para su predicación tanto a los paganos como a los judíos de la diáspora en Grecia, Egipto y otros territorios orientales del Imperio. Otra gran influencia en la redacción del Nuevo Testamento es la Biblia de los Setenta (traducción griega del Tanaj del siglo III a.C) tanto por su importancia en el griego empleado como por su presencia a través de citas.

[3] La Biblia griega, comúnmente llamada Biblia Septuaginta o Biblia de los Setenta, y generalmente abreviada simplemente LXX, fue traducida de textos hebreos y arameos más antiguos que las posteriores series de ediciones que siglos más tarde fueron asentadas en la forma actual del texto hebreo-arameo del Tanaj. Representa una síntesis en que se subraya el monoteísmo judío e israelita, así como el carácter universalista de su ética.

La Biblia Septuaginta fue el texto utilizado por las comunidades judías de todo el mundo antiguo más allá de Judea, y luego por la iglesia cristiana primitiva, de habla y cultura griega. Junto con el Tanaj hebreo, constituye la base y la fuente del Antiguo Testamento de la gran mayoría de las Biblias cristianas. De hecho, la partición, la clasificación, el orden y los nombres de los libros del Viejo Testamento de las Biblias cristianas (cristianas ortodoxas en Oriente, católicas y protestantes en Occidente) no viene del Tanaj o Biblia hebrea, sino que proviene de los códices judíos y cristianos de la Septuaginta.

[4] Mateo 9:17 Ni echan vino nuevo en odres viejos; de otra manera los odres se rompen, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero echan el vino nuevo en odres nuevos, y lo uno y lo otro se conservan juntamente.

Marcos 2:22 Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo rompe los odres, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar

Lucas 1:15 porque será grande delante de Dios. No beberá vino ni sidra y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre.

Juan 2:3 Y faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: No tienen vino.

Romanos 14:21 Bueno es no comer carne, ni beber vino, ni nada en que tu hermano tropiece, o se ofenda, o se debilite.

Efesios 5:18 No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu

1ª Timoteo 3:8 Los diáconos asimismo deben ser honestos, sin doblez, no dados a mucho vino, no codiciosos de ganancias deshonestas

Tito 2:3 Las ancianas asimismo sean reverentes en su porte; no calumniadoras, no esclavas del vino, maestras del bien

Apocalipsis 6:6 Y oí una voz de en medio de los cuatro seres vivientes, que decía: Dos libras de trigo por un denario, y seis libras de cebada por un denario; pero no dañes el aceite ni el vino.

[5]Hechos 2:13 Mas otros, burlándose, decían: Están llenos de mosto.

[6] La posca fue una bebida popular en la Antigua Roma que consistía en vinagre y agua (acetum cum aqua mixtum). A veces se empleaban vinos de poca calidad que acababan avinagrándose, es por esta razón por la que se mezclaba con hierbas aromáticas. Era una bebida muy típica en el ejército romano (1 litro al día por legionario) y es una de las razones por las que un legionario ofreció a Jesucristo en la crucifixión del Gólgota una esponja con agua y vinagre (según el Evangelio de San Juan). La bebida se empleó en las clases más bajas del Imperio Romano y se sabe que su uso se extendió hasta el periodo del Imperio Bizantino. Era una manera de matar los gérmenes del agua y evitar enfermedades.

[7] Mateo 27:48 Y al instante, corriendo uno de ellos, tomó una esponja, y la empapó de vinagre, y poniéndola en una caña, le dio a beber

Marcos 15:36 Y corrió uno, y empapando una esponja en vinagre, y poniéndola en una caña, le dio a beber, diciendo: Dejad, veamos si viene Elías a bajarle.

Lucas 23:36 Los soldados también le escarnecían, acercándose y presentándole vinagre.

Juan 19:29 Y estaba allí una vasija llena de vinagre; entonces ellos empaparon en vinagre una esponja, y poniéndola en un hisopo, se la acercaron a la boca.

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