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La vid y el vino en las religiones monoteístas del Mediterráneo: Judaismo. Introducción

octubre 22, 2013

El Judaísmo es una religión abrahámica[1] monoteísta que es profesada por aquellas personas denominadas judíos.

 

En primer lugar, es necesario aclarar unos conceptos:

–                     Semita: La palabra semita se refiere a las personas descendientes de Sem. Sem fue el hijo mayor de Noé. Esto incluye a los hebreos y a los árabes. Por ello, se ha dicho que el término antisemitismo es equívoco y debería ser reemplazado por el más apropiado de judeofobia. Los judíos no son necesariamente ni israelíes ni hebreos ni semitas, si son conversos; pero si son judíos por nacimiento seguramente tengan ancestros que fueron hebreos y semitas, y aunque no hayan nacido en el actual pueblo de Israel, quizás hayan pertenecido al antiguo pueblo de Israel que fue dispersado por el mundo cuando los romanos destruyeron Jerusalén.

–                     Hebreo: Los hebreos (del latín hebræus, éste del hebreo ‘ibrī, y éste quizá del acadio ẖapiru[m], “paria”) fueron un antiguo pueblo semita del Próximo Oriente y ancestros de los israelitas y los judíos. Según la Biblia y las tradiciones hebraicas, los hebreos son originarios de Mesopotamia, de Ur en Caldea. Eran nómadas, vivían en tiendas, llevando manadas de cabras y ovejas, utilizando asnos, mulas y camellos como portadores. Una crisis económica pudo impulsar a Terah, padre de Abraham, a dejar la ciudad para ir a la de Harran, en el Alto Éufrates. De allí, algunos de ellos emigran hacia Canaán, prometido por Dios, según la Biblia, a los descendientes del patriarca Abraham (c. 1750 A. C).

–                     Israelita: En la antigüedad, se llamó israelita al pueblo que se formó de la descendencia de Israel o Jacob, de sus 12 hijos surgió el pueblo de Israel, la nación de Israel.

–                     Israelí: Es el término que define la nacionalidad de todos aquellos individuos nacidos en el Estado de Israel o que son ciudadanos del mismo. Por lo tanto, un individuo judío nacido en España no puede ser israelí ya que su nacionalidad es española. Así pues, siendo israelí un concepto que define la nacionalidad, se puede hablar de israelíes musulmanes, cristianos o judíos.

–                     Judío: Es todo aquel que profesa la religión judía, haya nacido o no en Israel. El pueblo judío es un grupo étnico descendiente de los antiguos israelitas del Oriente Próximo. La religión constituye, por tanto, un aspecto de la pertenencia étnica al pueblo judío, así también como prácticas culturales, sociales, lingüísticas, etc. La definición precisa de judío es controvertida y puede variar dependiendo de que se haga mayor énfasis en la identidad religiosa o en la secular (étnica y sociológica). De acuerdo con la legislación judía, judío es aquel que:

  • a) es hijo de madre judía (ley que deriva una interpretación del pasaje de Deuteronomio 7:3-4)

7:3 Y no emparentarás con ellas; no darás tu hija a su hijo, ni tomarás a su hija para tu hijo.

7:4 Porque desviará a tu hijo de en pos de mí, y servirán a dioses ajenos; y el furor de Jehová se encenderá sobre vosotros, y te destruirá pronto.

 

  • b) o aquella persona que se convierte formalmente al judaísmo bajo la supervisión halájica de un reconocido Bet Din (corte judía o tribunal rabínico) presidida por tres dayanim (jueces). Este proceso de conversión está desarrollado en textos legales judíos, tales como el Talmud, el Shulján Aruj[2] y las interpretaciones de la ortodoxia rabínica.

 

De acuerdo con la ley judía (Halajá), no existe modo de perder el judaísmo. Quien nace judío o se convierte, no pierde su condición de judío incluso después de cometer uno de los tres peores pecados: paganismo, asesinato o aberraciones sexuales. Baruch Spinoza[3] y Uriel da Costa[4] son algunos de los judíos más importantes que fueron depurados. Marx y Freud vivieron algo parecido. Debe tenerse presente que de acuerdo con la ley judía, existen caminos para ser aceptado nuevamente en la comunidad, y esto marca el hecho de que, según ésta, no existe pérdida de la judeidad.

 

El rasgo principal de la fe judía es la creencia en un Dios omnisciente, omnipotente y providente, que habría creado el universo y elegido al pueblo judío para revelarle la ley y las prescripciones rituales de los libros tercero (Levítico[5]) y cuarto (Números[6]) de la Torá. Consecuentemente, las normas derivadas de tales textos y de la tradición oral constituyen la guía de vida de los judíos, aunque la observancia de las mismas varía mucho de unos grupos a otros.

 

Otra de las características del judaísmo, que lo diferencia de las otras religiones monoteístas, radica en que se considera no sólo como una religión, sino también como una tradición y una cultura. Las otras religiones trascienden varias naciones y culturas, mientras que el judaísmo se considera la religión y la cultura concebida para un pueblo específico. El judaísmo no exige de los no judíos unirse al pueblo judío ni adoptar su religión, aunque los conversos son reconocidos como judíos en todo el sentido de la palabra.

 

Aunque no existe un cuerpo único que sistematice y fije el contenido dogmático del judaísmo, su práctica se basa en las enseñanzas de la Torá.

 

Juega también un papel importante, en la práctica religiosa, la tradición oral. Según las creencias, fue entregada a Moisés[7] junto con la Torá y conservada desde su época y la de los profetas. La tradición oral rige la interpretación del texto, la codificación y el comentario. Esta tradición oral fue transcrita, dando nacimiento a la Mishná, que posteriormente sería la base del Talmud y de un enorme cuerpo exegético, que se desarrolla hasta el día de hoy por los estudiosos. El compendio de las leyes extraídas de estos textos forma la denominada Ley Judía o Halajá.

 

Es decir, sus creencias se basan en el Tanaj y el Talmud. El judaísmo considera al Talmud la tradición oral, mientras que la Torá (el Pentateuco) es considerada como tradición escrita. El Talmud extiende, explica y complementa al Tanaj, pero no puede, por definición, contradecir a la parte más importante del mismo, a la Torá. El paradigma de la halajá (‘ley judía’ en hebreo) subordina la autoridad del Talmud a la de la Torá.

 

El Tanaj (del acrónimo en hebreo תַּנַ”ךְ) es el conjunto de los 24 libros sagrados de la religión hebrea. El acrónimo Tanaj corresponde a las tres letras iniciales hebreas de cada una de las tres partes que lo componen, a saber:

  1. La Torá (תּוֹרָה), Instrucción
  2. Los Nevi’im (נְבִיאִים), Profetas
  3. Los Ketuvim (כְּתוּבִים), Escritos

La letra inicial kaf de כְּתוּבִים (Ketuvim) (se escribe de derecha a izquierda) es letra final en el acrónimo תַּנַ”ךְ (Tanaj), y por ser última letra toma la forma de kaf final ( ךְ ) y se pronuncia suave, como J, no como K, por eso es Tanaj y no Tanak.

Los libros en el Tanaj se agrupan en tres conjuntos: la Ley (Torá), los Profetas (Nevi’im) y los Escritos (Ketuvim). Así, tenemos:

–                     Torá (תּוֹרָה) o Instrucción

La Torá se conoce también como el Pentateuco, del griego πέντε, pente, (cinco), y τεῦχος, teûjos, (funda para libros).  El nombre proviene del hebreo חֲמִשָּׁה חֻמְשֵׁי תּוֹרָה, Jamishá Jumshei Torá, (los cinco quintos de la Torá) o simplemente חֻמָּשׁ, Jumash, (cinco), una conjugacion de חמש (Jamesh).

Para los hebreos, Moshé (Moisés) recibió la Torá en el Monte Sinai en el año 2.448 de la creación del mundo (1.313 a. C.). La Torá que el Creador le entregó al pueblo de Israel, estaba escrita de manera tal que además de poder estudiarse mediante un entendimiento literal del texto, también era posible llegar a niveles más profundos de comprensión mediante otros sistemas interpretativos de las escrituras que no contradecían la literalidad del texto, sino que complementaban el entendimiento del mismo. Así, Setenta facetas tiene la Torá, y todas ellas son verdaderas y provienen de la misma fuente: el Creador del universo.

Cada uno de estos sistemas interpretativos de la Torá posee reglas propias. A estos sistemas se les llama generalmente el Pardés, pues la palabra pardés (huerto) está formada por las cuatro letras iniciales de los cuatro caminos interpretativos y de entendimiento de la Torá:

La pe es la letra inicial de la palabra peshat (literalidad), y hace alusión al entendimiento simple y literal del texto.

La resh es la inicial de la palabra rémez (insinuación) y se refiere a un nivel de comprensión en donde las palabras y las letras son elementos que no necesariamente deben ser entendidos literalmente, sino que vienen a insinuarnos acerca de otras ideas y enseñanzas.

La dálet es la inicial de la palabra derash (interpretación) y hace referencia a un camino interpretativo no siempre literal, donde muchas veces distintas palabras o letras aparentemente innecesarias para la comprensión del texto, nos vienen a enseñar detalles del mismo que no están escritos claramente. Asimismo, otras enseñanzas son deducidas cuando en el texto sagrado, aparentemente, faltan letras o palabras que deberían estar escritas.

Además, algunas veces aparecen letras escritas en un tamaño mayor o menor que el normal, y esto también es interpretado por los Sabios. Aún más, en algunos lugares del Tanaj, la tradición oral enseña que ciertas palabras deben ser leídas en forma distinta a como aparecen escritas en el texto (y en estos casos, en los libros impresos se escribe la palabra original como realmente aparece escrita y se aclara que debe ser leída en forma distinta).

La letra sámej es la inicial de la palabra sod (secreto), pues este camino de entendimiento esotérico y místico, encierra los grandes secretos de Díos y de la creación del mundo.

Después de la desaparición física de Moshé, los Sabios de cada generación comenzaron a interpretar la Torá mediante las 13 reglas interpretativas que Díos le enseñó a Moshé (Véase el comienzo del Midrash Sifrá). Estas reglas fijas de interpretación de las escrituras no estaban sujetas a distintas opiniones posibles de cualquier persona que quisiese entender los versículos de alguna u otra manera, sino que cada interpretación estaba sometida a una severa verificación por parte de todos los Sabios.

Las leyes sobre las cuales habían diferentes opiniones entre los Sabios eran sometidas a votación en el Sanhedrín (Suprema Corte Rabínica compuesta por los 71 Sabios más grandes de esa generación), fijando la halajá (ley) de acuerdo con la opinión de la mayoría.

Las enseñanzas de los Sabios de las generaciones precedentes tenían el primer lugar en importancia, pero además eran aprendidas nuevas leyes, y eran decretadas nuevas legislaciones. Así ocurrió en la generación de los Anshé Kenéset Haguedolá (los 120 Sabios de la Gran Asamblea), en el siglo IV a. C.

Además, los Sabios de la Gran Asamblea cerraron la época bíblica, decretando que a partir de ese momento ningún libro más podrá ser introducido, quedando de esta manera el total de los 24 libros que conforman el Tanaj: los 5 libros de la Torá, los 8 libros de los Profetas y los 11 libros de los Ketuvim, como detallamos a continuación.

El Jumash o Pentateuco, está compuesto por los cinco libros que Moshé escribió en el desierto tras recibir cada palabra que allí consta directamente de Hashem, y legó al pueblo de Israel para que guarden lo que hay allí escrito y de proceder así les vaya bien en este Mundo y hereden la vida eterna.   Lo componen cinco libros:

 

1 – Bereshit (En principio)  o Génesis.

2 – Shemot (Nombres) o Éxodo.

3 – Vaikrá o Levítico.

4 – Bemidbar o Números.

5 – Debarim (Palabras) o Deuteronomio.

–                     Nevi’im (נְבִיאִים) o los Profetas

Neviim Rishonim (Primeros Profetas)

  1. Yehoshua o Josué (יֵהוֹשע) o (יֵהוֹשוּע) [yehoshua- Yah es salvación, salvador]
  2. Shoftim o Jueces (שוֹפְטִים) [shoftim- jueces]
  3. Samuel o Shemuel (I Samuel o Shemuel y II Samuel o Shemuel) (שְמוּאֶל) [shmuel- Dios escucha]
  4. Reyes (I Reyes y II Reyes) (מֶלַכִים) [melajim- reyes]

Neviim Ajaronim (Últimos Profetas)

  1. Isaías (יֶשַעָיה) [yeshaya- salvará Dios] o (יֶשַעָיהוּ) [yeshayahu]
  2. Jeremías (יִרְמִיה) [irmiya- levanta Dios] o (יִרְמִיהוּ) [irmiyahu]
  3. Ezequiel (יֶחֵזְקֵאל) [yejezquel- fortalecerá Dios]

El último libro de los Profetas se llama Teré Asar (תְרֶי עַשַר) [treyə asar- en arameo doce] pues, en realidad, el libro consiste en una recopilación de doce libros de profetas, que por ser muy cortos han sido reunidos formando un solo libro. Éstos son los doce libros

  • Oseas o Oshea (הוֹשֶע) [osheha- salvó]
  • Joel (יוֹאֶל) [Yah es Dios]
  • Amós (עַמוֹס) [amos- ocupado, el que lleva la carga]
  • Abdías (עוֹבַדְיה) [ovdyəa- trabajó Dios]
  • Jonás (יוֹנַה) [yona- paloma]
  • Miqueas (מִיכַה) [mija- hay personas que piensan que es: ¿quién como Dios?]
  • Najum (נַחוּם) [najum- confortado]
  • Habacuc (חָבַקוּק) [javacuc- una planta en acadio o abrazado]
  • Sofonías (צְפַנְיה) [tzfania- norte de Dios, ocultado de Dios, agua de Dios]
  • Ageo (חָגַי) [jagayə- vacación en lenguas semíticas, mis vacaciones en hebreo]
  • Zacarías o Zaharia (זכַרְיה) [zejaría- se acuerda Dios]
  • Malaquías (מַלְאַכָי) [malají- ángel, mis ángeles]

–                     Ketuvim (כְּתוּבִים) o los Escritos

  1. Salmos Tehilim
  2. Proverbios Mishlei
  3. Job Iyov
  4. El Cantar de los Cantares Shir HaShirim
  5. Rut Rut
  6. Lamentaciones Eija
  7. Eclesiastés Kohelet
  8. Ester Ester
  9. Daniel Daniel
  10. Esdras y Nehemías Ezra Nejemyahu
  11. Crónicas (I Crónicas y II Crónicas) Divrei HaYamim Alef, Bet

Además de éstas, el judaísmo ortodoxo sostiene que, junto con los escritos, el pueblo de Israel recibió la revelación oral, que se ha transmitido tradicionalmente. Es a partir de las indicaciones y aclaraciones de la tradición oral que deben interpretarse las ambigüedades y dificultades del texto bíblico.

 

La ley oral se codificó y registró por primera vez en el siglo III, para evitar que se perdiese en la diáspora; el rabino Yehudah Hanasí redactó el primer comentario conocido sobre la interpretación de la ley, conocido como Mishná , escrita en el año 3.949, a partir de las enseñanzas de los tannaim (los estudiosos de la tradición oral).

 

Los tannaim fueron los sabios rabínicos cuyos puntos de vista se registran en la Mishná.. El período Tannaim, también referido como el período de la Mishná, duró alrededor de 210 años.  Está precedido por la época de la Zugot (pares), y fue seguido de inmediato por el período de la Amoraim (intérpretes)

La Mishná está dividida en 60 tratados ordenados en 6 sedarim (temas principales). Cada tratado está subdividido en capítulos, y cada capítulo está subdividido en halajot o mishnaiot. En general, la Mishná es una explicación de las 613 mitzvot escritas en la Torá, y en ella están incluidas las leyes que Díos le transmitió en forma oral a Moshé, así como también decretos y leyes de los Sabios.  Éstos son los seis sedarim que componen la Mishna:

 

Zeraim: Leyes relacionadas con las labores agrícolas, principalmente de la tierra de Israel, las ofrendas y los diezmos de la producción que deben ser ofrecidos, y las leyes de las bendiciones.

Moed: Leyes relacionadas con los shabatot y días de fiesta y sus respectivas mitzvot (preceptos).

Nashim: Leyes relacionadas con las obligaciones matrimoniales.

Nezikín: Leyes comerciales y judiciales.

Kadashim: Leyes relacionadas con los sacrificios ofrecidos en el Templo.

Taharot: Leyes de pureza e impureza ritual.

 

La Mishna, cuya composición se efectuó de acuerdo con los sabios de aquel tiempo, fue acogida por todas las generaciones venideras como una obra preciosa, la obra clásica y la base de la Ley Oral (Torá Shebeal Pe), cuya santidad es similar a la de la Biblia y a la cual no se puede ni añadir, ni suprimir, siendo que fue compuesta con inspiración divina.

 

A su vez, el contenido de la Mishná fue objeto de debate, discusión y comentario por parte de los estudiosos de las comunidades judías en Israel y Babilonia; el resultado de estas discusiones dio lugar a otros volúmenes de comentarios, llamados Guemará. Junto con la Mishná, estos volúmenes constituyen el Talmud, la recopilación de la tradición rabínica. Aun los judíos no ortodoxos siguen, en numerosos puntos importantes, las interpretaciones del texto bíblico vertidas en el Talmud; la única excepción la constituyen los caraítas, una secta clásica que se rige únicamente por el contenido literal de la Torá.

 

La Mishná fue escrita utilizando un lenguaje corto y muy conciso, y sin explicaciones adicionales a la ley en sí, muchas veces era muy difícil entender las halajot que Rabí Iehudá Hanasí quiso introducir en ella. Es por eso que fue necesario escribir un Talmud (estudio), es decir, un libro que devele y explique la profundidad de las palabras de la Mishná.

 

El Talmud (התלמוד) es una obra que recoge principalmente las discusiones rabínicas sobre leyes judías, tradiciones, costumbres, historias y leyendas. El Talmud se caracteriza por preservar la multiplicidad de opiniones a través de un estilo de escritura asociativo, mayormente en forma de preguntas, producto de un proceso de escritura grupal.

 

En el Talmud no sólo figuran distintas explicaciones sobre la Mishná, sino también otras enseñanzas que los Sabios posteriores a la época de Rabí Iehudá Hanasí (llamados Amoraim o Emoraim) fueron aprendiendo. En el Talmud también se encuentran muchas partes no legales, llamadas agadot, que encierran una gran enseñanza respecto del comportamiento ético o moral, así como también enseñanzas conceptuales.

 

En aquellos tiempos, existían dos grandes centros de Torá en el mundo, uno en la tierra de Israel y el segundo en Babilonia, y de hecho, dos Talmudim fueron escritos:

–                     El de Jerusalem: Este Talmud es conocido también con el nombre de Talmud de Occidente (porque la Tierra de Israel está al oeste de Babilonia) o Talmud de la Tierra de Israel. Rabí Iojanán,el hijo de Rabí Itzjak Nafjá, era uno de los jóvenes alumnos de Rabí Iehudá Hanasí y comenzó a escribirlo junto con su cuñado, Rabí Shimón Ben Lakish (Resh Lakish), aunque sólo cerca del año 395 se finalizó la obra.

–                     El Talmud de Babilonia: Rav Ashí comenzó a escribir el Talmud Babilónico al final de sus días, y lo terminaron de escribir cerca del año 500, Mar Bar Rav Ashí, su hijo, y Rabiná, su alumno.

 

La forma de estudio que utiliza el Talmud es muy particular, y está basada en un sorprendente sistema de preguntas y respuestas que hasta hoy en día es reconocido por su asombrosa profundidad, y por la agudeza de pensamiento que crea en quien lo estudia.

 

Los Sabios del Talmud prácticamente no dejan nada sin preguntar. Cuando ellos consideraron que la Mishná que se estaba estudiando contradecía (o aparentaba contradecir) a otra, ellos intentaban entender la diferencia existente entre ellas. Además, muchas veces se utilizan otras fuentes de los Sabios: por ejemplo, la Toseftá (agregados a la Mishná) y la Baraitá (enseñanzas de los Tanaim que no fueron incluidas en la Mishná). Todas estas fuentes son utilizadas por los Amoraim para complementar las enseñanzas de la Mishná, o bien para contradecirlas, y llegar a una conclusión correcta en el estudio.

 

Así como la mayoría del Tanaj, la Mishná fue escrita en hebreo (fuente del idioma hebreo moderno), pero los Talmudim fueron escritos en arameo, el de Jerusalem en un idioma más puro y el de Babilonia en un idioma más popular.

 

Además, la literatura rabínica, llamada post-bíblica, incluye una inmensa cantidad de material en variadas áreas.  Los Midrashim son comentarios de los Sabios, sobre algunos libros de la Biblia, y también existen distintos Midrashim sobre temas independientes. Los Midrashim se pueden dividir en dos grandes grupos:

 

Midrashé Halajá: Son los que hablan principalmente sobre temas legales, por ejemplo: Mejiltá (sobre el libro de Éxodo), Sifrá (sobre Levítico) y Sifré (sobre Números y Deuteronomio).

Midrashé Agadá: Son los que hablan principalmente sobre temas éticos y morales, por ejemplo: Midrash Rabá (sobre los cinco libros de la Torá y las cinco Meguilot: Shir Hashirim, Rut, Ejá, Kohelet, Ester), Tanjumá (sobre la Torá), Shojer Tov (sobre los libros de Salmos, Samuel y Proverbios), Pesiktá, Tana Debé Eliahu, Pirké Derabí Eliézer, etc., entre muchos otros.

 

Además, se han escrito distintas obras que tratan sobre asuntos relacionados con la kabalá (mística), por ejemplo:

 

Séfer Ietzirá: Atribuido a Abraham Avinu (s. XVII a. C.).

Séfer Habahir: Atribuido al Taná Rabí Nejuniá Ben Hakaná (s. I).

Séfer Hazóhar: Atribuido al Taná Rabí Shimón Bar Iojai (s. II), y compilado por su discípulo Rabí Abá. En general, esta obra está escrita siguiendo el orden de la Torá, pero también contiene varios subtemas.

 

Por otro lado, desde la época del Talmud Babilónico (s. V), hasta aproximadamente el siglo X, todos los grandes Sabios de la Torá, estaban concentrados en las distintas ciudades de Babilonia. Los Sabios que vivieron después de la época de los Amoraim fueron llamados Saboraim, y a ellos les sucedieron los Gueonim. Durante todo este período los Sabios de Israel fueron profundizando en el estudio del Talmud, y fueron escritas varias obras de gran importancia, entre ellas:

 

–                     Séfer Hasheiltot: Uno de los primeros códigos de ley judía, basado en la Torá, escrito por Rab Ajái Gaón de Shabjá (680 – 752 aprox.). El autor fue uno de los líderes de la ieshivá de Pumpedita durante este período.

–                     Halajot Guedolot: Una de las más tempranas codificaciones de las leyes del Talmud. La mayoría de las autoridades suponen que este trabajo anónimo fue escrito por Rabí Shimón Kaiará, un estudioso de Botzrá en Babilonia, alrededor del año 750.

–                     Séfer Haemunot Vehadeot: Esta importante obra es, de hecho, el primer libro sobre ética, moral y filosofía judía. Fue escrito por Rabenu Saadiá Gaón (892 – 942), el jefe de la ieshivá de Sura y una de las figuras más grandes de la época de los Gueonim.

 

A pesar de que hasta ese momento todos los Sabios estaban concentrados en las ciudades de Babilonia, como recordamos antes, un día ocurrió algo que provocó que ese centro de Torá se desplazara hacia otras tierras.

 

Un día, cuatro grandes sabios de aquella generación se embarcaron hacia tierras lejanas para recolectar dinero de la comunidad judía que vivía fuera de Babilonia, para la mitzvá de hajnasat kalá (ayudar a parejas que debían casarse pero carecían de medios). Pero todo no fue como había sido planeado: el barco en el cual se habían embarcado fue capturado por piratas, y ellos fueron vendidos como cautivos. Rabí Shemariá fue vendido en Egipto, y después de ser rescatado fundó una Ieshivá en la ciudad de Alejandría, Rabí Jushiel (el padre de Rabenu Jananel) fue vendido en la zona de Túnez en la que también fundó una Ieshivá, y Rabí Moshé Berabí Janoj fue vendido en España donde fue rescatado por la comunidad de la ciudad de Córdoba.

 

A partir de ese momento se dispersaron las fuentes de Torá por todo el Mundo, y el distanciamiento geográfico entre ellas provocó que con el correr del tiempo existan diferencias en las costumbres de las distintas comunidades, en la forma de estudiar la Torá, y en la forma de codificar las partes legales del Talmud.

A partir del siglo X aproximadamente, comienza la época de los sabios llamados los Rishonim. En el transcurso de esta época que tiene una duración de unos 600 años, los distintos Sabios siguieron profundizando en el estudio de todas la áreas de la Torá Escrita y Oral, y se escribieron toda clase de trabajos, ya sean comentarios sobre la Torá, sobre el Tanaj, sobre el Talmud y la halajá, sobre ética, moral y filosofía, y también sobre la kabalá.[8]

Los Sabios que vivieron a partir del siglo XVI y hasta nuestros días son los llamados Ajaronim. Al igual que los Rishonim, los Ajaronim, se han dedicado al estudio de todas las partes de la Torá.


[1] Abraham o Abrahán (en hebreo: אַבְרָהָם, Avraham; en árabe: ابراهيم, Ibrāhīm) (Ur, hoy desaparecida, actual Irak, ss. XIX- XVIII a.C. – cerca de Mamré?, actual Israel, s. XVIII a.C.) es, para la religión judía, cristiana e islámica, el primero de los patriarcas postdiluvianos del pueblo de Israel y del pueblo árabe. Su nombre significa padre de muchos pueblos y, según el relato del Génesis, Dios se lo impuso a un hombre llamado Abram (o Abrán) en el momento de establecer un convenio con él, que incluía su deseo de convertirlo en el origen de un pueblo del que sería su Dios y al que le daría la tierra de Canaán como posesión perpetua. Abraham fue líder de los antiguos hebreos y según la leyenda, el primer monoteísta del mundo.

Según la narración bíblica, el padre de Abraham, Teraj, salió con su familia de Ur, en tierra de los caldeos, y llegó a Jarán. De allí, obedeciendo un mandato de Dios, Abraham marchó con su mujer, Sara, y con todo su séquito a Canaán, donde llevó una vida nómada. A raíz de una época de hambre se trasladó a Egipto, pero luego volvió y se estableció en la llanura de Mamré, cerca de Hebrón.

Dios realizó con él la Alianza, prometiéndole la tierra de Canaán para él y para sus descendientes, que serían tan numerosos como el polvo de la tierra. Su esposa Sara no había concebido hasta entonces, pero Abraham tuvo un hijo (Ismael) de Agar, esclava de Sara. Poco después le volvió a visitar Dios en Mamré y le prometió un hijo de la propia Sara. Ella se rió al oírlo, puesto que tenía ya noventa años, pero Dios cumplió su promesa y Abraham fue padre de Isaac. Tenía entonces cien años. Agar fue expulsada de la casa y marchó con su hijo Ismael al desierto, donde se instalaron.

Años después, Dios quiso probar la obediencia de Abraham y le mandó que le ofreciera en sacrificio a Isaac. El patriarca aceptó el mandato, pero en el último momento Dios le eximió de tan dura carga. Al morir Sara, Abraham compró un sepulcro en la cueva de Macpela, en Hebrón, y allí la sepultó. En esa misma tumba fue enterrado él cuando murió, a los 175 años de edad.

Abraham y su hijo, Isaac, así como el hijo de éste, Jacob, son tenidos por patriarcas. Jacob, que además recibió el nombre de Israel, tuvo doce hijos que llegaron a ser patriarcas de las tribus de Israel. Y, según la Biblia, esta familia creció y se convirtió en una gran nación. Es difícil valorar el trasfondo histórico de la historia de Abraham. Acaso vivió realmente, pero es posible también de una figura legendaria, conmemorada en las crónicas de su pueblo migratorio.

Abraham constituye una parte muy importante de la historia bíblica de la salvación y es considerado el padre del judaísmo. Tanto por parte de la religión judía como de la cristiana es considerado el depositario de la bendición para todos los pueblos. El judaísmo lo ha considerado siempre como un modelo de hombre justo y ha alabado su vida mediante numerosas tradiciones. En las épocas oscuras de la historia de Israel, los profetas hebraicos siempre intentaron devolver la confianza a su pueblo recordando a Abraham y su alianza con Dios: Considerad la roca de que habéis sido cortados, la cantera de donde habéis sido extraídos. Mirad a Abraham, vuestro padre.

Pero Abraham no sólo es una figura importante en la religión judía, también lo es en las religiones cristiana e islámica: tanto Juan el Bautista como Pablo se oponen a la creencia de que solamente los descendientes carnales de Abraham están llamados a la salvación en el día del Juicio Final. Según ellos, la promesa que hizo Dios a Abraham no se limita al pueblo judío, sino que contempla una filiación espiritual. En cuanto a la religión islámica, se la denomina Millat Ibrahim, que significa religión de Abraham, pues en el Islam se considera a Abraham como un precursor religioso del Profeta.

[2] El Shulján Aruj (la mesa servida) es un libro obra del cabalista medieval, rabino Yosef Karo (Safed, 1565), cuya normativa es aceptada por prácticamente todas las corrientes y ramas diversas del judaísmo. A diferencia del Talmud, el Shulján Aruj es una obra monosémica.

El rabino Karo quiso agrupar y sistematizar  las reglas a las que el individuo judío debe ajustar sus actos. Sus reglas están aceptadas por prácticamente todas las corrientes y ramas del judaísmo. Es un resumen de las leyes con que frecuentemente se tropezarán los judíos a lo largo de sus vidas.

Su estructura de 4 libros, sigue un orden análogo al de los Libros de Turin, de Rabí Jacob ben Asher:

–          Óraj Jaim: ciclo de vida cotidiana, oraciones, bendiciones, festividades y ayunos.

–          Ioré Deá: leyes relativas a Kashrut ( comida apropiada, leyes modales de comportamiento en la mesa) y leyes del luto

–          Even Haezer: leyes y ritos referentes al matrimonio y relaciones entre el hombre y la mujer.

–          Joshen Mishpat: derecho público, penal y privado, obligaciones, contratos  y tutela.

[3]Spinoza (Amsterdam, 1632 – La Haya, 1677)  fue un filósofo neerlandés. Hijo de judíos españoles emigrados a los Países Bajos, estudió hebreo y la doctrina del Talmud. Cursó estudios de teología y comercio; por la fuerte influencia que ejercieron sobre él los escritos de Descartes y Hobbes, se alejó del judaísmo ortodoxo. Su crítica racionalista de la Biblia provocó que fuese por último expulsado de su comunidad por los rabinos en 1656. Se retiró a las afueras de Amsterdam, como pulidor de lentes.  El acta de expulsión de Spinoza dictada en Amsterdam un 27 de julio de 1656 dice así:

 

Expulsamos, maldecimos y separamos a Baruch de Espinoza con el consentimiento de Dios bendito y con el de toda esta comunidad, delante de estos libros de la Ley, que contienen trescientos trece preceptos; la excomunión que Josué lanzó sobre Jericó, la maldición que Elías profirió contra los niños y todas las maldiciones escritas en el libro de la ley; maldito sea de día y maldito sea de noche, maldito al acostarse y maldito al levantarse, maldito sea al entrar y al salir; no quiera el Altísimo perdonarle, hasta que su furor y su celo abracen a este hombre; lance sobre él todas las maldiciones escritas en el libro de esta Ley, borre su nombre de bajo los cielos y sepárelo, para su desgracia de todas las tribus de Israel, con todas las maldiciones del firmamento, escritas en el Libro de la Ley…, advirtiendo que nadie puede hablarle oralmente ni por escrito, ni hacerle ningún favor ni estar con él bajo el mismo techo ni a menos de cuatro codos de él, ni leer papel hecho o escrito por él.

 

Durante este período escribió un Breve tratado acerca de Dios, el hombre y su felicidad, y parece que también el De la reforma del entendimiento y un polémico Tratado teológico-político, aunque se publicarían más tarde. Renunció a una cátedra en Heidelberg (1673) para mantener su independencia intelectual. En 1675 terminó su obra más importante, la Ética demostrada según el orden geométrico, iniciada catorce años antes y que no se publicaría hasta su muerte, en 1677. También por esta época emprendió la redacción del Tratado político, que quedó inconcluso.

Su filosofía parte de la identificación de Dios con la naturaleza (Deus sive natura), y representa el mayor exponente moderno del panteísmo. Llevó al extremo los principios del racionalismo, y dedujo toda su filosofía de la definición de sustancia como aquello que es en sí mismo y se concibe por sí mismo, por lo que sólo podía existir una sustancia, la divina.

La mente humana conoce sólo dos atributos o formas de aparecer de Dios, el pensamiento y la extensión, aunque sus atributos deben ser infinitos. Los individuos son a su vez modos, determinaciones concretas, de los atributos. Este monismo radical resuelve el problema cartesiano de la relación entre pensamiento y extensión, pues son sólo formas de presentarse la sustancia divina, así como el conflicto entre libertad y necesidad, que se identifican desde el punto de vista de Dios, pues es libre como natura naturans (en cuanto causa) y determinado en cuanto natura naturata (en cuanto efecto). Desde el punto de vista del hombre, la libertad individual es una ilusión.

Spinoza destacó tres géneros de conocimiento humano: en el primero, el hombre es esclavo de las pasiones y sólo percibe los efectos o signos e ignora las causas; en el segundo, la razón elabora ideas generales o nociones comunes que permiten a la conciencia acercarse al conocimiento de las causas, y aprende a controlar las pasiones; en el tercer género, el hombre accede a una intuición totalmente desinteresada, pues conoce desde el punto de vista de Dios (sub specie aeternitatis), ajeno a sí mismo como individuo y por tanto sin que le perturben las pasiones individuales. En esta contemplación se identifican lo singular y lo eterno, y se percibe la presencia de todo en todo, intuición en la que se cifra la única felicidad posible.

En el terreno político, Spinoza rechazó el concepto de moral, por considerar que implicaba una desvalorización de lo real en nombre de un ideal trascendente. Todos los seres se guían por el principio de autoconservación, sobre el cual se edifica el Estado como limitación consensual de los derechos individuales. Sin embargo, lo que el individuo busca en el Estado es la conservación propia, por lo que puede revolverse contra él en caso de que no cumpla esta función (Dios crea individuos, no naciones).

En la medida en que la ley limita el poder de cada uno mediante un sistema de recompensas y castigos, la política descansa necesariamente en pasiones tristes (temor, seguridad). La principal preocupación política de Spinoza fue: ¿por qué los hombres combaten por su esclavitud como si se tratara de su libertad? Aunque la democracia es el mejor de los regímenes políticos, pues tiende a sustituir las pasiones tristes por el amor a la libertad y favorece el acceso al estado de razón, sólo se llega al tercer género de conocimiento por la vía individual y privada.

La filosofía de Spinoza generó un importante rechazo en su tiempo, aunque un siglo más tarde sería recuperada y su influencia fue importante no sólo en el terreno de la metafísica, sino entre poetas románticos como Shelley y Wordsworth. Spinoza no perteneció a ninguna escuela, y resulta difícil destacar al nivel que merecen la profunda originalidad y la independencia de su pensamiento.

[4] Uriel da Costa nació en 1585 en Oporto. Sus padres eran judíos conversos. Fue bautizado con el nombre de Gabriel da Costa y educado según la doctrina de la Iglesia católica. Cuando cumplió 21 años retornó al judaísmo siendo aceptado en la comunidad judía de Amsterdam adoptando entonces el nombre de Uriel Acosta. Tras un periodo de controversia con sus compañeros de religión -negaba la inmortalidad del alma y la validez de la religión revelada, es decir, la basada en la revelación, defendiendo por el contrario la religión basada en la razón- fue perseguido por los suyos y, por ellos, públicamente humillado, acusado de ateísmo y expulsado. Su vida se había vuelto insoportable, al final ya no creía en nada. Acosta escribió su autobiografía, Exemplar Humanae Vitae (Un ideal de vida humana, 1687), y después se suicidó. Tuvo una profunda influencia en la obra de Spinoza.

[5] Los judíos de habla griega llamaron Levítico al tercer libro del Pentateuco. Este nombre da una idea bastante adecuada de su contenido, porque el mismo consta casi exclusivamente de las prescripciones rituales que debían poner en práctica los sacerdotes de la tribu de Leví.

La primera parte del Levítico está dedicada al ritual de los sacrificios (caps. 1-7). Luego vienen el ceremonial para la investidura de los sacerdotes (caps. 8-10), y la ley sobre lo puro y lo impuro (caps. 11-15), que concluye con el ritual para el gran Día de la Expiación (cap. 16). Los caps. 17-26 contienen la así llamada “Ley de Santidad”, que se cierra con una serie de bendiciones y maldiciones. A modo de Apéndice, el cap. 27 determina las condiciones para el rescate de las personas, los animales y los bienes consagrados al Señor.

El Levítico pertenece en su totalidad a la tradición “sacerdotal”. De allí su estilo minucioso y preciso, sobrecargado de términos técnicos y de repeticiones. Esta es una característica de todas las legislaciones culturales, que se extienden hasta los más mínimos detalles para asegurar la eficacia de los ritos.

Aunque el Libro recibió su forma definitiva en la comunidad postexílica, algunos de los elementos que lo integran tienen un origen muy antiguo. Las prohibiciones alimenticias (cap. 11) y las reglas relativas a la pureza (caps. 13-15) conservan vestigios de una edad primitiva, cargada de tabúes y concepciones mágicas. El ceremonial del gran Día de la Expiación (cap. 16) yuxtapone a un rito arcaico un concepto muy elevado del pecado.

Como en el resto del Pentateuco, las leyes están encuadradas en un marco narrativo. Pero en el Levítico ese marco es muy simple, y se reduce casi siempre a una fórmula convencional, que hace depender todo el culto israelita de una orden dada por Dios a Moisés en el Sinaí. Así se pone de relieve la relación del culto con la Alianza.

La lectura del Levítico deja casi inevitablemente la impresión de que su contenido pertenece a una cultura lejana y extraña al hombre moderno. Esto es verdad, pero visto en su contexto histórico, el Libro atestigua un sentido muy profundo de la trascendencia divina y de la preocupación por formar un Pueblo santo, consagrado al culto del verdadero Dios en medio de las naciones paganas.

[6] Números es uno de los libros bíblicos del Antiguo Testamento y del Tanaj. Cuarto libro del Pentateuco, que los judíos hebreos llaman wa-yedabber (y habló), según la palabra inicial del libro, o ba-midbar (en el desierto), según la quinta palabra. La Septuaginta le puso el título de Números debido al doble censo del pueblo de Israel que se describe en los capítulos 1–3 y 26. El título En el desierto habla más del contenido del libro, que describe los hechos y experiencias significativas que vivió el pueblo de Israel en la travesía por el desierto de Sinaí hasta llegar a la frontera oriental con la antigua Canaán.

Los hechos que cubre Números abarcan de treinta nueve a cuarenta años de la historia de Israel: de 1445 a.C., cuando levantaron el campamento del monte Sinaí, a 1405 a.C., cuando cruzaron el Jordán para entrar en Canaán.

Fueron años de dura preparación y castigo. Números enseña claramente por qué los israelitas no entraron a poseer la tierra al salir del monte Sinaí. Como dudaron de Dios al atemorizarse ante los informes de los espías que inspeccionaron Canaán, Dios determinó: Todos los que vieron mi gloria y mis señales que he hecho en Egipto y en el desierto, y me han tentado ya diez veces, y no han oído mi voz, no verán la tierra de la cual juré a sus padres; no, ninguno de los que me han irritado la verá (Nm 14.22–23).

La segunda subsección (26–36) narra los preparativos de la segunda generación para entrar en la tierra prometida. Estos comienzan con un nuevo censo (compárese con el cap. 1), el cual revela que toda la primera generación, excepto Josué, Caleb y Moisés, había muerto en el desierto. La sección termina con el reparto de la tierra entre las tribus después de haber entrado a la tierra prometida.

[7] Moisés fue un profeta y legislador de Israel cuyas acciones están descritas en el libro del Éxodo (siglo XIII a. C.?). Sin embargo, dicho libro del Antiguo Testamento está escrito en un registro literario y simbólico que deja en la penumbra la figura histórica de Moisés, rodeándola de milagros, prodigios y leyendas; e incluso existen dudas sobre la existencia real de Moisés, que podría ser un mito.

De haber existido, Moisés sería un personaje de origen desconocido, criado en la corte de los faraones (su nombre es egipcio y la leyenda habla de un niño abandonado y salvado de las aguas del Nilo). Parece ser que, hacia 1230 o 1250 a. C., Moisés se retiró a meditar al Sinaí, donde creyó recibir un mensaje divino que le ordenaba liberar a los judíos refugiados en Egipto y sometidos a duras condiciones de cautiverio. Consiguió unificar a varios clanes hebreos partidarios de regresar a Palestina e iniciar con ellos un largo viaje hacia la Tierra Prometida, huyendo de la persecución del faraón egipcio Ramsés II.

Durante la travesía, Moisés dijo haber recibido varias revelaciones directamente de Dios, con las que dio forma a la religión judía: una alianza entre el único Dios (Yahvé) y el pueblo hebreo, que en adelante se mantendría fiel al monoteísmo fundado por Abraham; y un conjunto de leyes que incluían el culto del Arca de la Alianza, la instauración del clero y mandamientos de orden moral y religioso.

El relato bíblico habla de la deslealtad del pueblo hacia su Dios, que éste castigó haciéndole vagar por el desierto durante cuarenta años, refiriéndose probablemente al periodo de vida nómada al que se vieron obligados los hebreos en el sur de Palestina, mientras iban penetrando progresivamente en el territorio ocupado entonces por los cananeos y asentándose en pueblos sedentarios. Moisés, anciano ya cuando salieron de Egipto, moriría sin haber visto la Tierra Prometida, cuya conquista está representada en la Biblia por Josué.

Moisés no fue sólo el dirigente del éxodo judío hacia Palestina, sino también el autor de los fundamentos de la ley judaica (si bien el contenido de sus leyes no difiere mucho de las que predominaban en el Oriente Medio por aquella época, a excepción del componente monoteísta, que no fue creación de Moisés). La ley está contenida en los cinco libros que forman el Pentateuco y que constituyen la Torá de los judíos (Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio).

La tradición religiosa supone a Moisés autor de los cinco libros, si bien parece probado que no pudo serlo más que en muy pequeña parte y que el grueso de su contenido fue redactado mucho después. En todo caso, su figura es venerada tanto por la religión judía como por cristianos y musulmanes

[8]Disciplina y escuela de pensamiento esotérico relacionada con el judaísmo. Utiliza varios métodos más o menos arbitrarios para analizar sentidos recónditos de la Torá.

En la antigua literatura judaica, la cábala era el cuerpo total de la doctrina recibida, con excepción del Pentateuco. Así pues, incluía a los poetas y los hagiógrafos de las tradiciones orales, incorporadas posteriormente al texto de la Mishná.

Sus textos principales son el Árbol de la Vida, el Talmud de las 10 sefirot, el Zohar y el prefacio de la Sabiduría de la cabalá.

La cábala se subdivide en dogmática (o real) y artificial (o simbólica).

La cábala dogmática explica los sentidos ocultos de ciertas palabras de la Biblia, con aplicación a los fenómenos de la historia de la creación. Es de dos especies:

–          la doctrina de la Merkabá que trata del mundo supralunar (o sea de la teología y la metafísica) y

–          la doctrina de Bereshit, que se ocupa en el mundo sublunar (o sea el de los fenómenos).

En la cábala artificial se prescriben determinadas reglas hermenéuticas para descifrar el sentido oculto de los textos sagrados. Así, para descifrar el sentido oculto de los textos de la Biblia (a los que se considera acompañados de un sentido recóndito) se colocan verticalmente unas encima de otras las palabras de diferentes versículos de la Sagrada Escritura, resultando nuevas palabras de las letras en lectura vertical. Las palabras se disponen en forma de cuadro para poder ser leídas verticalmente o en bustrófedon. Las palabras se juntan totalmente y se las separa de nuevo, etc.

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