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La vid y el vino en las religiones de la Antigüedad en el Mediterráneo: Las liberalias en Roma, el culto a Liber Pater

octubre 19, 2013

 

Las liberalias (o liberales) se celebraban en Roma, en honor de Líber Pater y su mujer  Líbera[1], el 17 de marzo. Según San Agustín (Civ. Dei[2], Libro 7 La teología civil y sus dioses, Capítulo 21[3]), que se basa en información de Varrón[4], en Lavinium, al culto de Liber duraba un mes entero. No tenían carácter orgiástico.

Líber era una de las formas latinas de Baco-Dioniso.  Liber o Líber (el libre, también conocido como Liber Pater), en la mitología romana, era un dios de la fertilidad, la viticultura, el vino y la libertad. Era una deidad patrona de los plebeyos de Roma y fue parte de la Tríada[5] del Aventino[6] junto a Ceres y Libera y ya en el 493 a.C. estaban agrupados en un templo en el Aventino, el Aedes Cereris.  De hecho, una de las procesiones más conocidas en Roma era la de la diosa Ceres, cuya imagen era llevada por los campos para propiciar las buenas cosechas saliendo del templo que acabamos de citar.

 

A Liber se le conoce además como el dios de los vendimiadores, que le rendían culto con sus fiestas de octubre y recibía asimismo inscripciones de dueños de tabernas y de los comerciantes que le pedían que protegiese sus empresas.

 

Existían otras fiestas con una relación mayor que las Liberalia con el vino, en las que también se encontraba presente, en diferente grado, el culto a Liber Pater. Eran fiestas relacionadas con el vino como forma de acercamiento a la divinidad. Se trataba, principalmente, de las Vinalia, priora (23 de abril) y rustica (19 de agosto) y de las Meditrinalia (11 de octubre).

 

Estas fiestas se entroncan con los inicios del consumo y del uso ritual del vino en la sociedad romana arcaica. En lo que se refiere al mundo del vino, el nuevo Baco-Liber Pater estará también presente en las Vínalia pero desempeñará un papel totalmente secundario. Su función se reducía a presidir acciones impuras, en contraste con las puras, consagradas a Júpiter, divinidad que estaba al frente de las fiestas.

 

Mientras que Júpiter era el mayor representante del vino en el mundo romano, era siempre Baco quien protagonizaba la iconografía del mismo. Júpiter controlaba el ritual, su aspecto sagrado, siendo Baco el que asumía el lado profano de su consumo. Es esa iconografía de Baco la que se asimilirará a Liber Pater.

 

Se debe a Roma la específica introducción de Liber en el panteón nacional itálico, formando la tríada de las divinidades agrícolas con Ceres y Libera. De la misma manera que Ceres era la divinidad que proporcionaba los frutos secos, Liber era considerado no sólo el inventor de la viña, sino también el que proporcionaba los frutos húmedos, de ahí su carácter de dios vivificado.

 

La instauración del culto de la tríada en el Aventino se produjo en el año 496 a. C. por A. Postumius, a raíz de una epidemia de peste en Roma y de la consiguiente consulta de los Libros Sibilinos[7]. Esta tríada, terrestre y plebeya, se oponía claramente a la celeste y patricia del Capitolio como ya hemos dicho.

 

Esta nueva tríada agraria Ceres, Liber y Libera encuentra sus paralelos griegos en Démeter, Dioniso y Coré. Liber, al que se denominará posteriormente Liber Pater, se asimilará así a Dioniso/Baco adoptando todos sus rasgos visuales. Por ello, es difícil reconstruir un itinerario completo sobre el nombre del dios, sus atributos principales, las fiestas en  su honor, ceremoniales y ritos propios

 

En el caso de la religiosidad profesada hacia Liber Pater estamos ante uno de los llamados rituales del ámbito productivo y reproductivo. En relación con este ámbito, se celebraban en Roma, desde época antigua, toda una serie de rituales para propiciar la fertilidad del territorio y la continuidad de la sociedad.

 

Su fiesta, Liberalia, llegó a asociarse a la libertad de expresión y los derechos inherentes a la mayoría de edad. Su culto y funciones se asociaron cada vez más con Baco[8], cuyas mitologías llegaron a compartir pero no fue totalmente absorbido.

 

En la época republicana tardía, Cicerón[9] insistiría en la no-identidad de Liber y Dioniso y describía a Liber y Libera, como hijos de Ceres.  Hay autores que han apuntado que Baco se caracterizaría más bien por ser una divinidad oficial y urbana, mientras que en muchos aspectos Liber sería una versión más agrícola y campesina de la misma divinidad, ya que ejercía un papel ligado a la fertilidad de las plantas y de los animales, principalmente, y se aproximaba a Baco ya que favorecía la abundancia de los viñedos.

En cualquier caso, el culto es mucho más primario y gira en torno al simbolismo fecundador del falo. También es cierto que Liber fue asumiendo con el tiempo otros caracteres más complejos.

 

En el caso de Roma y las provincias del Imperio la religiosidad derivada del culto a Liber Pater generó mitos, símbolos y ritos propios, que junto a otros, conducían al conocimiento y acercamiento a realidades metafísicas como fundamento que sostenía la sociedad y guiaba sus normas de convivencia.

 

Liber, al igual que sus compañeros del Aventino, llevaban varios aspectos de sus cultos más antiguos a la religión oficial de Roma. Protegió diversos aspectos de la agricultura y la fertilidad, incluyendo la vid y la semilla blanda de sus uvas, el vino y los vasos del vino, y la fertilidad masculina y la virilidad.

 

A medida que su poder divino fue encarnado en la vid, la uva y el vino, se le ofrecía el primer sagrado prensado de la vendimia, conocido como sacrima.

 

El vino producido bajo el patronazgo de Liber era su regalo a la Humanidad, y por tanto, apto para uso profano (no religioso): podía ser mezclado con vino viejo a efectos de fermentación, y de otro modo, adulterado y diluido según gusto y circunstancias. Para fines religiosos, era ritualmente “impuro” (vinum spurcum).

 

La ley religiosa romana exigía que las libaciones ofrecidas a los dioses en sus cultos oficiales debían ser de vinum inferium, un vino fuerte de una sola añada, también conocido como temetum. Estaba hecho de lo mejor de la cosecha, seleccionado y prensado bajo el patronazgo de la deidad suprema de Roma, Júpiter y ritualmente purificado por su flamen (sacerdote principal). El papel de Liber en la viticultura y vinificación fue así tan complementaria como subordinada al de Júpiter.

 

Liber también personificaba el poder masculino procreador, que se eyaculaba como semilla blanda del semen humano y animal. Igualmente por favorecer la reproducción vegetal, animal y humana sería frecuente la ofrenda en santuarios dedicados al dios de reproducciones de órganos sexuales en su honor, así como la celebración del ritual del culto al falo, para propiciar la fecundidad de la siembra. Es muy probable que muchos de sus devotos fuesen campesinos y es en este ambiente en el que pueden entenderse los amuletos fálicos y demás objetos con la misma alusión a la fertilidad agrícola y en última instancia, humana Sus templos mantenían la imagen de un falo.

 

En Lavinium, éste era el foco principal de su fiesta, de un mes de duración, cuando según San Agustín[10], el miembro deshonroso era puesto en un carro pequeño y llevado en procesión alrededor de los santuarios locales en los cruces de los caminos, y luego, en el foro local para su coronamiento por una honorable matrona. Los ritos debían asegurar el crecimiento de las semillas y repeler cualquier encantamiento malicioso (fascinatus) de los campos.

 

Las fiestas dedicadas a Liber se programaban para el despertar de la primavera y la renovación de la fertilidad en el ciclo agrícola. En Roma, su fiesta anual pública, se portaba por los barrios de Roma (vici) un santuario portátil. Un Liber envejecido, con sacerdotisas coronadas de hiedra que ofrecían pasteles de miel (los liba) para su venta, y ofrecían sacrificios en nombre de aquellos que los habían comprado. se disponían por las vías de la ciudad junto a hornillos haciendo panes para los compradores que quisiesen ofrecérselos al dios: rito con el que después se ha querido relacionar la introducción del trigo en Roma por parte del dios.

 

El descubrimiento de la miel se atribuía a Liber-Baco. Inmersos en la Liberalia, más o menos a nivel ritual, estaban las diversas libertades y derechos vinculados a las ideas romanas de la virilidad como fuerza divina y natural.

 

Los jóvenes celebraban su mayoría de edad, cortaban y dedicaban su primera barba a los Lares[11] de su hogar y los ciudadanos llevaban su primera toga virilis, la toga principal, que Ovidio[12], tal vez a modo de etimología poética, llama toga libera (la toga de Liber o la toga de la libertad). Estos nuevos ciudadanos inscribían su ciudadanía en el foro y eran entonces libres para votar, para salir de la domus (casa) de su padre, para elegir una pareja para casarse y, gracias a la dotación de la virilidad de Liber , padre de sus propios hijos.

 

Este acto se entendía desde la convicción de que el hombre, en esos momentos de cambio, no puede actuar solo, sino que necesita el apoyo y la compañía de fuerzas superiores. Son momentos de crisis en los que se manifiesta la debilidad humana y la fortaleza de la realidad divina. El acceso a la pubertad representaba un paso importante en la vida porque el joven se convertía en apto para perpetuar la especie. Además, el hombre al entrar en la edad considerada adulta, pasaba a ser capaz de cumplir los deberes que le marcaban la familia y el Estado.

 

El mismo día el adolescente se quitaba la bulla, colgante metálico o de cuero que había llevado durante su infancia, y, a continuación, la consagraba a los dioses Lares o a Hércules. Después, como ya hemos indicado, vestían por primera vez la toga viril y ofrecían una moneda a la diosa luventus, divinidad protectora de la juventud.

 

Entonces se producía la deductio in forum, ceremonia en la que el hijo era conducido por su padre hasta este lugar para presentarlo en sociedad y, sobre todo, para inscribirlo en la tribu correspondiente, de manera que fuera apto para ser llamado a filas cuando se considerara oportuno. Una vez en el foro, el joven efectuaba un sacrificio en honor de Liber.

 

Ovidio también hace hincapié en las libertades menos formales y los derechos de la Liberalia, pues Liber era, después de todo, un dios del vino. Desde su lugar de exilio, donde fue enviado por un delito no identificado contra Augusto, teniendo que ver con la libertad de expresión, Ovidio lamentaba el compañerismo perdido de sus amigos poetas, que aparentemente veían la Liberalia como una oportunidad para hablar sin inhibiciones.

 

Augusto[13] cortejó con éxito a la plebe, apoyando sus deidades patronas y comenzando la restauración del templo de la Tríada del Aventino, que fue rededicada por su sucesor, Tiberio[14].

Sin embargo, no ha quedado rastro, y sólo algunos registros históricos y epigráficos dan algunos detalles para sugerir su ubicación exacta. Plinio el Viejo[15] describe su estilo y diseño como griego, lo que puede ser una prueba más de la larga tradición y conexiones culturales de los plebeyos con la Magna Grecia, hasta bien entrada la era Imperial, cuando Liber es encontrado en alguno del triple aspecto de agrupamiento complementario de deidades del culto imperial, como figura salvadora, como Hércules y como el propio Emperador.

 

Septimio Severo[16] inauguró su reinado y dinastía con juegos en honor de Liber / Shadrapa[17] y Hércules/ Melqart[18], las deidades-héroes romanizadas fundadoras de su ciudad natal, Leptis Magna (Norte de África) y luego se les construyó un enorme templo y un arco en Roma.

 

Más tarde, Liber Pater es una de las muchas deidades citadas por el erudito y profundamente religioso senador Vettio Agorio Pretestato[19] (c. 315 a 384).

 

Un santuario de la comunidad báquica dedicado a Liber Pater se estableció en Cosa (en la actual Toscana), probablemente durante el siglo IV. Se mantuvo en uso aparentemente por décadas después de los edictos de Teodosio[20] del 391 y 392, ilegalizando el paganismo. Su abandono, o tal vez, su destrucción por cristianos integristas, fue tan brusco que gran parte de la parafernalia de su culto sobrevivió prácticamente intacta debajo del edificio colapsado.

 

Aunque, sin embargo, en el Segundo Concilio de Constantinopla, en el 691 d. C., exactamente tres siglos después de que Teodosio clausurase los templos, hubo de dictarse un canon prohibiendo expresamente los gritos de Dioniso/Baco  entre quienes pisaban la uva, que seguían usando máscara, recomendándose en su lugar el Kyrie Eleison.[21]


[1] Libera es una diosa de la fertilidad en la Religión de la antigua Roma. Sus orígenes se desconocen, aunque se cree que pudo haber sido una diosa de la fertilidad de los arcaicos o pre-romanos de Magna Grecia. Su nombre en latín es el femenino de Liber, (libre, o en un contexto de culto, La libre). No se sabe bien cuando pasó a convertirse en la compañera femenina de Liber, también conocido como Liber Pater (El Padre libre), un dios de la fertilidad y guardián de las libertades de la plebe. De esta manera, ella entra la historia Romana como triada de culto acompañando a Ceres y Liber en un templo construido sobre el monte Aventino

[2] La ciudad de Dios, cuyo título original en latín es De civitate Dei contra paganos, es decir La ciudad de Dios contra los paganos, es una obra en 22 libros de Agustín de Hipona que fue escrita durante su vejez y a lo largo de quince años, entre el 412 y el 426. Es una apología del Cristianismo, en la que se confronta la Ciudad Celestial a la Ciudad Pagana. Las numerosas digresiones permiten al autor tratar temas de muy diversa índole, como la naturaleza de Dios, el martirio o el judaísmo, el origen y la sustancialidad del bien y del mal, el pecado y la culpa, la muerte, el derecho y la ley, la contingencia y la necesidad, el tiempo y el espacio, la Providencia, el destino y la historia, entre otros muchos temas.

[3] [XXI] Torpeza de los sacrificios celebrados en honor de Libero. Los misterios de Libero, a quien hicieron presidir las semillas líquidas y, por tanto, no sólo los licores de los frutos, de entre los cuales ocupa el primer lugar, en cierto modo, el vino, sino también los sémenes de los animales; ruborízame decir a cuánta torpeza llegaron, y ruborízame por la prolijidad del discurso, pero no por su arrogante enervamiento. Entre las cosas que me veo precisado a silenciar, porque son muchas, una es ésta: En las encrucijadas de Italia se celebraban los misterios de Libero -dice Varrón-, y con tal libertinaje y torpeza, que en su honor se reverenciaban las vergüenzas de los hombres. Y esto se hacía no en privado, donde fuera más verecundo, sino en público, triunfando así la carnal torpeza.

Este impúdico miembro, durante las festividades de Libero, era colocado con grande honor en carrozas y paseado primeramente del campo a las encrucijadas y luego hasta la ciudad.

En la villa llamada Lavinio se dedicaba todo un mes a festejar a Libero. En estos días usaban todas las palabras más indecorosas, hasta que aquel miembro, en procesión por las calles, reposaba por fin en su lugar. A este miembro deshonesto era preciso que una honestísima madre de familia le impusiera públicamente la corona. De esta suerte debía amansarse al dios Libero para el mayor rendimiento de las cosechas. Así debía repelerse el hechizo de los campos, a fin de que la matrona se viera obligada a hacer en público lo que ni la meretriz, si fueran espectadoras las matronas, debió permitirse en las tablas. Sólo una razón fundó la creencia de que Saturno no era suficiente para las semillas. Esta era el que el alma inmunda hallara ocasión para multiplicar sus dioses, y privada, en premio de su inmundicia, del único y verdadero Dios y prostituida por muchos y falsos dioses, ávida de una mayor inmundicia, llamara a estos sacrilegios sacramentos y a sí misma se entregara a la canalla de sucios demonios para ser violada y mancillada.

[4] Marco Terencio Varrón.  (Reate [actual Rieti], 116-27 a. C.) Erudito, escritor y poeta satírico latino. La formación literaria y filosófica que recibió le permitió adquirir una vasta cultura y una diversidad de intereses que han llevado a considerarle el primer gran enciclopedista latino. Su obra ejerció gran influencia antes y después de la fundación del Imperio romano y en épocas posteriores, en particular sobre eruditos y padres de la Iglesia. San Agustín manifestó su admiración respecto a la considerable producción del autor: “Es tal el número de libros leídos por Varrón que no se comprende cómo haya podido quedarle el tiempo necesario para la composición de los suyos; por otra parte, ha escrito tantos que mal puede entenderse cómo pudiera leer tal cantidad”.

Varrón desempeñó varios cargos públicos y a partir del 77 a.C. hizo carrera siguiendo la estela de Pompeyo el Grande. Conservador de profundas convicciones, se había convertido pronto en amigo y partidario de Pompeyo, y, así, participó en las campañas contra Sertorio y los piratas. Al estallar la guerra civil, Varrón era legado de Pompeyo en la Hispania Bética; pronto, sin embargo, debió de entablar negociaciones con Julio César, entregarle su propio ejército, entonces ya en disolución, y retirarse poco después a la vida privada.

En 47 dedicó al futuro dictador, entonces pontífice máximo, la segunda parte (Rerum divinarum) de las Antigüedades; ello supone un signo evidente de aproximación. César, en recompensa del homenaje, le confirió un apreciado encargo: la organización de la proyectada biblioteca de Roma, inspirada en el modelo de la de Alejandría. Durante el segundo triunvirato fue proscrito por Marco Antonio y sus libros fueron quemados. Posteriormente Octavio Augusto le devolvió sus propiedades y pasó el resto de su vida dedicado al estudio y la escritura.

Es autor de 74 obras que abarcan una amplia gama de asuntos: escritos gramaticales, enciclopédicos, histórico-literarios, histórico-geográficos, retóricos y jurídicos, además de sátiras, poemas, oraciones y cartas. La única obra que se conserva completa es Sobre la agricultura, un tratado en tres libros, escrito ya en su vejez. De los 25 libros originales de Sobre la lengua latina, obra dedicada a Cicerón, se conservan sólo, y con considerables lagunas, los libros del V al X. Esta obra no sólo tiene interés como trabajo lingüístico, sino también como fuente de valiosa información sobre diversos asuntos.

De los 150 libros de las Sátiras Menipeas, se conservan unos noventa títulos y casi seiscientos fragmentos. Estas piezas de corte satírico, compuestas en prosa y verso a la manera del filósofo cínico del siglo III a.C. Menipo de Gadara, presentan una extensa variedad de contenido y formas que van desde la parodia a la discusión filosófica, pasando por el aforismo, la fantasía y el boceto. Varrón se burló en ellas, en clave ético-didascálica, del absurdo y necedad de su tiempo.

Las Antigüedades, su obra principal, fue un gran trabajo histórico, fruto de una larga actividad de investigador que recogió la historia de las ruinas y monumentos. Educación, de carácter enciclopédico, trata de gramática, retórica, dialéctica, geometría, aritmética, astronomía, música, medicina y arquitectura. A un diccionario biográfico ilustrado corresponden los Imaginación libro décimo quinto, una galería de perfiles biográficos de setecientas ilustres figuras griegas y romanas, con el retrato de cada uno y un breve elogio en verso.

[5] Tríada es un conjunto de tres elementos especialmente vinculados entre sí. La expresión de tal vínculo triádico refleja la existencia de una peculiar estructura de pensamiento que agrupa de tres en tres los conceptos (filosóficos, religiosos -especialmente los dioses de ciertas mitologías-, políticos, culturales, etc.) Se da incluso en la forma habitual de establecer cualquier estructura, división o periodización (inferior-medio-superior), como en la estructura tradicional del discurso y de las obras literarias (planteamiento-nudo-desenlace); y se perpetúa mediante la enseñanza, ámbito en el que se utiliza ampliamente como recurso por su obvia función mnemotécnica.

En el ámbito de la filosofía y el pensamiento, la denominada tríada indoeuropea (muy a menudo en plural: tríadas indoeuropeas) fue identificada por Georges Dumézil (deidades triples o hipótesis trifuncional). La identificación con lo indoeuropeo supone la contraposición de esta forma de organizar los conceptos en tríadas, que sería propia de los pueblos occidentales y de la India, frente a otra forma que sería propia del pensamiento oriental (por ejemplo, yin y yang).

Las tríadas de dioses consisten el ejemplo principal de agrupaciones triádicas, permitiendo un reparto de funciones cosmológicas (creación-destrucción-conservación) que caracteriza muchas mitologías. Su extensión no se limitó a los pueblos indoeuropeos.

[6] La tríada del Aventino (también llamada tríada plebeya o la tríada agrícola) es un término moderno  usado para designar el culto conjunto de los dioses romanos Ceres, Liber y Libera. El culto fue establecido hacia el 493 a.C. dentro de un recinto sagrado (templum) situado en o cerca de la colina
del Aventino, asociada tradicionalmente a los plebeyos romanos. Se han descrito el templo y los ritos como de estilo griego. Algunos historiadores modernos describen la tríada del Aventino como antítesis paralela y de afirmación plebeya frente a la Tríada arcaica Capitolina de Júpiter, Marte y Quirino y a la Tríada Capitolina más moderna formada por Júpiter, Minerva y Juno. La tríada del Aventino, el templo y el ludi asociado (los juegos y obras de teatro) sirvieron como foco de la identidad plebeya, a veces en oposición a la élite gobernante de Roma, los patricios

[7] Los libros sibilinos eran unos libros mitológicos y proféticos de la antigua Roma.

La sibila de Cumas se presentó en cierta ocasión ante el rey romano Lucio Tarquinio el Soberbio como una mujer muy anciana y le ofreció nueve libros proféticos a un precio extremadamente alto. Tarquinio se negó pensando en conseguirlos más baratos y entonces la sibila destruyó tres de los libros. A continuación le ofreció los seis restantes al mismo precio que al principio; Tarquinio se negó de nuevo y ella destruyó otros tres. Ante el temor de que desaparecieran todos, el rey aceptó comprar los tres últimos pero pagó por ellos el precio que la sibila había pedido por los nueve.

Estos tres libros fueron guardados en el templo de Júpiter en la ciudad de Roma y eran consultados en situaciones muy especiales. Son los llamados Libros sibilinos. Estaban escritos en griego, en hojas de palmera, que posteriormente pasaron a papiro.

Los romanos del siglo II a. C., en tiempos de la República, apreciaban mucho estos libros y los guardaban en un colegio formado por 10 sacerdotes menores llamados decen viri sacris faciundis. En situaciones de crisis los consultaban para ver si había una profecía que pudiera aplicarse a la situación del momento.

En el año 83 a. C. el fuego destruyó los Libros sibilinos originales y hubo que formar una nueva colección para lo que el Senado envió a Troya, Samos, Eritrea y otras partes a recoger los libros sibilinos que pudieran encontrarse y Augusto mandó encerrarlos en dos arcas. Estos libros tampoco han llegado hasta nuestros días porque en el año 405 el general romano Estilicón ordenó su destrucción debido a que los libros profetizaban que él pretendía tomar el poder.

Parece que Cicerón pudo leer los libros sibilinos pues dice que estaban trabajados y escritos con arte y diligencia y que eran acrósticos. San Agustín en su Ciudad de Dios, libro XVIII, cap. 23 habla de un acróstico de la sibila eritrea cuyas letras iniciales formaban este sentido: Ιησούς Χριστός, Υιός του Θεού, Σωτήρας, Jesucristo hijo de Dios, salvador

[8] Se conoce muy poco de los cultos, oficiales o no, de Liber desde la primera a la media época republicana. Sus elementos dionisíacos o báquicos parecen haber sido considerado como tolerablemente antiguos, de cosecha propia y manejables por las autoridades romanas hasta el 186 a. C., poco después del final de la Segunda Guerra Púnica. Tito Livio, escribió 200 años después del evento, una descripción muy teatral de la introducción de las Bacchanalia por parte de un adivino extranjero, un “griego de media condición… una persona que se dedicaba a los sacrificios”. El culto se extiende en secreto, “como una plaga”. Las clases más bajas, plebeyos, mujeres, jóvenes, débiles moralmente y hombres afeminados son particularmente susceptibles: estas personas tienen leuitas animi (mentes volubles o sin educación), pero incluso la élite romana no es inmune. Las sacerdotisas de las Bacanales instan a su engañada manada a romper todas los límites sociales y sexuales, incluso a asesinatos rituales de aquellos que se les oponen o traicionan sus secretos: pero un sirviente leal lo revela todo a un asombrado Senado, cuyo rápido pensamiento, acciones sabias y piedad salvan a Roma de la cólera divina y el desastre, que de otro modo habría sufrido. La dramatis personae de Livio, sus florituras estilísticas y tropos probablemente dibujan más una representación satírica romana que la propia Bacanal.

Los cultos de las Bacchanalia pudieron haber desafiado a los valores tradicionales, oficiales y morales de Roma, pero se practicaron en la Italia romana durante varias décadas antes de su supuesta revelación, y probablemente no fuesen más secretos que cualquier otro culto mistérico. Sin embargo, la legislación en su contra, el Senatus consultum de Bacchanalibus del 186 a. C., se enmarcó como respuesta a una inesperada y grave emergencia nacional y religiosa, y su ejecución no tiene precedentes en cuanto a rigor, amplitud y ferocidad.

[9] Marco Tulio Cicerón (Arpino, actual Italia, 106 a.C.-Formies, id., 43 a.C.) Orador, político y filósofo latino. Perteneciente a una familia plebeya de rango ecuestre, desde muy joven se trasladó a Roma, donde asistió a lecciones de famosos oradores y jurisconsultos y, finalizada la guerra civil (82 a.C.), inició su carrera de abogado, para convertirse pronto en uno de los más famosos de Roma.

Posteriormente, se embarcó rumbo a Grecia con el objetivo de continuar su formación filosófica y política. Abierto a todas las tendencias, fue discípulo del epicúreo Fedro y del estoico Diodoto, siguió lecciones en la Academia y fue a encontrar a Rodas al maestro de la oratoria, Molón de Rodas, y al estoico Posidonio.

De vuelta en Roma, prosiguió su carrera política, y en el lapso de trece años consiguió las más altas distinciones. Empezó como cuestor en Sicilia en el 76 a.C., y en el 70 a.C. aceptó defender a los sicilianos oprimidos por el antiguo magistrado Verres, para quien sus alegatos (Verrinaes) supusieron la condena, lo cual lo hizo muy popular entre la plebe y contribuyó a consolidar su fama de abogado.

Decidido partidario del republicanismo, admitía la necesidad de un hombre fuerte para dotar de estabilidad al Estado, figura que reconocía en Pompeyo; sus simpatías por él, sin embargo, no fueron siempre correspondidas.

Su carrera política fue fulgurante: en un año fue elegido edil, en el 66 a.C. pretor, cargo desde el que propulsó un acercamiento entre caballeros y senadores (concordia ordinum), y dos años después obtuvo la elección de cónsul del Senado. Desde esta posición, hizo fracasar la reforma agraria propuesta por Rullo, hizo frente a los populares, liderados por Craso y César, y llevó a cabo una de las batallas más dramáticas y peligrosas de su carrera: su oposición a la conspiración de Catilina.

Derrotado en las elecciones, éste se disponía a promover levantamientos para instaurar una dictadura. Los cuatro discursos (Catilinarias) pronunciados por Cicerón ante el Senado a fin de conseguir la ejecución de los conspiradores constituyen la muestra más célebre de su brillante oratoria, de gran poder emotivo. Sin embargo, su actuación acabó por significarle el exilio años más tarde, cuando Clodio, elegido tribuno de la plebe (58 a.C.) gracias a César, consiguió el reconocimiento de una ley que sancionaba con la pena de muerte a todo ciudadano romano que hubiera hecho ejecutar a otro sin el previo consentimiento del pueblo.

Tras buscar, sin éxito, el apoyo de Pompeyo, Cicerón marchó al exilio. Regresó a Roma apenas un año y medio más tarde, pero para entonces su carrera política estaba prácticamente acabada, situación que pareció hacerse definitiva con la dictadura de Julio César (48-44 a.C.). Sólo cuando éste fue asesinado, Cicerón volvió a la escena política para promover la restauración del régimen republicano. En un principio, mientras Marco Antonio aún no se había afianzado en el cargo, gozó de cierto poder y consiguió la amnistía para los asesinos de César, pero apenas aquél se sintió seguro, Cicerón se encontró con una fuerte resistencia, a la que hizo frente verbalmente con las Catorce Filípicas.

En vano intentó entonces aliarse con Octavio Augusto, hijo de César, contra Marco Antonio: tras la batalla de Módena, Octavio se reconcilió con Marco Antonio y unió sus fuerzas con las de éste y con el ejército de Lépido para la formación del segundo triunvirato (43 a.C.). Ese mismo año, Cicerón fue apresado y ejecutado.

Formado en las principales escuelas filosóficas de su tiempo, mostró siempre una actitud antidogmática y recogió aspectos de las diversas corrientes. La originalidad de sus obras filosóficas es escasa, aunque con sus sincréticas exposiciones se convirtió en un elemento crucial para la transmisión del pensamiento griego. Al final de su De Republica contrasta su probabilismo con una exaltación religiosa de signo neoplatónico. Como literato, se convirtió en el modelo de la prosa latina clásica, con un estilo equilibrado y de largos y complejos períodos, aunque perfectamente enlazados (De divinatione).

[10] San Agustín  (Aurelius Augustinus o Aurelio Agustín de Hipona; Tagaste, hoy Suq Ahras, actual Argelia, 354 – Hipona, id., 430) Teólogo latino. Hijo de un pagano, Patricio, y de una cristiana, Mónica, San Agustín inició su formación en su ciudad natal y estudió retórica en Madauro.

Su primera lectura de las Escrituras le decepcionó y acentuó su desconfianza hacia una fe impuesta y no fundada en la razón. Su preocupación por el problema del mal, que lo acompañaría toda su vida, fue determinante en su adhesión al maniqueísmo. Dedicado a la difusión de esa doctrina, profesó la elocuencia en Cartago (374-383), Roma (383) y Milán (384).

La lectura de los neoplatónicos, probablemente de Plotino, debilitó las convicciones maniqueístas de San Agustín y modificó su concepción de la esencia divina y de la naturaleza del mal. A partir de la idea de que Dios es luz, sustancia espiritual de la que todo depende y que no depende de nada, comprendió que las cosas, estando necesariamente subordinadas a Dios, derivan todo su ser de Él, de manera que el mal sólo puede ser entendido como pérdida de un bien, como ausencia o no-ser, en ningún caso como sustancia.

La convicción de haber recibido una señal divina lo decidió a retirarse con su madre, su hijo y sus discípulos a la casa de su amigo Verecundo, en Lombardía, donde San Agustín escribió sus primeras obras. En 387 se hizo bautizar por san Ambrosio y se consagró definitivamente al servicio de Dios. En Roma vivió un éxtasis compartido con su madre, Mónica, que murió poco después.

En 388 regresó definitivamente a África. En el 391 fue ordenado sacerdote en Hipona por el anciano obispo Valerio, quien le encomendó la misión de predicar entre los fieles la palabra de Dios, tarea que San Agustín cumplió con fervor y le valió gran renombre; al propio tiempo, sostenía enconado combate contra las herejías y los cismas que amenazaban a la ortodoxia católica, reflejado en las controversias que mantuvo con maniqueos, pelagianos, donatistas y paganos.

Tras la muerte de Valerio, hacia finales del 395, San Agustín fue nombrado obispo de Hipona. Dedicó numerosos sermones a la instrucción de su pueblo, escribió sus célebres Cartas a amigos, adversarios, extranjeros, fieles y paganos, y ejerció a la vez de pastor, administrador, orador y juez.

Al caer Roma en manos de los godos de Alarico (410), se acusó al cristianismo de ser responsable de las desgracias del Imperio, lo que suscitó una encendida respuesta de San Agustín, recogida en La Ciudad de Dios, que contiene una verdadera filosofía de la historia cristiana.

Durante los últimos años de su vida asistió a las invasiones bárbaras del norte de África (iniciadas en el 429), a las que no escapó su ciudad episcopal. Al tercer mes del asedio de Hipona, cayó enfermo y murió.

El tema central del pensamiento de San Agustín es la relación del alma, perdida por el pecado y salvada por la gracia divina, con Dios, relación en la que el mundo exterior no cumple otra función que la de mediador entre ambas partes. De ahí su carácter esencialmente espiritualista, frente a la tendencia cosmológica de la filosofía griega. La obra del santo se plantea como un largo y ardiente diálogo entre la criatura y su Creador, esquema que desarrollan explícitamente sus Confesiones (400).

Si bien el encuentro del hombre con Dios se produce en la charitas (amor), Dios es concebido como verdad, en la línea del idealismo platónico. Sólo situándose en el seno de esa verdad, es decir, al realizar el movimiento de lo finito hacia lo infinito, puede el hombre acercarse a su propia esencia.

Pero su visión pesimista del hombre contribuyó a reforzar el papel que, a sus ojos, desempeña la gracia divina, por encima del que tiene la libertad humana, en la salvación del alma. Este problema es el que más controversias ha suscitado, pues entronca con la cuestión de la predestinación, y la postura de San Agustín contiene en este punto algunos equívocos.

Los grandes temas agustinianos –conocimiento y amor, memoria y presencia, sabiduría– dominaron toda la teología cristiana hasta la escolástica tomista. Lutero recuperó, transformándola, su visión pesimista del hombre pecador, y los jansenistas, por su parte, se inspiraron muy a menudo en el Augustinus, libro en cuyas páginas se resumían las principales tesis del filósofo de Hipona.

[11] Los lares eran deidades romanas hijos de la náyade (ninfa) Lara y el dios Mercurio cuyo origen se encuentra en los cultos etruscos a los dioses familiares.

La religión de la antigua Roma presentaba dos vertientes: por un lado, los cultos públicos o estatales y, por otro, los cultos privados o domésticos. Dentro de esta segunda vertiente se sitúa la adoración de los llamados dii familiaris o dioses de la familia. Entre estos se encuentran los lares loci, cuya función primordial era velar por el territorio en que se encontraba la casa familiar. Tanto es así, que antes de que la propiedad privada fuese regulada por el derecho, eran los dioses lares los encargados de evitar que los extraños se adentrasen en tierras ajenas mediante, según la creencia popular, la amenaza de enfermedades que podían llegar a ser mortales.

Las familias romanas sentían una gran veneración por los lares, que representaban en forma de pequeñas estatuas. Éstas se colocaban tanto dentro como fuera de la casa en pequeños altares llamados lararia, donde se realizaban ofrendas o se les rendía oración. En la casas, el larario solía situarse en el atrio, lo más cerca posible de la puerta principal. En el caso de los apartamentos, el lararium se colocaba cerca de la cocina, aunque en una misma casa podían existir varios y no era extraño que se encontrasen en los dormitorios. Lo que era importante, sin embargo, es que no estuviesen en lugares poco transitados o escondidos, con el fin de que no fuesen ignorados u olvidados.

En los primeros tiempos romanos cada casa tenía al menos una estatuilla, más adelante surge cierta confusión entre éstas y las de los manes, almas de los antepasados muertos.

Si bien el culto a los lares ha desaparecido, todavía pueden observarse algunos vestigios en ciertas costumbres o tradiciones aparentemente cristianas.

Mientras el Cristianismo fue perseguido y hasta castigado con la muerte existió una clara distinción entre éste y el mundo pagano. Con el Edicto de Milán, promulgado por Constantino I el Grande en 313 d. C., se admitió al cristianismo entre las religiones lícitas con una visión tolerante hacia el paganismo y otras formas de elección de conciencia. Pero, a partir de Teodosio I el Grande , comenzó un ataque abierto contra la antigua religión, muy arraigada aún entre el pueblo. Obligados a profesar una única religión oficial, muchas personas continuaron con sus prácticas anteriores, pero dándoles un tinte “cristiano”. De esta forma el larario mantuvo su posición cercana a la puerta de entrada, pero conteniendo una imagen de Jesús, de un santo o hasta de la Virgen. Los lares urbanos fueron cambiados por los santos patronos, el lar personal o genio por el ángel de la guarda y así por el estilo. Es un ejemplo interesante de cómo interactúan dos culturas diferentes cuando se relacionan entre sí o una de ellas desplaza a la otra

[12] Ovidio  (Publio Ovidio Nasón,  Sulmona, actual Italia, 43 a.C.-Tomis, hoy Constanza, actual Rumania, 17 d.C.) Poeta latino. Educado en las artes de la política, estudió en Roma y completó su formación en diversas ciudades del mundo griego, pero pronto abandonó la política para dedicarse por entero a la poesía, convertido en un hombre adinerado tras heredar la hacienda de su padre.

Tuvo numerosas amantes, y se casó tres veces (con dos divorcios), y algunas de sus peripecias amorosas aportaron el material poético para sus Amores, una serie de poemas que narran los incidentes de sus relaciones con Corina, personaje en el que seguramente condensó diversas figuras femeninas.

Ovidio perteneció a una serie de poetas que no conocieron las guerras civiles que asolaron Roma durante el siglo I a. C. Los antiguos poetas augusteos, como Virgilio y Horacio, con sus valores patrióticos y su estética clasicista, estaban ya muy lejos de la generación de Ovidio, heredero de la estética helenística que representa el gusto por la erudición y por la despreocupación política y social.

En Roma, donde residió hasta los cincuenta años de edad, se relacionó con la más alta sociedad, incluido el emperador Augusto. Sin embargo, en el año 8 d. C. cayó en desgracia y fue desterrado hasta su muerte en Tomis, en el Ponto Euxino, cerca del Mar Negro, sin que se sepa cuál fue exactamente el motivo; el propio Ovidio supone que se debió al tono libertino de algunas de sus obras, que se habría interpretado como un ataque a la política de reforma moral y a la estética del emperador Augusto, quien llegó a castigar el adulterio como si fuese una ofensa contra el Estado o la religión, incluso más allá de la propia tradición romana. Sin embargo, estas obras circulaban desde hacía tiempo, por lo que se ha especulado también con la posibilidad de que el poeta conociera un escándalo en el que estaba implicada la hija del emperador.

En su primera etapa, la poesía de Ovidio tiene un tono desenfadado y gira alrededor del tema del amor y el erotismo. Amores, Arte de amar, considerada por algunos su obra maestra, y Remedios de amor destacan por la maestría técnica en el manejo del dístico elegíaco y la facilidad brillante y a veces pintoresca del verso. El propósito didáctico, los consejos y ejemplos sobre cómo seducir a las mujeres y relacionarse con ellas, se mezcla en estas obras con la anécdota burlesca y un costumbrismo teñido de sátira; a los ojos modernos, más que de amor se trata de erotismo, o incluso de un simple repertorio de anécdotas picantes, aunque debe tenerse en cuenta que lo que en la Antigüedad se entendía por amor se acerca más a lo que hoy llamaríamos erotismo. Por ello, cuando estas obras influyan en el amor cortés trovadoresco (siglo XII), las diferencias serán también notorias.

A la obra de madurez del poeta corresponden Las metamorfosis, extenso poema en hexámetros que recoge diversas historias y leyendas mitológicas sobre el tema de las metamorfosis o transformaciones. Se trata de un poema escrito con la voluntad de competir con Virgilio, aunque a la solemnidad de la Eneida opone Ovidio el guiño, la broma y el refinamiento, y a la épica armónica y ática del excelso Virgilio, la variedad pasional y helenística.

Durante la Edad Media y el Renacimiento, la obra circuló casi como una enciclopedia sobre mitología clásica. Las obras compuestas durante el tiempo de exilio se caracterizan por la melancolía; destacan los Tristes, cinco libros de elegías que relatan su infeliz existencia en Tomis y apelan a la clemencia del emperador Augusto.

[13] Octavio Augusto  (Cayo Julio César Octavio) Primer emperador romano (?, 63 a. C. – Nola, Nápoles, 14 d. C.). Procedía de una rica familia del orden ecuestre de Veletri (su abuelo fue banquero y su padre, pretor de Macedonia). Por parte de madre era sobrino-nieto de Julio César, el cual le adoptó en el 45 a. C. y le designó su heredero.

Tras la muerte de César (44), entabló la lucha contra el que había sido su lugarteniente, Marco Antonio; para ello contó con el apoyo de Cicerón y de los republicanos del Senado, que esperaban dividir a los cesaristas enfrentándoles entre sí; también contó con el apoyo de los grandes financieros (como Mecenas), lo que le permitió costearse un ejército propio.

Tras derrotar a Marco Antonio en la batalla de Módena, exigió del Senado el nombramiento de cónsul; rechazado por su juventud (tenía sólo 20 años), marchó sobre Roma y tomó el poder sin combatir, ya que las legiones enviadas contra él prefirieron apoyarle.

Desde el año 43 a. C., pues, Octavio Augusto fue cónsul y se hizo otorgar poderes extraordinarios. Enfrentado a las resistencia de los republicanos Bruto y Casio, fuertes en Oriente, Octavio decidió aliarse con sus antiguos enemigos Marco Antonio y Lépido (entrevista de Bolonia, 43) y formar con ellos un triunvirato. Comenzó entonces la persecución de los republicanos (en la cual murió Cicerón), que culminó en la batalla de Filippi en Macedonia (42).

Marginado Lépido, Octavio se repartió el poder de hecho con Marco Antonio, dejando a este último la zona oriental, mientras él permanecía en Roma y controlaba la parte occidental. El enfrentamiento entre ambos condujo a la Guerra de Perugia (41), en la que el jefe militar de Octavio Augusto, Agripa, derrotó a los antonianos. La conferencia de Brindisi (40) estableció un nuevo reparto de zonas de influencia entre los triunviros: Octavio dominaba en Occidente; Marco Antonio en un Oriente restringido, que alcanzaba sólo hasta el río Drin (en Albania); Lépido en África; e Italia se consideraba neutralizada bajo el dominio conjunto de los triunviros. El matrimonio entre la hermana de Octavio y Antonio selló la paz, que se mantuvo durante cuatro años.

Además, en el 39 Sexto Pompeyo recibió Sicilia, Cerdeña, Córcega y Acaya, con el compromiso de mantener a Roma abastecida de grano; pero en el 36 Octavio hubo de enfrentarse a Sexto Pompeyo, a quien derrotó en la batalla de Nauloque (Sicilia). El gobierno de Octavio Augusto se hizo popular en Occidente en virtud de su impulso a la agricultura y de la integración de las provincias con Roma.

Mientras tanto, Marco Antonio había sucumbido a la influencia de Cleopatra VII de Egipto y practicaba una política orientalizante, poco propicia a los intereses romanos; Octavio explotó en su favor esta circunstancia, declarando la guerra a Cleopatra en el 32 («Guerra Ptolemaica»). Tras la victoria naval de Actium (31), entró en Alejandría, donde Marco Antonio y Cleopatra se suicidaron (30). Con la anexión de Egipto, Octavio dio a Roma el control sobre todo el Mediterráneo.

Aprovechando su prestigio, Octavio transformó el régimen político de la República romana en una especie de monarquía que recibe los nombres de Principado o Imperio; el nuevo régimen consistía en un equilibrio de poder entre el Senado y el pueblo romano, por un lado, y el emperador y su casa, por otro.

Inicialmente, se hizo renovar cada año el mandato como cónsul en solitario, al cual fue añadiendo nuevos títulos que reafirmaron su poder; princeps senatus (el primero de los senadores) en el 28 a. C.; augustus (título religioso que reflejaba su misión divina) e imperator proconsulare de Galia, Hispania y Siria (lo que le otorgaba el mando militar) en el 27; tribuno vitalicio (con poder de veto sobre las decisiones de los magistrados) en el 23; cónsul vitalicio y prefecto de las costumbres en el 19; gran pontífice (jefe religioso del Imperio) en el 12; y «padre de la patria» en el año 2 a. C.

Si bien rechazó su divinización en vida, Octavio Augusto aprovechó en su favor el culto de los genios, fomentando un culto al emperador que se convirtió en un vínculo adicional entre los habitantes del Imperio. Paralelamente, reformó las instituciones romanas, adaptándolas a la necesidad de gestionar un Imperio tan extenso: creó el Consejo del Príncipe, órgano de gobierno integrado por hombres de su confianza (Agripa, Mecenas.); dividió las provincias en senatoriales (confiadas a un gobernador sin mando militar nombrado por el Senado) e imperiales (gobernadas por un legado del emperador); reorganizó la fiscalidad, sometiéndola a su gestión directa y haciéndola menos gravosa; protegió el culto; favoreció al orden ecuestre frente a la aristocracia senatorial; aseguró los límites del Imperio frente a los partos y a los germanos; y continuó la expansión en la zona del Danubio y el mar Negro. Entre las debilidades de su poder destaca el no tener sucesor (no tuvo hijos varones de sus tres matrimonios); acabó por adoptar a su yerno Tiberio, al cual asoció en el poder desde el 13 d. C., y que le sucedería sin dificultad después de su muerte.

[14] Tiberio Claudio Nerón (Roma 42 a.C. – Miseno 37 Emperador 14 – 37)  Cuando Augusto falleció en el año 14 de nuestra era, el sucesor designado fue Tiberio, el hijo menor de Agripa y Livia. El nombramiento no fue fácil ya que Augusto nunca mostró hacia él especial atracción. En el año 11 a.C. le había obligado a divorciarse de Vipsania para casarse con Julia, la licenciosa hija de Augusto. Participó en las campañas de Germania, Dalmacia y Panonia, brillando como general por lo que fue nombrado tribuno en el año 6 a.C. La conducta escandalosa de su esposa y la descarada preferencia del emperador por sus nietos como herederos fueron los responsables de su traslado a Rodas, regresando a la capital imperial en el año 2 de nuestra era. Tras la muerte de Cayo César sólo quedaba Tiberio como sucesor, siendo adoptado por Augusto e investido con poderes proconsulares.

Su gobierno está caracterizado por la contradicción, reflejo de su carácter. El Senado le otorgó las mismas prerrogativas que a su antecesor, asegurándose su fidelidad frente a la popularidad alcanzada por Germánico. Pronto se desencadenó una revuelta en Panonia y en el Rin debido al descontento de los soldados por el retraso en el cobro de sus pagas. La revuelta se sofocó haciendo concesiones a las tropas. La muerte de Germánico en Siria motivó que las acusaciones sobre un presunto envenenamiento se acercaran al emperador, produciéndose una fuerte convulsión en la familia imperial que se resolvió con el exilio de Agripina y la adopción de Calígula.

Los complots que se producían de manera casi regular motivaron que Tiberio fortaleciera las bases militares del Imperio, estableciendo a los pretorianos en Roma. El jefe del pretorio, Sejano, se convertía en el personaje más importante tras el emperador y él recibió el gobierno cuando Tiberio se trasladó a Capri en el año 26, abandonando el poder para entregarse a los placeres. Cinco años después regresaba a la vida pública acabando con el gobierno del jefe del pretorio. Sejano fue condenado a muerte y ejecutado.

Respecto a su política interna, podemos decir que el gobierno de Tiberio continuó la línea marcada por su antecesor, especialmente en los aspectos económicos y administrativos. Las provincias gozaron de buena salud pero paulatinamente se impuso un régimen de terror, en parte motivado por los complots que fueron surgiendo. Hacia el año 33 Tiberio regresó a su retiro de Capri, donde la leyenda negra se empezó a fraguar, mostrándonos a un Tiberio participando en todo tipo de perversiones sexuales, salpicadas de continuas crueldades.

[15] Plinio el Viejo (Cayo Plinio Segundo; Comum, hoy Como, actual Italia, 23 – Stabies, hoy Castelllammare di Stabia, id., 79) Escritor latino de cuyas obras se conserva su Historia natural, obra enciclopédica que durante la Edad Media fue considerada máxima autoridad en materia científica. Tras estudiar en Roma, a los veintitrés años inició su carrera militar en Germania, que habría de durar doce años. Llegó a ser comandante de caballería antes de regresar a Roma, en el año 57, para entregarse al estudio y el cultivo de las letras. A partir del año 69 desempeñó varios cargos oficiales al servicio del emperador Vespasiano. Agudo observador, fue autor de algunos tratados de caballería, una historia de Roma y varias crónicas históricas, hoy perdidas. Únicamente se conserva su Historia natural (77), que comprende 37 libros y está dedicada a Tito. Escrita en un lenguaje claro y con un rico vocabulario, contiene gran cantidad de información sobre las más diversas disciplinas y constituye un importante tratado enciclopédico que recopila todo el saber de la Antigüedad.

Constituyen una preciosa fuente de información sobre la vida de Plinio el Viejo algunas cartas de su sobrino Plinio el Joven, aparte de las noticias que pueden extraerse de su obra más importante y de la breve biografía seudo-suetoniana que la antecede en los códices. Como muchos jóvenes de la burguesía itálica, Cayo Plinio Segundo marchó pronto de la provincia a Roma para continuar sus estudios y emprender una profesión. Había entrado hacía poco en la abogacía cuando hubo de abandonar la capital para cumplir el servicio militar de levas en Germania, donde, entre los años 47 y 51, sirvió en la caballería a las órdenes de Domicio Corbulón.

Nada sabernos de su carrera en los años siguientes, pero es probable, como se deduce de una alusión de su sobrino, que se mantuviera alejado de la vida pública por hostilidad al gobierno y a la Corte neronianas. Recibió, en cambio, importantes cargos de confianza, en reconocimiento a su capacidad, en tiempos de Vespasiano y de Tito. Según una ingeniosa reconstrucción, no siempre apoyada en documentos, habría sido procurador en la Galia Narbonense (69?), en la provincia de África, y luego en España (73) y en la Galia Bélgica (74); pero mientras la procuratio en la España Tarraconense (aun siendo incierta la fecha) está comprobada por una alusión autobiográfica, las otras continúan siendo hipotéticas.

El propio Plinio afirma, en cambio, que fue contubernalis de Tito, muy verosímilmente como oficial de estado mayor en Palestina; esta noticia hace más aceptable un testimonio epigráfico (de lo contrario bastante incierto) que le atribuye la procuratio en Siria. Ésta sería, pues, la primera ejercida por él, y podría situarse en la época de los tumultos producidos en aquella provincia durante la guerra judaica (70). Sabemos además que en sus últimos años solía dirigirse cotidianamente, antes de salir el sol, al palacio del emperador Vespasiano (aunque él solía trabajar de noche), quizá en calidad de consejero privado.

Plinio el Viejo era prefecto de la flota en Puerto Miseno cuando, en el año 79, encontró la muerte en la famosa erupción del Vesubio que destruyó y sepultó Pompeya y Herculano. La última jornada de su tío es narrada con muchos detalles por Plinio el Joven en una famosa carta a Tácito (Epístolas, VI, 16): a la una de la tarde, su hermana le llamó la atención sobre una gigantesca nube de forma extraña que apareció en el horizonte. Lleno de curiosidad, se disponía a subir a una embarcación ligera para estudiar el fenómeno de cerca cuando le llegaron las primeras peticiones de socorro. Hizo entonces echar al mar los cuadrirremes para poner a salvo al mayor número posible de personas, y se dispuso a dirigirse al lugar de peligro, en el fondo del golfo. Desde cubierta no cesaba de hacer observaciones sobre el importante y pavoroso fenómeno, dictando notas a su escribiente.

Habiendo atravesado el golfo bajo una lluvia de cenizas y casquijos de lava, y siendo ya inaccesible la costa de Herculano y Pompeya, llegó a Stabia, a casa de su amigo Pomponiano, y descansó allí tranquilamente, después de haberse bañado y de haber cenado. Pero a la mañana siguiente, cuando también aquella pequeña ciudad fue atacada de lleno por la furia del volcán y todos trataban de ponerse a salvo en el mar, Plinio, al llegar a la playa, cayó atacado de un colapso cardíaco, abrumado por los vapores sulfúreos que contaminaban el aire.

Una interesante carta de su sobrino a Bebbio Macro (Epístolas, III, 5) nos da también a conocer una laboriosa jornada de Plinio. Por ella comprendemos cómo sus lecturas metódicas, sus asiduas dotes de observador, sus frecuentes apuntes, así como las muchas horas sustraídas al sueño y a la mesa, le habían permitido recoger, aun en medio de sus pesadas ocupaciones prácticas a las que atendía puntualmente, aquel inmenso material erudito que sólo en parte utilizó en sus obras; tras su fallecimiento, el resto quedó reunido en 160 legajos llenos de apretada escritura. Acre ingenium, incredibile studium, summa vigilantia: éstas son las grandes dotes que exalta en él Plinio el Joven. En verano y en invierno, entre la medianoche y las tres, ya estaba levantado, y salvo breves interrupciones dedicadas metódicamente al descanso, su actividad continuaba incansablemente hasta la noche; también durante la comida, o cuando viajaba, tenía junto a sí a un lector, para evitar la menor pérdida de tiempo. Y nunca renunciaba a tomar apuntes: solía decir, en efecto, que no había libro tan malo que no contuviera algo útil y digno de ser aprendido.

En esa misma carta nos da Plinio el Joven el catálogo completo de las obras de Plinio por orden cronológico. Durante el servicio militar en Alemania escribió el pequeño tratado De iaculatione equestri, fruto de su experiencia directa. En memoria de un amigo, poeta trágico que había sido también compañero de armas, compuso en los primeros años después del 50 la biografía en dos libros De vita Pomponi Secundi. Los Bellorum Germaniae libri XX, que lo tuvieron ocupado durante mucho tiempo (47-54?), contenían la relación de todas las guerras de los romanos en Germania y fundamentalmente tenían por objeto celebrar la memoria de Druso y de Germánico.

A esta obra le siguieron (alrededor del año 60) los tres libros del Studiosus (distribuidos, sin embargo, en seis volúmenes a causa de su notable extensión), en los que Plinio el Viejo daba consejos concernientes a los estudios y a la preparación del orador; de los últimos años del principado de Nerón (65-68) son los Dubii sermoniis libri VIII, que trataban de cuestiones gramaticales. Los treinta y un libros de A fine Aufidii Bassi, escritos entre los años 68 y 77, constituyen una historia cuyos límites cronológicos exactos no conocemos (quizá, si a cada año estaba dedicado un libro, del 41 al 77), pensada como una continuación de la historia aufidiana; en ella Plinio el Viejo se proponía exaltar a los Flavios en contra de la dinastía Julia-Claudia, que había dejado un triste recuerdo con su último representante, Nerón.

La Historia Natural de Plinio el Viejo

Pero el nombre de Plinio el Viejo se encuentra vinculado a su última y más importante obra, que es también la única que ha llegado hasta nosotros, la Historia natural. Presentada por Plinio a Tito (a quien había dedicado la obra) en el año 77, fue publicada por su sobrino en el año 79, con inclusión de otro libro (el I) que contiene el catálogo de las fuentes y un sumario general de la obra. Plinio sigue en la Historia natural la estela de Varrón Reatino en cuanto a tendencias culturales y método de investigación, y alcanza una posición de primacía entre los escritores enciclopedistas. Por esta obra, mina inagotable de noticias científicas y de curiosidades, la Edad Media le reconoció fama de sabio universal; también los estudiosos modernos le son deudores de infinitas informaciones sobre el mundo antiguo.

La metodología seguida por Plinio el Viejo se opone totalmente al concepto moderno de las ciencias naturales. Al contrario que Aristóteles en su Zoología o de Teofrasto en su Botánica, no indagó sobre las causas filosófico-naturales ni recogió hechos para obtener conclusiones científicas. Pese a ello, las afirmaciones sin fundamento, las fábulas, las exageraciones y la creencia en la magia y en la superstición de la Historia Natural influyeron en la conformación de la teoría científica y médica de los siglos posteriores. Tal influencia no es ajena a la habilidad con la que Plinio el Viejo reunió de manera metódica hechos sin relación entre sí, a su capacidad de reparar en detalles ignorados por otros, y a los amenos relatos en los que mezcló hechos verdaderos con datos ficticios. En el siglo XIX los estudios latinos destacaron la importancia histórica de esta obra como uno de los más grandes monumentos literarios de la antigüedad clásica.

La Historia natural se compone de treinta y siete libros. El primero contiene el plan general de la obra y da noticias sobre muchos escritores leídos y estudiados. Los libros II-VII tratan de geografía, astronomía y antropología; los libros VIII-XI, de zoología; los libros XII-XIX, de botánica; los libros XX-XXVII, de medicina vegetal; los libros XXVIII-XXXII, de medicina animal, es decir, de cuanto puede obtenerse como medios útiles de los animales y las plantas; y los libros XXXIII-XXXVII, de mineralogía, y, en especial, de todo lo concerniente a los usos del vivir humano y de las artes plásticas. Verdadera enciclopedia, Plinio el Joven la definió como “obra amplísima y erudita, y tan varia como la naturaleza”. El material fue obtenido de la lectura de unos dos mil volúmenes, y se citan cerca de quinientos escritores, entre griegos y latinos.

Con todo, no se limitó Plinio a ser un mero compilador. Su pensamiento fundamental responde a la necesidad que tiene el hombre de saber para poder vivir. Mientras los animales -dice- sienten cada uno su propia naturaleza y según ella obran y resuelven sus dificultades, el hombre, por sí solo, nada sabe si no lo aprende; por sí mismo tan sólo sabe una cosa: llorar. La condición esencial de la vida humana consiste en aprender lo que debe el hombre saber y conocer: los lugares en que habita y los hombres entre los cuales vive, los aspectos y los fenómenos del cielo y la tierra y, sobre todo, el mundo vegetal y animal de donde se procura el sustento cuando está sano y los remedios y medicamentos cuando enferma.

Para la historia del arte antiguo encierra particular importancia el grupo de los libros del XXXIII al XXXVII, que estudian la mineralogía y la manipulación de los metales y de las piedras; es el único testimonio que se ha conservado, junto al tratado De Architectura de Vitruvio, de toda una rica floración de escritos sobre las artes plásticas en la antigüedad clásica. Plinio trata del arte solamente de un modo indirecto y desde un punto de vista secundario, en relación con los fines de su enciclopedia. Sin embargo, halla oportunidad para dar valiosas informaciones sobre muchas esculturas y pinturas existentes entonces en Roma y para aportar juicios críticos generalmente emitidos por otros autores como Antígono Caristio y el escultor de la escuela de Lisipo Jenócrates de Sicione (siglo III a. de C.); traza asimismo un cuadro de conjunto del desarrollo del arte antiguo, notabilísimo a pesar de sus imperfecciones.

Compilador concienzudo, más que experto en las artes, Plinio se cuida de indicar, como en las otras partes de su obra, las fuentes utilizadas, ofreciendo así una bibliografía del arte antiguo que es de gran interés para la moderna arqueología. Estos libros dedicados al arte fueron ampliamente conocidos incluso en el Renacimiento; Ghibert se aprovechó de ellos para escribir sus Comentarios, y Cristóforo Landino los tradujo al italiano, junto con el resto de la obra, en el año 1470.

[16] Septimio Severo Emperador romano (193-211 d.C.) y primer miembro de la dinastía de los Severos, nacido en Leptis Magna (Tripolitania) el 11 de abril del año 146 d.C. y muerto en Eboracum (actual York) el 4 de febrero del 211 d.C. Descendiente de una familia perteneciente al orden ecuestre de origen itálico, su nombre completo era el de Lucio Septimio Severo Aurelio. Educado en África, acudió a Roma, ciudad en donde protagonizó una fulminante carrera política. Entró en el Senado en el año 172 d.C. durante el reinado de Marco Aurelio. Entre los años 173-174 d.C. fue nombrado cuestor en Bética y Cerdeña. En el año 176 ejerció como tribuno de la plebe. En el 178 d.C. acudió a la Tarraconensis como pretor y legatus iuridicus. Poco después se le encargó el mando de la IV legio Escitica, establecida en Siria. En el año 186 fue nombrado legado en la provincia de Lugdunensis. En el 189 d.C. ocupó el cargo de procónsul en Sicilia. En el año 19 ejerció como legatus Augusti propretore en la provincia de Panonia superior, donde tenía a su mando tres legiones establecidas en el limes danubiano. En aquel mismo año 190 d.C. fue nombrado cónsul.

Tras el asesinato de Pertinax a manos de su guardia pretoriana, se levantó como vengador del fallecido emperador. Las legiones asentadas bajo su mando en Carnuntum le proclamaron emperador el 13 de abril del año 193 d.C., tras lo cual emprendió la marcha hacía Roma para hacer frente al nuevo emperador Didio Juliano, quien había sido elegido por el Senado. Septimio Severo entró sin dificultad en Italia, ocupó Rávena y venció a Tulio Crispino, prefecto del pretorio, quien tenía la misión de frenarle. Fue entonces cuando Juliano le ofreció compartir el gobierno asociándole como César, cargo que Severo se apresuró a rechazar. Poco antes de la entrada triunfal de Septimio Severo en Roma, el día 7 de junio del año 193 d. C., Juliano fue asesinado por los pretorianos y el Senado reconoció como emperador a Septimio Severo.

Una vez en Roma purgó la guardia pretoriana que había asesinado a Pertinax e introdujo en su lugar a 15.000 hombres de sus propias tropas danubianas. Tuvo que hacer frente a dos usurpadores: Décimo Clodio Albino, gobernador de Britania y Gaio Pescenio Níger en Siria, quienes habían sido proclamados emperadores por sus respectivas tropas. Níger, apoyado por los persas y armenios, acabó por ser vencido en Zícico en el año 194 d.C. Tras su derrota, Siria quedó dividida en Coele Syria y Syria Phoenice. Septimio Severo aplastó a los últimos partidarios de Níger en Bizancio durante el 196 d.C. Albino fue nombrado en un principio César, pero éste, sintiéndose insatisfecho, fue aclamado Augusto por sus tropas y se encaminó a Roma. El poder de Albino se extendía sobre tres legiones de Britania, parte de las situadas en el Nórico y las tropas auxiliares de Galia e Hispania. Septimio Severo se encontró con su rival en las proximidades de Lugdunum el 19 de febrero del 197 d.C. Tras la derrota, Albino fue muerto por Severo (aunque algunas fuentes aseguran que se suicidó). A su vuelta a Roma, Severo mandó dar muerte a numerosos senadores que habían apoyado a Albino. Desde el año 197 al 202 d.C. tuvo que marchar a oriente a combatir a los partos, quienes habían tomado Armenia y Mesopotamia. Septimio logró ocupar Cstesifonte y poner en fuga a su rey Vologese IV. Tras el triunfo, el Senado le dedicó un arco, que aún lleva su nombre, en Roma.

Su gobierno se caracterizó, además de por las victorias militares, por el reforzamiento del poder imperial frente al Senado, que perdió poder político y la jurisdicción criminal sobre sus miembros, frente a la creciente influencia del ejército. Favoreció siempre al orden ecuestre frente al senatorial. Elevó la paga de los soldados de 300 a 500 denarios por año, permitió casarse a los legionarios y vivir con su familia en las proximidades de los campamentos. Para solucionar el abastecimiento de las tropas reguló la recaudación de la annona. Quitó a numerosos senadores de las cortes de justicia provinciales, que quedaron bajo el control del prefecto del pretorio. Los principales colaboradores del emperador Septimio Severo fueron Plautiano, prefecto del pretorio, asesinado por la influencia de la emperatriz Julia Domna; y E. Papiniano, que le sustituyó en el cargo. Aumentó notablemente los ingresos imperiales por medio de confiscaciones. Para la administración creó la caja ratio privata, separada del fiscus. En política religiosa se mostró en un principio tolerante con los cristianos, actitud que cambió tras las campañas de oriente, momento en el que publicó un edicto persecutorio que terminó con la Escuela de Orígenes en el año 202 d.C. Ante la rebeldía mostrada por las tropas asentadas en Britania, Septimio Severo tuvo que acudir a las islas en el año 202 d.C. acompañado por sus dos hijos: Caracalla y Geta, que ya habían sido asociados al poder. En el año 210 d.C., sintiéndose gravemente enfermo, cedió el mando de las tropas a Caracalla quien, tras una fuerte discusión con Severo, animó a los médicos a acelerar su muerte. Muerto Septimio Severo el 4 de febrero del año 211 d.C., Caracalla fue designado emperador.

[17] Shadrapa. La mención más antigua de este dios se encuentra en una inscripción de Amrit, fechada hacia los siglos VIII-VII a.C., en la que se representaba a Shadrapha sobre un león, vestido a la manera egipcia, blandiendo una maza en su mano izquierda, y sosteniendo con la derecha un cachorro de léon. Su teónimo significa “el restaurador de la fuerza” o “el sanador”, según se lee sobre un fragmento de la jarra fechada en los siglos V-IV a.C.

El culto a Shadrapha, que quizás fuera una forma local de Eshmún, está atestiguado en época imperial romana por tres bajorrelieves y por téseras de Palmira. En unos y otras se ve al dios en traje militar, sosteniendo una lanza en la mano en la que, a su vez, se enrolla una serpiente y llevando a la espalda un escorpión. Estos símbolos retratan la naturaleza del dios, relacionada con la medicina y la salud.

En cuanto al dios con león de las esculturas chipriotas, se  identifica con los dioses sanadores Shadrapha o Eshmún para los fenicios y Asclepio para los griegos, así como también se lo ha equiparado con el dios “dueño del poder” o con Mitra.

En Arvad el dios más importante era Shadrapa tanto para los habitantes de la isla como los del continente en la ciudad gemela de Amrit, y su  culto estaba muy extendido entre los arvadeos, aunque también se extendió a los tirios. Su culto formaba pareja con el culto a Melkart Cuando los tirios viajaron hacia el oeste por el mar para fundar nuevas colonias, llevaron el culto a Shadrapa con ellos. Su culto se practicaba en las ciudades del norte de África, incluyendo Atiq y Qart Hadasht. En la ciudad de Lapqay. Shadrapa fue identificado con Dionisos y Liber Pater / Baco.

Según la leyenda, Shadrapa nació como un salvador de la humanidad. Cuando una gran sequía cayó sobre la tierra en el verano, fue él quien vagaba por la tierra y enseñó al hombre a hacer el vino. Pero el vino también era una bebida sagrada de los dioses, con propiedades místicas. El culto y los misterios de Shadrapa se centra en eso. Shadrapa surge en Egipto, donde la tierra era demasiado caliente para hacer el vino, trayéndolo desde Canaán. A continuación, pasó a Grecia y enseñó a los griegos el uso del vino. Sin embargo, cuando trataron de hacerlo ellos mismos sin su ayuda, le dijeron que preferían el suyo, y así volvió a los cananeos. Después de viajar por el mundo y enseñar su método de salvación, Shadrapa se convirtió en un dios y se unió a Melqart.

Shadrapa es un dios del vino, la salvación, la naturaleza, la fertilidad, la curación, y el teatro. Él es el creador del vino y dueño de sus propiedades sagradas. Shadrapa es conocido por su sabiduría y su carácter juvenil. Él es un señor domador de animales y la naturaleza.

Comparte sus fiestas con Melqart, ya que los dos se adoran juntos, y su adoración implica su imagen en pequeños altares portátiles, el consumo de vino, la meditación, juegos y obras de teatro y distintos rituales en su honor.

[18] Primitivamente, Melqart fue una divinidad fenicia de la ciudad de Tiro, a la que estuvo consagrado en un principio el templo de Heracles en la antigua ciudad de Cádiz. Su culto, centrado en el fuego sagrado de las ciudades, se extendió por todas las colonias de Tiro.

Era la forma fenicia del dios Baal. Originariamente era un dios agrícola, del campo, la vegetación, la fecundidad y la primavera, por lo que su ritual comprendía una serie de ritos de muerte y resurrección cíclicos anuales, coincidentes con las estaciones del año. No obstante, también era un deidad marina, pues era una divinidad de carácter sincrético. Pasó luego a ser considerado «rey de la ciudad», que es el significado etimológico de su nombre (melk, rey), y como patrono de la ciudad de Tiro se transformó también en dios de la colonización y de la protección de la navegación. Los tirios lo consideraban el guía de sus viajes marítimos y exploraciones, de modo que le consagraron el templo fundado al mismo tiempo que la ciudad de Cádiz en el otro extremo de la isla mayor, donde hoy se encuentra el islote de Sancti Petri y en el que, según la leyenda, Aníbal hizo el juramento de odio eterno a los romanos antes de marchar hacia Sagunto e iniciar la Segunda Guerra Púnica. Aunque también se decía que lo hizo siendo un niño en Cartago. Fue conocido en la antigüedad como el santuario de Heracles o Heracleión. Los almorávides lo destruyeron en el año 1146, buscando el tesoro, encima del cual construyeron el Castillo de Sancti Petri.

El lugar en donde fue situado el templo inicial en Cádiz, cerca del estrecho de Gibraltar, fomentó la leyenda de la separación de las Columnas de Hércules, en principio llamadas Columnas de Melqart por los fenicios, más tarde Columnas de Heracles por los griegos hasta el actual nombre romano.

Se le atribuía la civilización de las tribus salvajes de las costas lejanas, la fundación de las colonias fenicias y la introducción de la ley y el orden entre los hombres.

En diversos restos arqueológicos, entre los que destacan las monedas, se lo representa a menudo cabalgando en un hipocampo. En la época tardía de la civilización fenicia, también se lo consideraba el dios del Sol que se encontraba en unión con Baal y Moloch, las fuerzas malignas y benignas del cielo, respectivamente. Alejaba la hostilidad entre ambos y, por tanto, reducía el efecto del fulgor solar y de los fríos invernales. Es por ello que en su altar debía haber un fuego perenne.

Cada día seguía a la esquiva Astarté hasta que él la encontraba en un punto remoto de Occidente y se desposaron, matrimonio que trajo la perdición de la diosa y la transformó en la dulce Ashera.

Los griegos lo llamaban Melicertes y lo comparaban con Heracles, por los atributos guerreros que lo caracterizaban. Su templo descrito y admirado por Heródoto, se hallaba en un islote delante de la costa tiria

[19] En fuentes epigráficas y literarias Vetio Agorio Pretextato es identificado como uno de los representantes más notables de la aristocracia senatorial pagana romana de la cuarta centuria. Dichos testimonios lo presentan como víva encarnación y real custodio del mos maiorum, la imagen de los óptimos padres de Roma y símbolo de fidelidad a la misión arcana que hizo de los miembros de dicha elite, los legítimos depositarios de la divina tarea de conducir los destinos imperiales. Lo más significativo de su actividad y a la vez de su relevancia personal en la época se desarrolló en el ámbito religioso. Como más tarde resaltaría Macrobio, en las ideales escenas en las cuales se reunían y conversaban los personajes más significativos de la Ciudad Eterna. Pretextato era quien presidía y dirigía las conversaciones referidas al las cuestiones de culto, nadie sabía como él las razones de los asuntos religiosos, de los ritos y costumbres relacionadas conlas celebraciones de esta índole. Los asistentes escuchaban con respeto casi solemne las explicaciones que daba, en suma era el “gran teólogo del paganismo”,

[20] Teodosio I el Grande.  (Flavio Teodosio) Emperador romano que impuso el catolicismo como religión oficial y dividió el Imperio entre Oriente y Occidente (Cauca, Hispania, h. 346 – Milán, 395). Adquirió experiencia militar combatiendo en Gran Bretaña bajo el mando de su padre; luego él mismo fue dux de Mesia (actual Serbia) en el 374, defendiendo eficazmente aquella provincia fronteriza frente a los sármatas. Pero se retiró a sus dominios en la actual Coca (Segovia) tras la ejecución de su padre. Y allí estaba en el 378, cuando le llamó el emperador Graciano para encargarle la defensa de Mesia frente a la invasión de los godos.

Así, en el 379 fue nombrado augusto con potestad en Oriente, comenzando su reinado sobre aquella parte del Imperio. Venció a los visigodos y pactó con su rey Atanarico la instalación de este pueblo germánico en Mesia como federados del Imperio (es decir, aliados bárbaros a los que se encomendaba la defensa de la frontera). Luego transmitió el título de augusto a su hijo Arcadio, con lo que estableció una nueva dinastía imperial, que de momento reinaría sólo en Oriente.

Mientras tanto, en Occidente, Graciano fue destronado por otro militar español, Máximo; pero su poder fue disputado por el hermano de Graciano, Valentiniano II. Teodosio, que había reconocido inicialmente la autoridad de Máximo, se alió luego con Valentiniano, e incluso emparentó con la familia imperial de Occidente, al casarse con Gala (hermana de Valentiniano y de Graciano) en el 387. Al año siguiente venció a Máximo en la batalla de Aquileya, extendiendo su autoridad a todo el Imperio, si bien mantuvo formalmente en el Trono occidental a Valentiniano II (388).

Teodosio era cristiano católico, es decir, fiel a la doctrina de Atanasio, adoptada como línea ortodoxa desde el Concilio de Nicea del 325. Fue él quien adoptó el catolicismo como religión del Imperio, prohibiendo el arrianismo (doctrina cristiana de los seguidores de Arrio, muy extendida en Oriente) por el Edicto de Tesalónica (390). No obstante, su actitud inicial fue más conciliadora hacia los paganos, pues trató de mantener un equilibrio en su administración entre cristianos y paganos, al tiempo que se resistía a los intentos del clero cristiano por imponer su supremacía.

Su actitud cambió después de ser excomulgado por el arzobispo de Milán, san Ambrosio, a causa de la represión de la revuelta de Tesalónica, en la que murieron unas 7.000 personas (390). Teodosio hizo penitencia pública para obtener el perdón y, desde entonces, se convirtió en instrumento político de la intolerancia eclesiástica: prohibió los cultos paganos en Roma (391), medida que luego extendió a todo el Imperio (392).

El descontento creado por la persecución del paganismo provocó la revuelta del usurpador Eugenio, quien, con apoyo del jefe de la milicia de Occidente, el franco Arbogast, se adueñó de las Galias, Italia y África, dio muerte a Valentiniano II y se hizo proclamar emperador de Occidente (392). Teodosio estaba en Constantinopla, como era su costumbre, absorbido por los problemas de la frontera oriental, en donde acababa de negociar la paz con los persas y el reparto de Armenia.

En cuanto pudo regresar a Italia, se enfrentó a Eugenio, le venció y le dio muerte cerca de Aquileya, y restableció momentáneamente la unidad del Imperio, pues se proclamó oficialmente emperador de Oriente y de Occidente, (394). Pero las diferencias culturales, económicas y políticas entre los territorios occidentales (controlados desde Roma) y los territorios orientales (controlados desde Constantinopla) era ya demasiado grandes como para que resultara viable la unidad.

Cuando murió al año siguiente, Teodosio reconoció esta realidad dejando la herencia imperial dividida entre sus dos hijos: Arcadio (con 17 años) en Oriente y Honorio (un niño de 11) en Occidente, bajo la tutela de Estilicón. La división fue irreversible y permitió que, mientras el Imperio Romano de Occidente sucumbía después de ochenta años de crisis y penetración de los bárbaros, en Oriente se consolidara un Imperio Bizantino que habría de durar hasta 1453.

[21] Kyrie significa ¡Oh Señor!;  Eleison significa compadecerse. Es el nombre común de una importante oración de la liturgia cristiana, también denominada Kyrie eleison  (Señor, ten piedad).

Kyrie Eleison es una expresión muy antigua, utilizada constantemente en todas las liturgias cristianas. Flavio Arriano la cita en el siglo II: “Invocando a Dios decimos Kyrie Eleison” (Diatribae Epicteri, II, 7).

Forma parte del ordinario o común de la misa, que es la parte invariable, es decir que sus cantos son iguales en cualquier época del año, al contrario que el propio, que es el que contiene los cantos que cambian según las estaciones del año o de las festividades. También conocido en letanía de los santos.

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