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La vid y el vino en la religiones de la Antigüedad del Mediterráneo: El origen de Dioniso y de su culto.

octubre 12, 2013

Los griegos difundieron la cultura helenística por todo el Mediterráneo, y con ella llevaron también el matrimonio vino-religión hasta los últimos confines de Occidente. En esta etapa, la vid, y obviamente el vino,  comenzaron a revestirse de una categoría sagrada que los convirtieron en la ofrenda óptima para los dioses.

No sólo en Occidente y en la cuenca del Mediterráneo, sino en culturas tan remotas y aparentemente tan ajenas al vino como las de la India y el Japón (que ya hemos mencionado). Tucídides[1] en el siglo V a.C nos decía:

Los pueblos del Mediterráneo entraron en la civilización cuando aprendieron a cultivar el vino

Fueron los colonos griegos los que plantaron las primeras vides en el Lacio. Sorprendidos por las buenas condiciones climáticas y del terreno, fomentaron su cultivo y llegaron a denominar aquella tierra como Enotria, es decir, la tierra del vino.

La Grecia homérica ya dominaba el cultivo del vino con técnicas posiblemente importadas de Egipto, que le llevaba 2.000 años de ventaja. Laertes[2], el padre de Ulises[3], se jactaba de cultivar en sus tierras hasta 50 tipos distintos de vino. Los comerciantes griegos fundaron colonias en Italia, sur de Francia y España, dedicándolas a la producción del que ya era un bien económico vital: el viñedo.

Además de comprarse y venderse, debía ofrendarse a los dioses. Las libaciones (ya hemos hablado de ellas) eran la señal de la cruz de las religiones griegas y romanas, un gesto habitual que consistía en derramar al aire o ante un altar parte de la crátera o copa plana de vino mientras se invocaba el nombre del dios al que iba ofrecido. Un por Zeus o por Dioniso acompañado del derramamiento del vino era suficiente.

Homero[4] también nos ha dejado constancia de otra forma de buscar el favor de los dioses a través del vino. Antes del combate pactado entre Paris[5] y Menelao[6], en plena guerra de Troya[7], Agamenón[8], Ulises y Príamo[9] ofrecen un sacrificio a Zeus, degollando un cordero ante un altar y

sacando todos con las copas el vino de la crátera, lo derramaron y rogaron a los dioses que siempre viven.

Las pruebas arqueológicas remontan el culto a Dioniso hasta la isla de Creta, puesto que su nombre apareció en algunas tablillas micénicas al ser descifradas por Ventris y Chadwick en 1959. Ahora bien, puede conjeturarse que hasta allí viniese de Asia y que su aparición no fuese una creación minóico-micénica, sino un culto que, como tantos otros, se remontaría a remotísimas épocas, previas a las sociedades históricas de las que nos quedan fuentes de comprobación; a una Prehistoria que sólo podemos plantear como hipótesis.

La viticultura ha existido en Grecia desde finales del periodo Neolítico, generalizándose el cultivo doméstico a principios de la Edad del Bronce. A través del comercio con el Antiguo Egipto, la civilización minoica de Creta tuvo acceso a los métodos vinícolas egipcios, una influencia que muy probablemente tuvieron sobre la Grecia micénica.

Los palacios minoicos tuvieron sus correspondientes viñedos, como Spyridon Marinatos, uno de los principales arqueólogos griegos del siglo XX, demostró en excavaciones justo al sur del yacimiento del palacio Valthypetro en Archanes[10] en Creta, y el equivalente minoico de una villa rústica dedicada a la producción de vino fue desenterrada en Zakros[11] en 1961.

En la cultura minoica de mediados del II milenio a C., el vino y el toro sagrado estaban relacionados en la forma de copas con forma de cuerno llamadas rhyta.

El rhyton (plural rhyta) era un recipiente en el cual los líquidos esperaban a ser bebidos, o bien, vertidos en alguna ceremonia como la libación.  La idea es que uno saca vino o agua de una vasija de almacenamiento o una fuente similar de agua, sujeta el agujero con un pulgar, y deja que el fluido corra en la boca (o en el suelo en la libación) del mismo modo que el vino es bebido hoy de una bota. Los rhyta se encuentran entre los restos de civilizaciones que hablan lenguas diferentes y grupos de lenguas alrededor del Próximo y Medio Oriente, como la Persia del segundo milenio a. C en adelante. Son modelados a menudo como una cabeza de animal o cuerno y pueden ser muy ornamentados y compuestos con metales preciosos y piedras.

La cerámica clásica ateniense, como los vasos de figuras rojas, es decorada, a menudo, con temas típicos de la mitología. Un tema usual retrata a sátiros, que son símbolos obscenos, con rhyta. La forma de cuerno de los rhyta es entretejida en la composición cuidadosamente con los órganos masculinos rectos de los sátiros, pero este tema descaradamente sexual y algo humorístico parece ser un desarrollo reciente, de acuerdo con el humor ateniense, como es expresado en las obras de Aristófanes. Los elaborados y valiosos rhyta de las grandes civilizaciones de los primeros tiempos son grandiosos más que obscenos, lo cual da una dimensión satírica adicional a los vasos pintados.

La conexión de los sátiros con el vino y los ryhta se concretó muy pronto. En la epopeya de Nono de Panópolis, las Dionisíacas, dice éste sobre los sátiros:

 

…Y entonces como las copas aún no existían, extrajeron la bebida con cuernos de buey; por eso después se tomó el divino nombre del cuerno para la mezcla del vino.

En cualquier caso, en la Creta minoica, cabezas de toro de plata y oro con agujeros redondos para el vino (permitiendo al vino ser vertido desde la boca del toro) parecen particularmente corrientes, varias han sido recuperadas de los grandes palacios.

El nombre Oinops (de color de vino) aparece dos veces en tablillas en lineal B de Cnosos[12] y se repite dos veces en Homero.

Junto a la aceituna y el trigo, la uva era un importante cultivo tan vital para el sostenimiento y desarrollo de la comunidad que el calendario griego antiguo seguía el curso del año del vinatero.

Una de las primeras prensas de vino conocidas fue descubierta en Palekastro[13], en Creta, y es esta isla desde donde se cree que los micénicos extendieron la viticultura a otras lugares del mar Egeo y bastante probablemente al continente griego.

En la época micénica, el vino adquirió una mayor importancia cultural, religiosa y económica. Los registros inscritos en tablillas en lineal B[14] incluyen detalles sobre vinos, viñedos y mercaderes de vino, así como una primitiva alusión a Dioniso, el dios griego del vino. Los griegos incrustaron la llegada de la cultura vinícola en las mitologías de Dioniso y del héroe Aristeo.  Restos antiguos de ánforas en lugares como Chipre, Egipto, Palestina, Sicilia y el sur de Italia demuestran que los micénicos comerciaron activamente con vino por todo el mundo antiguo.

La simbología mítica que el vino adoptó en la antigua Grecia quedará reflejada en la figura de Dioniso, dios del racimo, en cuyas fábulas y ritos se funde el conjunto de vivencias y creencias del mundo griego.

El término griego ganos se utiliza, entre otras cosas, para nombrar el vino nuevo. Se aplica, del mismo modo, para el agua del manantial que corre entre la maleza, al curso de los ríos, a la miel o a un racimo de uvas maduras.

Otro concepto clave en las celebraciones vinculadas al vino es sparagmos. Es en sí mismo el principio supremo del culto dionisíaco y que viene a significar algo así como destrozo, ruptura, despedazamiento, convulsión o espasmo. El sparagmos es un elemento de raigambre dionisíaca. Está, por lo tanto, ligado con la Gran Madre Naturaleza y representa un éxtasis de excitación sexual y fuerza sobrehumana.

 

Según la mitología griega, fue Dioniso el inventor del vino. Hijo de la mortal Semele[15] y de Zeus, a través de sus conquistas militares habría extendido su cultivo y su culto por todo el mundo.

Eurípides[16] muestra al principio de su obra trágica Las Bacantes[17] la difusión del culto dionisíaco y su paso de Oriente a Occidente; desde las regiones del Asia Menor hasta la Hélade:

(Dioniso): He dejado los campos ricos de oro de los lidios y de los frigios, y he recorrido las mesetas ardientes de los persas, y los muros de Bactria y la tierra de los medos, de rígidos inviernos, y la Arabia feliz y toda el Asia que se extiende junto al salado mar con su bien almenadas ciudades, llenas juntamente de griegos y de bárbaros mezclados; y ésta (Tebas) es la primera ciudad de los helenos donde llego, después de crear allá mil coros y establecer mis misterios, a fin de que los hombres me tengan por divinidad manifiesta.

 

La tragedia euripídea refleja el dionisismo en plenitud, tal y como el poeta lo pudo contemplar en Macedonia durante su permanencia en la corte del rey Arquelao[18], donde debió de quedar sumamente impresionado por las orgías báquicas.

En el ritual dionisíaco, el cuerpo del dios (sustituido por el de un hombre o un animal) es sacrificado, destrozado en pedazos que son posteriormente ingeridos o también diseminados como si fueran semillas. La voluntad de imitación de la figura divina conlleva en este ritual (y en muchos otros, la Eucaristía cristiana incluida) la adopción de algo tan material y descarnado como es el canibalismo (aunque sea de forma figurada), que se convierte en una vía de sugestión espiritual, en un camino que conduce al paraíso de lo celeste.

La embriaguez dionisíaca tiene relación con el estado de inspiración poética también llamado rapto o delirio. No en vano Orfeo[19] fue sacerdote de Dioniso hasta instaurar sus propios misterios[20] y con ellos la secta órfica. Parece como si las Musas sólo atendiesen a los ruegos de los poetas malditos y dieran sus favores a los que las convocasen desde el fondo de una botella de vino. No hay que olvidar que el ditirambo (dithyrambos)[21] invención mítica de Arión[22], se va transformando de rito colectivo frenético a espectáculo, convirtiéndose finalmente en género literario.

Los posesos por el vino llegan al entusiasmo y pueden pecar de desmesura (hybris)[23], retornan a un estado anterior a la promulgación de las leyes con que surgen las ciudades civilizadas. El estado en que se sitúan los oficiantes de ciertos ritos religiosos hace pensar en el empleo de ciertas drogas psicoactivas (enteógenos) que se habrían de disolver en vino, formando, la bebida sagrada denominada kykeion[24]; como es el caso de los Misterios de Eleusis[25] y del culto a Dioniso.

Antes de seguir, vale la pena detenerse a aclarar el concepto de hybris o hibris.

La religión griega ignoraba el concepto de pecado tal como lo concibe el cristianismo, lo que no es óbice para que la hibris parezca la principal falta en esta civilización. Se relaciona con el concepto de moira, que en griego significa “destino”, “parte”, “lote” y “porción” simultáneamente.

 

El destino es el lote, la parte de felicidad o desgracia, de fortuna o desgracia, de vida o muerte, que corresponde a cada uno en función de su posición social y de su relación con los dioses y los hombres.

 

Las Moiras (en griego antiguo “repartidoras”) eran las personificaciones del destino. Sus equivalentes en la mitología romana eran las Parcas o Fata, y en la nórdica las Nornas. Vestidas con túnicas blancas, su número terminó fijándose en tres.  La palabra griega moira significa literalmente “parte” o “porción”, y por extensión la porción de existencia o destino de uno. Controlaban el metafórico hilo de la vida de cada mortal desde el nacimiento hasta la muerte (y más allá).

 

En principio, las Moiras eran concebidas como divinidades indeterminadas y abstractas, quizá incluso como una sola diosa. Más tarde, su número se fijó tres:

–                     Cloto (hilandera) hilaba la hebra de vida con una rueca y un huso. Su equivalente romana era Nona, originalmente invocada en el noveno mes de gestación.

–                     Láquesis (‘la que echa a suertes) medía con su vara la longitud del hilo de la vida. Su equivalente romana era Décima, análoga a Nona.

–                     Átropos (inexorable o inevitable, literalmente que no gira, a veces llamada Aisa) era quien cortaba el hilo de la vida. Elegía la forma en que moría cada hombre, seccionando la hebra con sus “detestables tijeras” cuando llegaba la hora. En ocasiones se la confundía con Enio, una de las Grayas. Su equivalente romana era Morta (Muerte), y es a quien va referida la expresión “la Parca” en singular

 

Volviendo a la desmesura, la persona que comete hibris es culpable de querer más que la parte que le fue asignada en la división del destino. La desmesura designa el hecho de desear más que la justa medida que el destino nos asigna. El castigo a la hibris es la némesis[26], el castigo de los dioses que tiene como efecto devolver al individuo dentro de los límites que cruzó. Herodoto lo expresa claramente en un significativo pasaje:

“Puedes observar cómo la divinidad fulmina con sus rayos a los seres que sobresalen demasiado, sin permitir que se jacten de su condición; en cambio, los pequeños no despiertan sus iras. Puedes observar también cómo siempre lanza sus dardos desde el cielo contra los mayores edificios y los árboles más altos, pues la divinidad tiende a abatir todo lo que descuella en demasía.”

 

La concepción de la hibris como falta determina la moral griega como una moral de la mesura, la moderación y la sobriedad, obedeciendo al proverbio pan metron, que significa literalmente la medida en todas las cosas, o mejor aún nunca demasiado o siempre bastante. El hombre debe seguir siendo consciente de su lugar en el universo, es decir, a la vez de su posición social en una sociedad jerarquizada y de su mortalidad ante los inmortales dioses.

 

La hibris es un tema común en la mitología, las tragedias griegas y el pensamiento presocrático, cuyas historias incluían a menudo a protagonistas que sufrían de hibris y terminaban por ello siendo castigados por los dioses. En la Teogonía de Hesíodo, las distintas razas de hombres (de bronce, de hierro, etc.) que se suceden unas tras otras se condenaron por su hibris. En cierto modo, la falta de Agamenón en el primer libro de la Ilíada se relaciona con la hibris al desposeer a Aquiles de la parte del botín que debería corresponderle en justicia. Por su parte, Heráclito muestra la hibris como el señalamiento de una falta hacia el Nous o dios legal:

 

El sol no traspasará sus medidas, pues si no las Erinias, asistentes de la Dice, lo descubrirán.

 

No obstante, Heráclito piensa que mientras haya discordia, se podrá fundir las partes en el Uno. Por lo tanto aquí la hibris es un fluir de opuestos, haciendo posible la vida.

Había también una diosa llamada Hibris (o Hybris), la personificación del anterior concepto: insolencia y falta de moderación e instinto. Hibris pasaba la mayor parte del tiempo entre los mortales. Según Higinio era hija de Érebo y la Noche, atribuyéndole otros autores la maternidad de Coros, el daimon del desdén.

 

En el derecho griego, la hibris se refiere con mayor frecuencia a la violencia ebria de los poderosos hacia los débiles. En la poesía y la mitología, el término fue aplicado a aquellos individuos que se consideran iguales o superiores a los dioses. El hibris era a menudo el ‘trágico error’ o hamartia de los personajes de los dramas griegos.

 

Personajes mitológicos griegos y romanos castigados por sus libris fueron: Agamenón, Aracne, Belerofonte, Casandra, Ciniro, Creonte, Eco,  Edipo, Efialtes, Egisto, Enómao, Euforbo, Héctor, Heracles, Icaro,  Jasón, Layo, Marsias, Minos, Níobe, Odiseo (Ulises), Orestes, Oto, Paris, Penteo, Prometeo, Quíone,  Salmoneo, Sísifo, Tamiris, Tiresias, Tersites y Yasión

 

Dentro del trabajo que nos ocupa, el castigo por arrogancia también aparece como un tema en la Biblia: Así, Adán y Eva son tentados a ser como Dios y por ello expulsados del Jardín del Edén o la Torre de Babel que fue erigida para llegar al cielo, pero Dios la destruyó.

 

Sigamos…  al llegar a Eleusis, bien entrada la noche, los devotos

bailaban en honor de las dos diosas (Démeter y Perséfone) y de su misterioso consorte Dioniso, el dios de los embriagantes

Se le llamaba misterio porque nadie, bajo pena de muerte, podía revelar lo que sucedía en el santuario.  Se dice que Sófocles[27], Herodoto, Aristófanes[28], Plutarco[29] o Pausanias fueron todos iniciados en los misterios de Eleusis. Algunos manifestaron, sin narrar nada acerca de su desarrollo debido a la prohibición, haber tenido una experiencia única e inolvidable en la que se alcanzaba el éxtasis.

En suma, en el spagmaros se destruye y construye a la vez, es pura compulsión dinámica, movimiento perpetuo que lleva de un extremo al otro, sin posibilidad de fijar dicha movilidad. Es fluidez imparable, metamorfosis desgarradora y palpitante siempre en marcha, lo que, en consecuencia, niega la identidad de los objetos. Es la naturaleza triturando y disolviendo la materia en energía.

Nietzsche[30] hizo célebre el carácter dionisíaco de la Tragedia griega como lo embriagador, lo arrebatador, lo desmedido y libre por antonomasia; frente a la armonía y la mesura de su aspecto apolíneo. Nietzsche, que se reconoce como discípulo de Dioniso, establece en su obra El Nacimiento de la Tragedia[31] cinco estadios en el mundo helénico. En ellos habrían de imperar sucesivamente las tendencias dionisíacas y apolíneas hasta su unificación en la Tragedia ática:

1) Los Titanes[32] (Dioniso).

2) Mundo homérico (Apolo).

3) Irrupción de lo dionisíaco (Dioniso).

4) Arte dórico (Apolo).

5) Tragedia ática (dionisiaco-apolinea), fusión de los dos instintos artísticos en la obra de arte.

Bajo la magia de Dioniso el hombre ya no es hostil al hombre y el Canto a la alegría de Beethoven se transforma en una pintura. Cuando millones se postran en el polvo llenos de escalofríos: así será posible aproximarse a lo dionisíaco… Ahora, en el evangelio de la armonía universal, cada uno se siente no sólo reunido, reconciliado, fundido con su prójimo, sino uno con él, cual si el velo de Maya estuviese desgarrado y ahora solo ondease de un lado para otro, en jirones, ante lo misterioso Uno primordial. Cantando y bailando manifestase el ser humano como miembro de una comunidad superior: ha desaprendido a andar y a hablar y esta en camino de alzar el vuelo por los aires volando. Por sus gestos habla la transformación… se siente dios… el hombre ya no es artista, se ha convertido en obra de arte.

 

Es a Sócrates[33] a quien escoge Nietzsche como representante de la racionalidad apolínea carente de intensidad y como principal causante de la muerte de la Tragedia griega. No es coincidencia que Platón nos revele a Sócrates como un personaje inmune a los efectos del vino. Esa incapacidad del pensador para llegar a la ebriedad, manifiesta el triunfo de la razón y la lucidez sobre el instinto y la pasión.

Para constatarlo basta detenerse en algunos pasajes al final de El Banquete[34] de Platón[35]. Alcibiades[36] intenta seducir a Sócrates y pide las copas más grandes de vino para ambos. Pero en seguida replica:

Ante Sócrates, señores, este truco no me sirve de nada, pues beberá cuanto se le pida y nunca se embriagará.

 

A continuación, Alcibiades comienza un discurso alabando a Sócrates y sus palabras aluden a las dos formas de un conocido proverbio: oinos kai aletheia (vino y verdad), y oinos kai paides aletheis (el vino y los niños dicen la verdad); como prueba de que todos sus comentarios son veraces.  Resalta también que Sócrates se ha destacado siempre por ser el primero en muchas cosas:

Y especialmente al beber, aunque no quería, cuando era obligado a hacerlo vencía a todos; y lo más asombroso de todo: ningún hombre ha visto a Sócrates jamás borracho.

 

Al terminar el Banquete, mientras todos los demás comensales quedan inconscientes por el vino, Sócrates se retira y pasa el resto del día según acostumbra; lo cual demuestra una vez más su inmunidad ante el influjo de Dioniso. Así se escenifica el triunfo de la racionalidad frente a la ebriedad.

En el primer libro de la trilogía de Mary Renault[37] sobre Alejandro Magno, se relata detalladamente una fiesta dionisíaca a la que asiste, oculto, el Alejandro niño, dirigida por su madre Olimpia. La descripción de una estatua de Dioniso presidiendo el lugar donde las mujeres iban a ejecutar el sacrificio y la danza frenética es sumamente ilustrativa:

Olimpia la había mandado traer desde Corinto, en donde la había sido tallada según sus instrucciones. Era casi de tamaño natural, representando a un muchacho de quince años, con una larga cabellera y los delgados músculos de una bailarina. Calzaba botines rojos y llevaba una piel de leopardo sobre uno de sus hombros. Su mano derecha sostenía un gran tirso y la izquierda una copa en señal de bienvenida. Su sonrisa no era como la de Apolo, que dice: Mortal, conócete a ti mismo; eso es suficiente para tu corta vida. La suya era como una invitación a participar en sus secretos.

 

Este párrafo resalta la dicotomía entre el lado racionalista del dios apolíneo y la misteriosa comunidad dionisíaca. La sangre de la cabra sacrificada se mezclaba con vino[38] en la copa ofrecida a los dioses y la danza de las mujeres aumentaba de ritmo sin cesar:

 

Habían bebido vino puro para las danzas de Dioniso y después del sacrificio, ya estaban ebrias con su dios.

Esta lucha entre el instinto y la razón, el Romanticismo frente a la Ilustración, queda inscrita existencial e intelectualmente en la vida y obra de Goethe[39]. En Las Afinidades Electivas[40], ese homenaje a las buenas costumbres y a la mesotes de la aristocracia, del Goethe maduro, queda empañado por la intervención de la pasión amorosa en el seno de unas relaciones burguesas. Es la bella Otilia el personaje encargado de reflejar la presencia del vino como un elemento perturbador:

Ya que habla usted de mesura, querida tía, no puedo ocultar que me llama la atención la desmesura de los hombres, especialmente por lo que toca al vino.

 

¡Cuántas veces me ha turbado y angustiado tener que observar que el puro entendimiento, la prudencia, el cuidado de los demás, la gracia y la amabilidad, se perdían aun por varias horas, y a menudo, en vez de todo lo bueno que un hombre excelente puede producir y garantizar, amenazaban irrumpir la perdición y la desgracia!

Ante el comedido clasicismo de las formas sociales del siglo XIX gravita la momentánea explosión del Sturm und Drang[41] que todo lo hace tambalear. Pero la ruptura de todos los órdenes es un estado en el que no es posible permanecer por mucho tiempo y debe retornarse finalmente al lugar donde la ley impera.

Lo mismo ocurre en los dominios de Dioniso. La exaltación entusiasta sólo dura un instante y el dionisíaco realmente alcanza el éxtasis, pero para perderlo un momento después.

Esta es la principal diferencia entre los órficos y los dionisíacos; los primeros buscan la permanente fusión con la divinidad mediante la purificación progresiva y la adquisición de sus misterios escatológicos, mientras que los segundos, pretenden romper el sortilegio de la individuación y durante un instante ser el Todo, estar fuera de si, en la plena libertad, para volver a caer en el mundo tras la momentánea experiencia extática, cuya tensión no se puede mantener.

Al no existir Libro Canónico[42], el designio de los dioses se libraba a la libre interpretación. La epifanía[43], que Demócrito[44] consideraba ensoñación, se concede a personajes ilustres en muy raras ocasiones y el escrutinio se realiza a menudo a través de la adivinación, sirviendo para justificar conductas diversas e incluso antagónicas, ya que los diversos dioses podían querer cosas distintas enfrentándose entre sí a través de los humanos. Es decir, les resulta a los héroes homéricos difícil conocer lo que en realidad querían los dioses, al carecer de una revelación donde se concretara en ley, dentro de normas generales, la voluntad divina.

Sin embargo, hay ciertas costumbres establecidas (nomos) que resultan bendecidas por todos los dioses, aunque sea su guardián un dios determinado, y que constituyen el núcleo tribal básico al que se someten todos los griegos. El sorteo también es empleado cuando se tiene que elegir entre varias posibilidades que se presentan a priori como igualmente buenas.

Determinados signos de piedad requerían cuantiosas posesiones, como es el caso del sacrificio expiatorio, de manera que el alcance de las manifestaciones de piedad estaba a menudo en relación con la posición social del piadoso. El rico tiene la posibilidad de ser más piadoso que el pobre y por tanto, más probabilidades de ganarse el favor de los dioses. Ya la riqueza y la posición social son consideradas como un signo de predilección, aunque también pueden ser consideradas como resultado de la impía soberbia (hybris, de la que ya hemos hablado), a la que algún día ha de seguir un castigo.  Así, la desgracia del hombre demasiado feliz se explicaba por la ira de los dioses ante el mortal que osase rivalizar con ellos.

Pero frente a los sacrificios expiatorios masculinos, aristocráticos, costumbristas e uranios de los homéricos destacarán, en contraposición, los sacrificios expiatorios populares, anárquicos, femeninos y ctónicos[45] de las mujeres de Dioniso (Himno a Démeter)[46].

En el dionisismo, las ninfas más promiscuas y salvajes formaban parte del séquito del dios. Entre ellas destacaban las Ménades[47], que inflamadas por el vino y el éxtasis religioso despedazaron a Penteo, rey de Tebas, en el monte Citerón[48], por no querer tomar parte en sus fiestas[49]. El mismísimo dios Pan, sátiro perezoso y rufián, se jactaba de haber poseído a todas las Ménades borrachas de Dioniso; petulancia que acabaría pagando con la misma suerte de Penteo.

Lo que tenía lugar en el monte Citerón, según nos cuenta Filóstrato el Viejo[50] en sus Imágenes:

Aquí niño, está representado lo que ocurre en el Citerón: coros de Bacantes, rocas impregnadas de vino, el néctar manando de las vides y la leche que surge de la tierra para fecundar el suelo

Era la histeria en crudo, el baquismo peligroso que desciende como un castigo sobre los demasiado respetables y los arrastra contra su voluntad. La danza ebria de las bacantes era contagiosa y los pocos que eran capaces de resistir el llamamiento del dios-vino, quedaban a merced de la ira homicida de sus fieles sacerotisas. Así, nos dice Dioniso por boca de Eurípides en Las Bacantes:

 

He obligado a llevar el hábito de mis misterios a toda la estirpe femenina de Tebas, cuantas mujeres había, las he echado, furiosas, de sus moradas

 

Estas palabras de Dioniso, muestran como bajo su influencia, las mujeres se convierten aún contra su voluntad. Son los hombres quienes le resisten con las consabidas consecuencias:

morir a manos de sus predilectas, formar parte del rito aportando la carne y la sangre que recuerde a los fieles el despedazamiento del dios por los Titanes.

La procedencia antropológica de este mito se explica fijándola en la canalización, por medio de un ritual organizado, de auténticos ataques espontáneos de histeria colectiva. Las mujeres que participaban en los ritos sagrados de Dioniso bebían hasta quedar poseídas de un convulso furor y los hombres, representando a los silenos, alcanzaban también el delirio orgiástico con frecuentes libaciones.

Pero eran ellas, las mujeres, las más fervorosas y las favoritas del dios, las que alcanzaban los estados de máxima exaltación. La adhesión masiva de las mujeres al ritual dionisíaco se explica por la represión a que estaba sometida la mujer griega. En la comunión con el dios se superaba la condición humana y todas las prohibiciones de orden ético y social quedaban abolidas. Por eso el furor que el dios del racimo infundía en sus huestes conquistadoras las volvía irresistibles.

Clístenes[51], el abuelo, por ironía de la historia, del reformador homónimo[52] que llevó a Atenas la democracia, en el siglo VII a.C., en la ciudad de Sición[53] regida por la oligarquía de la  familia de los Ortagóridas[54], empeñado en una política de desdorificación para apartarla de su rival Argos[55], tomo tres medidas de gran importancia:

–                     una reorganización tribal del territorio,

–                      una reforma religiosa

–                     y una reforma literaria que supusiera un rompimiento definitivo con la tradición…. las competiciones de los rapsodos homéricos se prohibieron.

Ésta es la primera vez en la Historia del Mundo Antiguo en que Homero fue objeto de anatema.  El culto que se rendía en Sición al héroe árgivo Adrasto[56] se trasladó al héroe tebano Menalipo[57] y los coros trágicos que se celebraban en su honor se traspasaron a Dioniso, divinidad de origen labriego y popular cuya religión venía a enfrentarse con la aristocrática de los dioses olímpicos.

Esta actuación fue imitada por otros tiranos de tendencias populares que favorecerían el culto de Dionisos y el desarrollo de los géneros literarios relacionados con él, el ditirambo y la tragedia, no por aperturismo político, sino para desbancar a la clase aristocrática tradicional del poder y situar a una nueva oligarquía.

Las luchas sociales que encontraron su apogeo en toda Grecia durante el siglo VI a.C. elevaron políticamente a las clases populares y sus concepciones religiosas. Reflejo de esta revolución fue la creciente influencia que llegó a tener el culto de Dioniso, que pasa así del campo a las ciudades, donde pronto encontró un lugar en las fiestas públicas y en las ceremonias religiosas.

En un principio se había visto en el carácter orgiástico de la religión dionisíaca algo de todo punto extraño, un insulto a todo orden municipal, pero en el siglo VI, y a menudo por razones políticas, alcanzó el favor de los tiranos, que eran los representantes de la capa social que acababa de llegar al poder.

Podemos ver este cambio bajo el gobierno de Clístenes en Sición (que ya hemos citado), de Periandro[58] en Corinto y en Atenas bajo los Pisistrátidas[59]. Así, Eliade (1978) en su Historia de las creencias y de las ideas religiosas nos dice;

A partir de Pisístrato se celebraban en Atenas cuatro fiestas en honor a Dioniso… En febrero-marzo, aproximadamente, se celebraban las Antesterias. Tucídides (II, 15,4) estimaba que las Antesterias eran las fiestas mas antiguas de Dioniso. Eran además las más importantes. El primer día se llamaba pithoigia, apertura de las tinajas (pithoi) en que se conservaba el vino de la ultima cosecha… El segundo día (Choes, cuencos) se celebraba un concurso de bebedores, que se presentaban provistos de un cuenco que se llenaba de vino; a la señal convenida tenían que beberlo lo mas rápidamente que pudieran… La euforia y la embriaguez anticipan en cierto modo una vida en el mas allá que en nada se parece al triste mundo homérico de las sombras.

Como hemos visto, en el siglo VI a.C. los principales gobernantes de la Hélade decidieron aprobar el culto y fundaron fiestas dionisíacas oficiales, ahora incluyendo cultos alternativos para ganarse la adhesión del demos (pueblo) ya importante. La consumación del proceso llega cuando Pisístrato[60] instituye en Atenas de un modo fijo la celebración de las grandes Dionisias, al tiempo que manda poner por escrito la épica homérica fijando el texto que habría de llegar a nuestras manos.

Aparece de forma evidente, como indica Lan (1974) la pugna entre la religiosidad tradicional de la polis, olímpica y aristocrática, y la religiosidad clandestina de la montaña, dionisíaca y popular. Lucha que termina cuando los nuevos gobernantes, incluyen los nuevos ritos dentro de la tradición, los moderan y los cargan de formalismos que incluso les sirven para consolidar las nuevas estructuras sociales.  De esta manera Dioniso entraría a formar parte del Olimpo y de la religiosidad oficial, asimilándose a los cultos olímpicos, entre los que se acabó integrando, al no atreverse los nuevos gobernantes a romper del todo con la religiosidad aristocrática. El hijo bastardo de Zeus fue finalmente reconocido como vástago legítimo.

Los escandalosos ritos dionisiacos, aun mitigados por la formalidad, no dejaron de ser demasiado liberales para los que siglos después los heredaron. Llegarían a ser prohibidos en el año 186 a.C. por una moral mucho más rígida y conservadora que la griega, la del Senado Romano y que analizaremos más adelante.

Dioniso era el dios de la vid y del vino. Ya hemos visto que muchos otros dioses, con leyendas análogas, aparecen en las más diversas civilizaciones con notable regularidad.  Los griegos vincularon el vino a Dionisio, los romanos a Baco.  En ambos casos, las fiestas relacionadas con estos dioses coincidían con la época de la vendimia.

Algunos defienden que Dioniso es el dios tracio del vino, representando no sólo su poder tóxico sino también sus influencias sociales y beneficiosas. Es considerado promotor de la civilización, legislador y amante de la paz, así como dios protector de la agricultura y el teatro. Es inspirador de la locura ritual y el éxtasis. También es conocido como el Libertador (Eleuterio), liberando a uno de su ser normal, mediante la locura, el éxtasis o el vino.

El séquito de Dioniso era el tíaso y estaba formado principalmente por ménades[61] y bacantes[62] (sus compañeras de orgía)[63]. Esta comitiva es a menudo descrita como juerguistas borrachos. Los miembros más importantes del tíaso eran las ménades, que paulatinamente fueron sustituidas por las inmortales ninfas. También había en la comitiva del dios varios espíritus de la naturaleza, como los silenos[64] , danzarines con falos en evidencia, panes y centauros.

En la Hélade, (denominación homérica de una región de Grecia continental (el centro de Tesalia), habitada por el pueblo de los helenos) Dioniso navega con la preciosa vid y patrocina su cultivo así como la elaboración y consumo del vino.

Heródoto pensaba que el culto a Dioniso llegó más tarde a los griegos que el del resto de dioses. La mitología griega cuenta que tan pronto nació Dioniso, Zeus lo llevó a Nisa en Etiopía allende Egipto, y como con Pan[65], los griegos no saben qué fue de él tras su nacimiento. Parece claro, por lo tanto, que los griegos aprendieron los nombres de estos dos dioses más tarde que los nombres de todos los otros, y sitúan el nacimiento de ambos en el momento en que los conocieron.

Otros dicen que Dioniso es un dios griego. Se basan en el descubrimiento de unas tablillas micénicas de mitad del II Milenio a. C. En esas tablillas en las que aparecen nombres de dioses griegos está testado el nombre de Dioniso. Está probado el nombre de Dioniso en las tablillas micénicas de Pilos[66] .

Los griegos agradecían el descubrimiento del vino a Dioniso, con los juegos dionisíacos y las celebraciones más disparatadas de la antigüedad. Según la mitología, hay tres versiones de como Dioniso conoció el vino.

–  Una dice que fue en el curso de uno de sus numerosos viajes.

–  Otra que a través de su hijo, Estáfilo (literalmente, racimo) y del que dicen enseñó a los hombres a restarle fuerza al vino mezclándolo con agua.. Estáfilo, nacido de la unión de Dioniso con Ariadna, era pastor del rey Eneo[67] de Calidón. Un día se fijó en que una de las cabras de su rebaño tardaba más que las otras en volver al redil, y además lo hacía más contenta que el resto. La siguió y observó como comía las uvas, ignoradas hasta entonces por el hombre. Le llevó un racimo al rey Eneo, quien elaboró el primer vino a través de él. Precisamente de Eneo deriva el nombre de la ciencia que estudia el vino: la enología.

–  La tercera, la más trágica, relata como el mejor amigo de Dioniso, el joven Ampelos[68], murió acometido por un toro, y en su dolor, el dios hizo que brotase vino del lugar donde cayó muerto para consuelo de la Humanidad. Aquel desdichado Ampelos da nombre a la disciplina de la ampelografía.


[1] Tucídides. (Atenas, 460 a.C.-?, 395 a.C.) Historiador griego. Su padre era un propietario de minas y su madre pertenecía a la nobleza tracia, por lo que recibió una esmerada educación. En 430 a.C. enfermó durante una epidemia, pero logró sobrevivir milagrosamente.  En el 424 a.C. fue nombrado estratega en Atenas y se le confió el mando de una flota encargada de romper el asedio de Anfípolis, pero fracasó en el intento y la ciudad cayó en manos enemigas, por lo que fue condenado al exilio.

A partir de entonces dedicó su tiempo a la redacción de la Historia de la guerra del Peloponeso, una obra fundamental en la historiografía antigua, que le ha valido ser considerado como uno de los más grandes historiadores, pues, a diferencia de otros de su tiempo, basa su narración en los acontecimientos, sin hacer intervenir en ella a los dioses; todo cuanto ocurre se debe a los actos de los hombres.

No sólo eso: en su Historia, analiza los hechos buscando las razones profundas de los mismos, intenta ir más allá de lo anecdótico para penetrar en las motivaciones personales de los políticos, sus ambiciones y sus temores. Para ello, introduce a veces discursos ficticios para exponer las motivaciones de los personajes históricos.

La guerra del Peloponeso se presenta al lector como una confrontación entre dos Ligas de ciudades, una capitaneada por Atenas y la otra por Esparta, provocada por el creciente temor de los espartanos ante el imperialismo ateniense, así como ante su poder económico. En cierto modo se trata de una Historia centrada en los griegos, en la que, a diferencia de Herodoto, Tucídides no recurre a factores extraños al mundo heleno.

[2] Laertes en la mitología griega es hijo de Arcisio y Calcomedusa. Era rey de Ítaca. El título de Laertes era el de rey de Cefalonia, que heredó de su padre Arcisio y de su abuelo Céfalo. Su reino incluyó Ítaca e islas circundantes, y quizás la parte vecina del continente.

Es célebre por ser considerado por Homero como padre de Odiseo (Ulises) y Ctímene por su esposa Anticlea, hija del ladrón y argonauta Autólico. Hay, sin embargo, otras versiones en las que Odiseo habría nacido de la unión de Anticlea con Sísifo.

En la Odisea aparece Laertes en un segundo plano, retirado y triste hasta la vuelta de su hijo. Rejuvenecido el anciano monarca por Atenea, ayuda a su hijo y a su nieto en el pleito de sangre surgido contra los familiares de los pretendientes muertos. Apolodoro lo incluyó en el catálogo de los Argonautas y participó en la caza del Jabalí de Calidón.

[3] Odiseo o Ulises  fue uno de los héroes legendarios de la mitología griega que aparece como personaje de la Ilíada y es el protagonista y da nombre a la Odisea, obras ambas atribuidas a Homero. Aparecía también en varios de los poemas perdidos del llamado ciclo troyano y posteriormente en muchas otras obras. Era rey de Ítaca, una de las actuales islas Jónicas, situada frente a la costa occidental de Grecia. Hijo de Laertes y Anticlea en la Odisea; o, en relatos posteriores, de Sísifo y Anticlea. Era esposo de Penélope, padre de Telémaco y hermano mayor de Ctímene, que sufrieron esperándolo durante veinte años: diez de ellos los había pasado luchando en la guerra de Troya y los otros diez intentando regresar a Ítaca con una serie de problemas y obstáculos que tuvo que afrontar.

[4] Homero (siglo VIII a. C.) es el nombre dado al autor griego antiguo a quien tradicionalmente se le atribuye la autoría de las principales poesías épicas griegas, la Ilíada y la Odisea. Desde el periodo helenístico se ha cuestionado si el autor de ambas obras épicas fue la misma persona; sin embargo, anteriormente no sólo no existían estas dudas sino que la Ilíada y la Odisea eran considerados relatos históricos reales.  No cabe duda que es el pilar sobre el que se apoya la épica grecolatina y, por ende, la literatura occidental.

[5] Paris era hijo de Príamo y Hécuba, los reyes de Troya. Cuando la reina se hallaba en estado del futuro príncipe, tuvo un sueño en el que se revelaba que el niño destruiría su patria cuando fuera un adulto. Ante tal afirmación, el rey decidió hacerle desaparecer, pero gracias a las súplicas de su mujer logró que no lo matase y lo dejasen a cargo de unos pastores.

El juicio de Paris

Cuando creció, se convirtió en un joven que destacaba tanto en belleza como en inteligencia y habilidad militar. Llegó incluso a casarse con la ninfa Oeona. Se organizaron unos juegos en Troya en los que participó. Su destreza fue alabada incluso por los dioses. De hecho, Hermes le pidió que actuase como árbitro en una disputa en la que se encontraba inmerso: decidir qué diosa era la más bella.

Este problema se originó en la boda del rey Peleo y la nereida Tetis, los padres de Aquiles. Al final del enlace apareció la diosa Eris, la diosa de la Discordia, que no había sido invitada. Cuando llegó lanzó una manzana de oro y dijo que sería para la diosa más hermosa. Zeus se vio incapaz de decidir entre las tres candidatas: Hera, Atenea y Afrodita. Por ello, fue Paris quien tuvo que decidir quién era la más bella.

Las tres trataron de sobornarlo para que las nombrase vencedoras. Hera le ofreció poder, le prometió ser un poderoso gobernante; Atenea una gran destreza y fama militar, y por último, Afrodita le ofreció tener a la mujer más hermosa que hubiese sobre la tierra. París se decantó finalmente por Afrodita. Ésta tuvo que ayudarle a conseguir a Helena, la esposa de Menelao, que se encontraba en Esparta.

Paris y Helena

Paris llegó acompañado de la corte troyana y fue atendido personalmente por el rey Menelao, quien le dispensó grandes honores. Durante su estancia en la ciudad, trató de hacerse con el favor y el amor de Helena, ofreciéndole las mejores atenciones. Poco tiempo después, Menelao tuvo que emprender un viaje a Creta, hecho que fue aprovechado por Paris, quien le abrió su corazón a Helena e hizo que abandonase su patria para irse a Troya junto a él.

Cuando Menelao tuvo conocimiento de lo sucedido, decidió reunir a todos los reyes de Grecia, incluyendo su hermano Agamenón, para viajar hasta Troya y declararle la guerra. Durante el conflicto, Paris fue protegido en innumerables ocasiones por la diosa Afrodita hasta que finalmente Filoctetes le hirió de muerte. Oenona trató de curarlo de todas las formas posibles pero fue inútil. Paris murió a los pocos días.

[6] En la mitología griega, Menelao fue un legendario rey de la Esparta micénica, esposo de Helena, así como una figura central en la Guerra de Troya. Fue hermano de Agamenón, rey de Micenas y líder de las tropas aqueas (griegas). Prominente figura en la Ilíada y la Odisea, Menelao también fue popular en la tragedia griega. En la Odisea se le ve más como un héroe de la guerra troyana que como un miembro de la condenada familia de Atreo.

Menelao se convirtió en rey de Esparta tras casarse con Helena, quien sería raptada por Paris, hijo de Príamo, rey de Troya, dando lugar a la guerra de Troya. Bajo el mando de Agamenón, Menelao y los demás reyes griegos zarparon hacia Troya para rescatar a Helena. Al final de la guerra, Menelao fue uno de los griegos que se escondió en el caballo de Troya. Después de la guerra, Helena y Menelao se reconciliaron y trataron de regresar a Grecia, pero se vieron obligados a hacer una travesía que duró ocho años. Al fin, Menelao y Helena pudieron regresar a Esparta.

[7] En la mitología griega, la guerra de Troya fue un conflicto bélico en el que se enfrentaron una coalición de ejércitos aqueos contra la ciudad de Troya (también llamada Ilión y ubicada en Asia Menor) y sus aliados. Según Homero, se trataría de una expedición de castigo por parte de los aqueos, cuyo casus belli habría sido el rapto (o fuga) de Helena de Esparta por el príncipe Paris de Troya.

Esta guerra es uno de los ejes centrales de la épica grecolatina y fue narrada en un ciclo de poemas épicos de los que sólo dos han llegado intactos a la actualidad, la Ilíada y la Odisea, ambas obras atribuidas a Homero. La Ilíada describe un episodio de esta guerra, y la Odisea narra el viaje de vuelta a casa de Odiseo, uno de los líderes griegos. Otras partes de la historia y versiones diferentes fueron elaboradas por poetas griegos y romanos posteriores.

Los antiguos griegos creían que los hechos que Homero relató eran ciertos. Creían que esta guerra había tenido lugar en los siglos XIII a. C. o XII a. C., y que Troya estaba situada cerca del estrecho de los Dardanelos en el noroeste de la península de Anatolia (actual Turquía). Por ejemplo, el historiador Heródoto no sólo consideraba segura la guerra, sino que además para él fue la causa originaria de las enemistades entre persas y griegos.1 En tiempos modernos, en cambio, tanto la guerra como la ciudad eran consideradas mitológicas.

Pero en 1870 el arqueólogo alemán Heinrich Schliemann excavó la colina de Hisarlik, donde creía que estaba la ciudad de Troya, y halló los restos de la antigua ciudad de Nueva Ilión, bajo la cual halló otras ruinas, y debajo de éstas, otras más. Cada una de estas ruinas daba lugar a los restos de distintas ciudades que parecían haber sido habitadas en épocas distintas. Schliemann pretendía hallar la Troya homérica pero, en el curso de los años, él y sus colaboradores hallaron siete ciudades sepultadas y más tarde otras tres. Sin embargo, quedaba por decidir cuál de estas diez ciudades era la Troya de Homero. Estaba claro que la capa más profunda, Troya I, era la prehistórica, la más antigua, tan antigua que sus habitantes aún no conocían el empleo del metal, y que la capa más a flor de tierra, Troya IX, tenía que ser la más reciente.

Algunos historiadores creen que Troya VI o Troya VII deben identificarse con la ciudad homérica, porque las anteriores son pequeñas y las posteriores son asentamientos griegos y romanos. Otros historiadores opinan que los relatos de Homero son una fusión de historias de asedios y expediciones de los griegos de la Edad del Bronce o del periodo micénico, y no describen hechos reales. Los que piensan que los poemas épicos de la guerra de Troya derivan de algún conflicto real, lo fechan entre 1300 a. C.–1100 a. C.

El caballo de Troya

El caballo de Troya es un artilugio con forma de enorme caballo de madera que se menciona en la historia de la Guerra de Troya y es usado por los griegos como una estrategia para introducirse en la ciudad fortificada de Troya. Tomado por los troyanos como un signo de su victoria, el caballo fue llevado dentro de las murallas, sin saber que en su interior se ocultaban varios soldados enemigos. Durante la noche, los guerreros salieron del caballo, mataron a los centinelas y abrieron las puertas de la ciudad para permitir la entrada del ejército griego, lo que provocó la caída definitiva de Troya. La fuente más antigua que menciona el caballo de Troya, aunque de manera breve, es la Odisea de Homero. Posteriormente otros autores ofrecieron relatos más amplios del mito, entre los que destaca la narración que recoge la Eneida de Virgilio.

[8] Agamenón es uno de los más distinguidos héroes de la mitología griega cuyas aventuras se narran en la Ilíada de Homero. Hijo del rey Atreo, rey de Micenas (le sucedió en el trono) y de la reina Aérope, y hermano de Menelao, debido a la antigüedad de las fuentes no está claro si es un personaje histórico o puramente mítico.  Agamenón será uno de los principales héroes que participaron en la Guerra de Troya al ser el jefe de los griegos. Para aplacar a la diosa Artemisa, contraria a la expedición contra Troya, Agamenón no dudó en sacrificar a su hija Ifigenia, salvada in-extremis por la propia diosa. El enfrentamiento de Agamenón con Aquiles está narrado en la Iliada. Casado con Clitemnestra, murió a manos de ella ya que vivía adúlteramente con Egisto. Su hijo Orestes vengó su muerte matando a los dos asesinos

[9] En la mitología griega Príamo fue el rey mítico de Troya en la época de la Guerra de Troya. Fue hijo de Laomedonte y de la ninfa Estrimón, hija del Escamandro. Es descrito en la Ilíada dando pruebas de una inmensa bondad y de una justicia ejemplar. Al contrario que sus consejeros, no culpó a Helena de la guerra.

Príamo era demasiado viejo para tomar parte en los combates y debió limitarse a presidir los consejos. Uno a uno vio perecer a sus hijos. Su dolor llegó al paroxismo al matar Aquiles a Héctor en combate singular delante de las murallas de Troya, para luego arrastrar su cuerpo por el polvo. El anciano rey, humillado, acudió al campo enemigo al encuentro del vencedor, para suplicarle la devolución del cadáver de su hijo a cambio de un elevado rescate. El encuentro de Aquiles y de Príamo es uno de los pasajes más conmovedores de la Ilíada (Canto XXIV).

Según Apolodoro e Higino, Príamo fue muerto por Neoptólemo, el hijo de Aquiles. Cuando Troya cayó, presa del fuego, Príamo quiso tomar las armas para intentar una defensa desesperada, pero su esposa Hécuba lo arrastró hasta el altar de Zeus, al fondo del palacio, para ponerlo bajo la protección del dios. Neoptólemo, el hijo de Aquiles, lo degolló sin piedad al descubrir su escondite.

[10] Archanes está situado a apenas 14 Km. de Heraklion.  Los arqueólogos han encontrado asentamientos del Neolítico, Hay cuatro zonas arqueológicas en un radio de pocos kilómetros. Por ejemplo, Fourni es un cementerio minoico que está a la salida del pueblo, donde se encontró un entierro de una familia real, con sarcófagos y ricas ofrendas como collares de oro, preciosas cuentas de vidrio, bronces finos y exquisitos jarrones de marfil.

Vathypetro es otra zona arqueológica, situada un poco fuera de Archanes. Probablemente haya sido un complejo palacial en el camino de Knossos a la llanura Messara. El sitio arqueológico contiene una casa señorial, varios edificios, patios y talleres. Ahí están los restos de una prensa de vino, una prensa de aceite de oliva, y un horno, así como vestigios de un taller de cerámica, todos de la época minoica. Nótese que no mucho ha cambiado en la economía de la región en miles de años. Paradójicamente, la excavación de este sitio ha sido obstaculizada por el desarrollo de viñedos en las zonas aledañas

Archanes es una de las regiones vitivinícolas más importantes de Creta. Los productores locales se enorgullecen de sus viñedos orgánicos y los métodos tradicionales de producción. Las variedades de uva cultivadas aquí incluyen principalmente Kotsifali y Mandilaria, que producen vinos con sabores descritos como “terrosos, pero afrutados, con un color engañosamente ligero”.

[11] Zakros es un sitio arqueológico que se encuentra en la costa este de la isla de Creta. Se cree que pudo haber sido uno de los cuatro centros administrativos principales de la civilización minoica. Su protegido puerto y la localización le proporcionan un lugar estratégico muy importante para el comercio al este.

El palacio de Zakro fue construido originalmente alrededor del 1900 a. C., reconstruido alrededor 1600 a. C. y fue destruido alrededor 1450 a. C. junto con los otros centros principales de la civilización de minoica. En la actualidad es un sitio muy visitado por los turistas.

Fue el arqueólogo griego Nicolás Platón en 1961, quien descubrió por completo esta ciudad minoica; anteriormente también habían estado excavando en las proximidades arqueólogos ingleses como el afamado arqueólogo Evans pero este no encontró nada. La estructura es muy parecida a la de los otros palacios minoicos: patio central rodeado por los edificios que acogían las habitaciones privadas y los almacenes. La entrada principal se sitúa en el ala este, reservada para los aposentos reales y estaba conectada al puerto. El ala oeste estaba ocupada por los edificios religiosos, en el ala norte los almacenes y en la zona sur los artesanos. Por la situación de Zakros y los restos hallados, se demuestra que era un importante centro en el comercio con el Asia Menor y Egipto

[12] Cnosos o Cnoso  fue la ciudad más importante de la civilización minoica, que alcanzó su máximo esplendor en el segundo milenio a.C, siendo el complejo palacial más antiguo de Europa.

La civilización minoica surge durante la edad del Bronce, y se desarrolló en la isla de Creta. Fue una de las tres culturas principales de la civilización del Egeo, junto con la cicládica, que se desarrolló en las islas Cícladas, y la civilización micénica.

Los reyes de Cnosos alcanzaron su mayor poder hacia 1600 a. C., debido a que controlaban la zona del mar Egeo y comerciaban con el rico Egipto. La caída de la civilización minoica y la destrucción de Cnosos acontecieron al comienzo del periodo de mayor prosperidad de la civilización micénica, en Grecia; esta circunstancia sugiere la hipótesis de que los reyes micénicos atacaron y destruyeron las ciudades de la floreciente civilización minoica.

[13] Palekastro es un pequeño pueblo en el extremo oriental de la isla mediterránea de Creta. Ya en época minoica era un centro de comercio. El puerto de Itanos, hoy varios metros bajo el nivel del mar, se menciona en la antigüedad. Los minoicos establecieron  asentamientos con objetivos comerciales cerca de la playa de Chiona.  Fue excavado por los arqueólogos ingleses, mostrando claramente que la región era uno de los centros comerciales más importantes de la cultura minoica en el extremo oriental de la isla de Creta. El Kouros Palaikastro es una figura tallada de un joven que fue recuperado en fragmentos entre 1987 y 1990.

[14] Lineal B es el sistema de escritura usado para escribir el griego micénico, desde el 1600 hasta el 1110 a. C. Precedió en varios siglos al uso del alfabeto para escribir la lengua griega. El lineal B consiste de signos silábicos, es decir, que cada uno de los signos representa una sílaba, y de un gran número de signos ideográficos. En 1900, sir Arthur Evans encontró los primeros vestigios en Cnosos (Creta).

Las tablillas son listas de compras, ventas o entregas de productos manufacturados o materias primas (prendas, bronce, aceite…), de ganado o de esclavos a particulares, talleres u otros palacios, inventarios (de armas, carros, caballos…), ofrendas a deidades o a santuarios (de miel, vino…), listas de trabajadores de palacio, su trabajo y remuneración etc.

[15]Semele es hija de Cadmo, rey de Tebas, y de Harmonía, hermana de Ágave, Autónoe, Ino y Polidoro.

Sémele recibía a Zeus secretamente en sus habitaciones. Recelosa Hera, esposa de Zeus, tomó forma de la vieja Béroe, nodriza de Sémele y acudió junto a ella. Intentó convencerla de que abandonara su relación con Zeus, pero al no conseguirlo decidió castigar a la atrevida amante de su esposo. Para ello empezó a decirle que su amante no era Zeus, sino un hombre corriente que se aprovechaba de su ingenuidad, que le pidiera alguna prueba de su divinidad. Convencida por fin, Sémele pidió a Zeus que le demostrara su poder, y éste, encantado porque Sémele iba a darle un hijo, le prometió concederle cuanto le pidiera; ella, aleccionada por Hera, le pidió que se le apareciera con todo su esplendor. Aunque Zeus intentó convencerla de que pidiera otra cosa, ella no quiso y Zeus tuvo que cumplir. Al aparecer en todo su esplendor de dios, los rayos que despedía abrasaron a Sémele.

Hermes arrancó del vientre de Sémele al hijo nonato y lo cosió al muslo de Zeus. Varios meses después nació el niño, llamado Dioniso (‘dos veces nacido’).

Se dice que más tarde, Dioniso logró rescatarla del Hades, y la hizo inmortal dándole el nombre de Tione (la ardiente), adorada como diosa del matrimonio. Para ello descendió por Lerna al Tártaro, donde sobornó a Perséfone con el regalo de un mirto para que dejase en libertad a su madre difunta, quien ascendió con él al templo de Artemisa en Trecén. El nombre lo acordó Dioniso con Zeus para evitar el enojo de Hera y los celos de otras almas.

[16] Eurípides (Salamina, 480 a. C. – Pella, 406 a. C.) fue uno de los tres grandes poetas trágicos griegos de la Antigüedad, junto con Esquilo y Sófocles.  Se cree que escribió 92 tragedias, conocidas por los títulos o por fragmentos, pero se conservan sólo 19 de ellas. Sus obras tratan de leyendas y eventos de la mitología de un tiempo lejano, muy anterior al siglo V a. C. de Atenas, pero aplicables al tiempo en que escribió, sobre todo a las crueldades de la guerra

[17] Las Bacantes o Las Báquides es el título de una tragedia de Eurípides datada en el año 409 a. C. y representada en 405 a. C., tras la muerte de su autor. El argumento es el siguiente: En Tebas gobierna el tirano Penteo. El dios Dioniso, acompañado de las ménades, llega a la ciudad con la intención de expandir su culto y realizar fiestas orgiásticas. El tirano teme por la llegada de un dios que altera el orden y al que muchas mujeres, entre ellas su madre, se unen. Penteo decide espiar, con actitud morbosa, al dios y las bacantes, pero es descubierto y las seguidoras del dios, incluida la madre, descuartizan su cuerpo. Cuando su madre recupera la consciencia y reconoce a su hijo se lamenta de la desgracia.

[18] Arquelao I fue un rey de Macedonia, de 413-399 a. C. Era hijo de Pérdicas II de Macedonia y de una esclava. Subió al trono tras asesinar a los herederos legítimos. No obstante, fomentó el engradecimiento de Macedonia, y se esforzó por helenizar el reino. Fue tan famoso por sus grandes obras como por sus crímenes.  Fue un gran restaurador del Estado macedonio y fue reconocido como poseedor de una gran cultura y sostuvo contactos culturales y artísticos con la Grecia meridional

[19] Orfeo es un personaje de la mitología griega. Según los relatos, cuando tocaba su lira, los hombres se reunían para oírlo y hacer descansar su alma. Así enamoró a la bella Eurídice y logró dormir al terrible Cerbero cuando bajó al inframundo a intentar resucitarla. Orfeo era de origen tracio. En su honor se desarrollaron los Misterios Órficos, rituales de contenido poco conocido.  Se le supone como uno de los pioneros de la civilización, habiendo enseñado a la humanidad las artes de la medicina, la escritura y la agricultura. En su aspecto más conectado con la vida religiosa, fue augur y profeta. Practicó las artes de la magia, en especial la astrología. Fundó o hizo accesibles muchos cultos importantes, como los de Apolo y Dionisos; instituyó ritos místicos, tanto públicos como privados; prescribió rituales iniciatorios y de purificación

[20] Los misterios órficos se relacionan con el culto de Dionisio.  Según el orfismo, los hombres han nacido de la ceniza de los titanes aniquilados por el rayo de Zeus. Los titanes habían despedazado antes a Dionisio en forma de toro, y se lo habían comido. Así explican el antiguo ser del hombre. Su cuerpo procede de los titanes y es perecedero. Pero el alma procede de dios y es eterna, no ha nacido ni puede morir. Las almas llevaban una existencia preterrenal, pero por alguna culpa que han cometido han sido desterradas del círculo de los bienaventurados y han entrado en el mundo terreno de los cuerpos de animales y hombres hasta que la progresiva purificación les salve del “círculo de la generación”. Y así vuelvan a la bienaventurada existencia divina. Es una teoría de la transmigración de las almas en la que el cuerpo es una prisión. Para que se libere de estas cadenas Orfeo muestra al alma el sendero de la salud en la ascesis: Abstención de comer carne, y así se condenan también los sacrificios animales. Esto invierte el concepto de existencia homérico en el que la existencia verdadera es la terrena, y la vida verdadera ahora será la del más allá.  Acabó influyendo en hombres como Pitágoras, Empédocles y Platón. Se difundió por toda Grecia y Delfos contribuyó a prestigiarla, adoptando la exigencia de purificación: Se prohíbe el acceso al santuario a individuos que han incurrido en culpa de sangre, y los sacrificios y los dones sagrados no reciben su valor por el material que tengan, sino como expresión del ánimo piadoso y puro del donador, por reducido que sea el valor material (algo similar aparece en el Nuevo Testamento).Ante los hombres que no quedaban satisfechos con la vieja religión, se abrían ahora 2 caminos: La mística, con su saber de salvación; o el pensamiento libre y la investigación, que comenzaba en la filosofía jónica.

[21] El ditirambo es una composición lírica griega dedicada al dios Dioniso; fuera de su contexto propio, se utiliza a veces con el sentido laxo de alabanza exagerada o encomio excesivo.

Arión, en Corinto siglo VII a. C. Laso de Hermíone, Atenas, y en el 509 a. C. se convirtió en un elemento de competición en los festivales dedicados a Dioniso. Simónides, Píndaro y Baquílides escribieron ditirambos. De los dos primeros sólo se conservan fragmentos; en cambio, de Baquílides queda bastante. El coro ditirámbico no lleva máscara y cantaban en círculo en la orchestra. La narración juega un papel importante en estos poemas, pero el tema no tiene por qué estar relacionado con Dioniso. Después de Baquílides el componente musical del ditirambo parece que incrementó su importancia a costa de las palabras, pero como la música no ha sobrevivido no podemos discernir lo que ocurrió. Antes de esta época el ditirambo se compuso de forma regular en estrofas y antístrofas, pero a partir de entonces se abandonó esta correspondencia en favor de un estilo de composición más libre, con solos cantados. El lenguaje se hizo rebuscado y artificial. Tespis, director de un coro del siglo VI a C, creó el drama al distinguir dos secciones en el coro de un ditirambo: el papel del personaje principal, y el del resto del coro.

[22] Arión de Lesbos o de Metimna fue un tañedor de lira o cítara, considerado el mejor de su tiempo (siglo VII a. C.). Personaje legendario, se le consideraba hijo de la ninfa Oncea y de Ciclón o Poseidón. Aunque había nacido en la ciudad de Metimna, en la isla de Lesbos, pasó la mayor parte de su vida en la ciudad de Corinto, donde sus cantos en honor a Dionisio (como el famoso ditirambo) se hicieron muy populares. Fue precursor de la tragedia.

[23] La hibris o hybris es un concepto griego que puede traducirse como ‘desmesura’ y que en la actualidad alude a un orgullo o confianza en sí mismo muy exagerada, especialmente cuando se ostenta poder. En la Antigua Grecia aludía a un desprecio temerario hacia el espacio personal ajeno unido a la falta de control sobre los propios impulsos, siendo un sentimiento violento inspirado por las pasiones exageradas, consideradas enfermedades por su carácter irracional y desequilibrado, y más concretamente por Ate (la furia o el orgullo). Como reza el famoso proverbio antiguo, erróneamente atribuido a Eurípides: Áquel a quien los dioses quieren destruir, primero lo vuelven loco.

[24] Algunos estudios afirman que el poder de los misterios eleusinos procedía de la función del kykeon como agente psicodélico.  El trigo y la cebada podrían haber sido parasitados por el hongo Claviceps purpurea, cuyo esclerocio (forma de resistencia del hongo) se conoce como cornezuelo del centeno, nombre justificado por ser el centeno la especie más susceptible de ser atacada. Del cornezuelo se pueden aislar un conjunto de metabolitos como la amida de ácido D-lisérgico (LSA), un precursor de la dietilamida del ácido lisérgico (LSD). Es, por lo tanto, posible que los iniciantes, sensibilizados por su ayuno y preparados por las ceremonias precedentes, fueran elevados por los efectos de una potente poción psicoactiva a estados mentales revelatorios con profundas ramificaciones espirituales e intelectuales.

[25] Los misterios eleusinos eran ritos de iniciación anuales al culto a las diosas Deméter y Perséfone que se celebraban en Eleusis (cerca de Atenas), en la antigua Grecia. De todos los ritos celebrados en la antigüedad, estos eran considerados los de mayor importancia. Estos mitos y misterios se extendieron posteriormente al Imperio Romano. Los ritos, así como las adoraciones y creencias del culto, eran guardados en secreto, y los ritos de iniciación unían al adorador con el dios, incluyendo promesas de poder divino y recompensas en la otra vida.  Los misterios estaban basados en un mito protagonizado por Deméter. Su hija, Perséfone, fue secuestrada por Hades, el dios de la muerte y el inframundo. Deméter era la diosa de la vida, la agricultura y la fertilidad. Descuidó sus deberes mientras buscaba a su hija, por lo que la Tierra se heló y la gente pasó hambre: el primer invierno. Durante este tiempo Deméter enseñó los secretos de la agricultura a Triptólemo. Finalmente Deméter se reunió con su hija y la tierra volvió a la vida: la primera primavera. Desafortunadamente, Perséfone no podía permanecer indefinidamente en la tierra de los vivos, pues había comido unas pocas semillas de una granada que Hades le había dado, y aquellos que prueban la comida de los muertos ya no pueden regresar. Se llegó a un acuerdo por el que Perséfone permanecería con Hades durante un tercio del año (el invierno, puesto que los griegos sólo tenían tres estaciones, omitiendo el otoño) y con su madre los restantes ocho meses.

Los misterios eleusinos celebraban el regreso de Perséfone, pues éste era también el regreso de las plantas y la vida a la tierra. Perséfone había comido semillas (símbolos de la vida) mientras estuvo en el inframundo (el subsuelo, como las semillas en invierno) y su renacimiento es, por tanto, un símbolo del renacimiento de toda la vida vegetal durante la primavera y, por extensión, de toda la vida sobre la tierra.

[26] En la mitología griega, Némesis (llamada Ramnusia, la “diosa de Ramnonte” en su santuario de esta ciudad) es la diosa de la justicia retributiva, la solidaridad, la venganza y la fortuna. Castigaba a los que no obedecían a aquellas personas con derecho a mandarlas y, sobre todo, a los hijos desobedientes a sus padres. Recibía los votos y juramentos secretos de su amor y vengaba a los amantes infelices o desgraciados por el perjurio o la infidelidad de su amante.

Su equivalente romana, casi en todo, era Envidia, aunque en el lenguaje usual en español y otros idiomas romances, en el presente se usa la palabra Némesis o némesis con el significado de alguien que es artífice de una venganza en cuanto es la justicia retributiva.

[27]  Sófocles (Colona, hoy parte de Atenas, actual Grecia, 495 a.C.-Atenas, 406 a.C.) Poeta trágico griego. Hijo de un rico armero llamado Sofilo, a los dieciséis años fue elegido director del coro de muchachos para celebrar la victoria de Salamina. En el 468 a.C. se dio a conocer como autor trágico al vencer a Esquilo en el concurso teatral que se celebraba anualmente en Atenas durante las fiestas dionisíacas, cuyo dominador en los años precedentes había sido Esquilo

Comenzó así una carrera literaria sin parangón: Sófocles llegó a escribir hasta 123 tragedias para los festivales, en los que se adjudicó, se estima, 24 victorias, frente a las 13 que había logrado Esquilo. Se convirtió en una figura importante en Atenas, y su larga vida coincidió con el momento de máximo esplendor de la ciudad.

Amigo de Herodoto y Pericles, no mostró demasiado interés por la política, pese a lo cual fue elegido dos veces estratego y participó en la expedición ateniense contra Samos (440), acontecimiento que recoge Plutarco en sus Vidas paralelas. Su muerte coincidió con la guerra con Esparta que habría de significar el principio del fin del dominio ateniense, y se dice que el ejército atacante concertó una tregua para que se pudieran celebrar debidamente sus funerales.

De su enorme producción, sin embargo, se conservan en la actualidad, aparte de algunos fragmentos, tan sólo siete tragedias completas: Antígona, Edipo Rey, Áyax, Las Traquinias, Filoctetes, Edipo en Colona y Electra. A Sófocles se deben la introducción de un tercer personaje en la escena, lo que daba mayor juego al diálogo, y el hecho de dotar de complejidad psicológica al héroe de la obra.

En Antígona opone dos leyes: la de la ciudad y la de la sangre; Antígona quiere dar sepultura a su hermano muerto, que se había levantado contra la ciudad, ante la oposición del tirano Creonte, quien al negarle sepultura pretende dar ejemplo a la ciudad. La tensión del enfrentamiento mantiene en todo momento la complejidad y el equilibrio, y el destino trágico se abate sobre los dos, pues también a ambos corresponde la «hybris», el orgullo excesivo.

Edipo rey es quizá la más célebre de sus tragedias, y así Aristóteles la consideraba en su Poética como la más representativa y perfecta de las tragedias griegas, aquella en que el mecanismo catártico final alcanza su mejor clímax. También es una inmejorable muestra de la llamada ironía trágica, por la que las expresiones de los protagonistas adquieren un sentido distinto del que ellos pretenden; así sucede con Edipo, empeñado en hallar al culpable de su desgracia y la de su ciudad, y abocado a descubrir que este culpable es él mismo, por haber transgredido, otra vez, la ley de la naturaleza y de la sangre al matar a su padre y yacer con su madre, aun a su pesar.

El enfrentamiento entre la ley humana y la ley natural es central en la obra de Sófocles, de la que probablemente sea cierto decir que representa la más equilibrada formulación de los conflictos culturales de fondo a los que daba salida la tragedia griega.

[28] Aristófanes  (Atenas, 450 a.C.-id., 385 a.C.) Comediógrafo griego. Poco se sabe sobre su vida, tan sólo algunos detalles extraídos de su obra, de la que se conserva una cuarta parte. Fue un ciudadano implicado en la política ateniense: participó en las luchas políticas para la instauración del Partido Aristocrático y, desde sus filas, mostró su desacuerdo con la manera de gobernar de los demócratas. Se opuso a la guerra del Peloponeso, porque llevaba a la miseria a los campesinos del Ática, en una guerra fratricida que denunció sobre todo en Lisístrata.

Su postura conservadora le llevó a defender la validez de los tradicionales mitos religiosos y se mostró reacio ante cualquier nueva doctrina filosófica. Especialmente conocida es su animadversión hacia Sócrates, a quien en su comedia Las nubes presenta como a un demagogo dedicado a inculcar todo tipo de insensateces en las mentes de los jóvenes. En el terreno artístico tampoco se caracterizó por una actitud innovadora; consideraba el teatro de Eurípides como una degradación del teatro clásico.

De sus cuarenta comedias, nos han llegado íntegras once, que son además las únicas comedias griegas conservadas; es difícil, por tanto, establecer el grado de originalidad que se le atribuye como máximo representante de este género. Sus comedias se basan en un ingenioso uso del lenguaje, a menudo incisivo y sarcástico, y combinan lo trivial y cotidiano con pausadas exposiciones líricas que interrumpen la acción. Constituye ésta una fórmula personal, que nunca ha sido adaptada, ni por los latinos ni durante el Renacimiento.

[29] Plutarco. (Queronea, hoy desaparecida, actual Grecia, h. 50-id., h. 120) Historiador griego. A los veinte años se desplazó a Atenas para estudiar matemáticas y filosofía. Fue discípulo del filósofo Ammonio Saccas. Aunque viajó por casi todo el Imperio, la mayor parte de su vida residió en Queronea, donde desempeñó numerosos cargos públicos. Estuvo vinculado a la Academia platónica de Atenas, y fue sacerdote de Apolo en Delfos.

Debe su fama a Vidas paralelas, una serie de biografías de ilustres personajes griegos y romanos, agrupados en parejas a fin de establecer una comparación entre figuras de una y de otra cultura. Se conservan 22 Vidas, que constituyen una importante fuente de información sobre la Antigüedad por la gran cantidad de anécdotas y detalles históricos que contienen. La sobriedad del relato y el sentido dramático de la obra ha sido fuente de inspiración de grandes escritores, entre ellos William Shakespeare.

El resto de sus escritos, agrupados bajo el título de Obras morales (78 tratados, recopilaciones o biografías dedicadas a temas muy diversos, escritos en distintas épocas), recogen serias discusiones filosóficas de raíz platónica y diatribas de carácter retórico. Más moralista que filósofo e historiador, fue uno de los últimos grandes representantes del helenismo cuando éste llegaba a su fin.

[30] Friedrich Nietzsche. (Röcken, actual Alemania, 1844-Weimar, id., 1900) Filósofo alemán, nacionalizado suizo. Su abuelo y su padre fueron pastores protestantes, por lo que se educó en un ambiente religioso. Tras estudiar filología clásica en las universidades de Bonn y Leipzig, a los veinticuatro años obtuvo la cátedra extraordinaria de la Universidad de Basilea; pocos años después, sin embargo, abandonó la docencia, decepcionado por el academicismo universitario. En su juventud fue amigo de Richard Wagner, por quien sentía una profunda admiración, aunque más tarde rompería su relación con él.

La vida del filósofo fue volviéndose cada vez más retirada y amarga a medida que avanzaba en edad y se intensificaban los síntomas de su enfermedad, la sífilis. En 1882 pretendió en matrimonio a la poetisa Lou Andreas Salomé, por quien fue rechazado, tras lo cual se recluyó definitivamente en su trabajo. Si bien en la actualidad se reconoce el valor de sus textos con independencia de su atormentada biografía, durante algún tiempo la crítica atribuyó el tono corrosivo de sus escritos a la enfermedad que padecía desde joven y que terminó por ocasionarle la locura.

Los últimos once años de su vida los pasó recluido, primero en un centro de Basilea y más tarde en otro de Naumburg, aunque hoy es evidente que su encierro fue provocado por el desconocimiento de la verdadera naturaleza de su dolencia. Tras su
fallecimiento, su hermana manipuló sus escritos, aproximándolos al ideario del movimiento nazi, que no dudó en invocarlos como aval de su ideología; del conjunto de su obra se desprende, sin embargo, la distancia que lo separa de ellos.

Entre las divisiones que se han propuesto para las obras de Nietzsche, quizá la más sincrética sea la que distingue entre un primer período de crítica de la cultura y un segundo período de madurez en que sus obras adquieren un tono más metafísico, al tiempo que se vuelven más aforísticas y herméticas. Si el primer aspecto fue el que más impacto causó en su época, la interpretación posterior, a partir de Heidegger, se ha fijado, sobre todo, en sus últimas obras.

Como crítico de la cultura occidental, Nietzsche considera que su sentido ha sido siempre reprimir la vida (lo dionisíaco) en nombre del racionalismo y de la moral (lo apolíneo); la filosofía, que desde Platón ha transmitido la imagen de un mundo inalterable de esencias, y el cristianismo, que propugna idéntico esencialismo moral, terminan por instaurar una sociedad del resentimiento, en la que el momento presente y la infinita variedad de la vida son anulados en nombre de una vida y un orden ultraterrenos, en los que el hombre alivia su angustia.

Su labor hermenéutica se orienta en este período a mostrar cómo detrás de la racionalidad y la moral occidentales se hallan siempre el prejuicio, el error o la mera sublimación de los impulsos vitales. La «muerte de Dios» que anuncia el filósofo deja al hombre sin la mezquina seguridad de un orden trascendente, y por tanto enfrentado a la lucha de distintas voluntades de poder como único motor y sentido de la existencia. El concepto de voluntad de poder, perteneciente ya a sus obras de madurez, debe interpretarse no tanto en un sentido biológico como hermenéutico: son las distintas versiones del mundo, o formas de vivirlo, las que se enfrentan, y si Nietzsche ataca la sociedad decadente de su tiempo y anuncia la llegada de un superhombre, no se trata de que éste posea en mayor grado la verdad sobre el mundo, sino que su forma de vivirlo contiene mayor valor y capacidad de riesgo.

Otra doctrina que ha dado lugar a numerosas interpretaciones es la del eterno retorno, según la cual la estructura del tiempo sería circular, de modo que cada momento debería repetirse eternamente. Aunque a menudo Nietzsche parece afirmar esta tesis en un sentido literal, ello sería contradictorio con el perspectivismo que domina su pensamiento, y resulta en cualquier caso más sugestivo interpretarlo como la idea regulativa en que debe basarse el superhombre para vivir su existencia de forma plena, sin subterfugios, e instalarse en el momento presente, puesto que si cada momento debe repetirse eternamente, su fin se encuentra tan sólo en sí mismo, y no en el futuro.

[31] El nacimiento de la tragedia en el espíritu de la música es la primera obra del filósofo alemán. En este libro, controvertido en su tiempo, no sólo expone de forma sistemática el contenido de su estudio de los griegos, sino que también empieza a moldear su filosofía, que ya estaba influenciada por los pensamientos de Schopenhauer y por la música de Richard Wagner. Este texto es un híbrido entre filosofía y filología, razón por la cual el propio Nietzsche lo calificó de “centauro”. Trata del nacimiento de la tragedia ática, de los motivos estéticos que la inspiraron y de las causas de su desaparición. En sentido nietzscheano, el objetivo de este libro es explicar la interpretación de tragedia en la antigua Grecia, que difiere del concepto contemporáneo de la misma.

La obra desarrolla la tesis según la cual dos grandes fuerzas opuestas gobiernan el arte: la fuerza dionisíaca y la fuerza apolínea. Estas dos fuerzas otrora unidas en la tragedia griega, fueron separadas por el triunfo de la racionalidad con Eurípides y Sócrates. Nietzsche tenía la esperanza de reencontrar esa antigua unión en la música de Richard Wagner a quien dedicó esta obra.  La tesis principal del libro establece que el arte se asienta sobre dos nociones fundamentales que los griegos de la época arcaica y de la época clásica, es decir, los griegos previos a Sócrates, supieron mezclar con el más grande ingenio. Estas dos nociones corresponden a dos impulsos fundamentales de la naturaleza que son simbolizados por dos dioses griegos: Dionisos y Apolo.

[32] En la mitología griega, los titanes, masculino, y titánides, femenino, eran una raza de poderosos dioses que gobernaron durante la legendaria Edad de Oro.

Los titanes fueron doce desde su primera aparición literaria, en la Teogonía de Hesíodo; aunque en su Biblioteca mitológica, Apolodoro añade una decimotercera: Dione, desdoblamiento de la titánide Tea.

Los titanes estaban relacionados con diversos conceptos primordiales, algunos de los cuales simplemente se extrapolaban de sus nombres: el océano y la fructífera tierra, el Sol y la Luna, la memoria y la ley natural. Los doce titanes de la primera generación fueron liderados por el más joven, Crono, quien derrocó a su padre Urano (Cielo) a instancia de su madre, Gea (Tierra).

Posteriormente los titanes engendraron una segunda generación, destacando los hijos de Hiperión (Helios, Eos y Selene), las hijas de Ceo (Leto y Asteria) y los hijos de Jápeto (Prometeo, Epimeteo, Atlas y Menecio).

Los titanes precedieron a los doce dioses olímpicos, quienes, guiados por Zeus, terminaron derrocándolos en la titanomaquia (guerra de los titanes). La mayoría de ellos fueron entonces encarcelados en el Tártaro, la región más profunda del inframundo.

[33] Sócrates. (Atenas, 470 a.C.-id., 399 a.C) Filósofo griego. Fue hijo de una comadrona, Faenarete, y de un escultor, Sofronisco, emparentado con Arístides el Justo. Pocas cosas se conocen con certeza de la biografía de Sócrates, aparte de que participó como soldado de infantería en las batallas de Samos (440), Potidea (432), Delio (424) y Anfípolis (422). Fue amigo de Aritias y de Alcibíades, al que salvó la vida.

La mayor parte de cuanto se sabe sobre él procede de tres contemporáneos suyos: el historiador Jenofonte, el comediógrafo Aristófanes y el filósofo Platón. El primero retrató a Sócrates como un sabio absorbido por la idea de identificar el conocimiento y la virtud, pero con una personalidad en la que no faltaban algunos rasgos un tanto vulgares. Aristófanes lo hizo objeto de sus sátiras en una comedia, Las nubes (423), donde se le identifica con los demás sofistas y es caricaturizado como engañoso artista del discurso.

Estos dos testimonios matizan la imagen de Sócrates ofrecida por Platón en sus Diálogos, en los que aparece como figura principal, una imagen que no deja de ser en ocasiones excesivamente idealizada, aun cuando se considera que posiblemente sea la más justa.

Se tiene por cierto que Sócrates se casó, a una edad algo avanzada, con Xantipa, quien le dio dos hijas y un hijo. Cierta tradición ha perpetuado el tópico de la esposa despectiva ante la actividad del marido y propensa a comportarse de una manera brutal y soez.

En cuanto a su apariencia, siempre se describe a Sócrates como un hombre rechoncho, con un vientre prominente, ojos saltones y labios gruesos, del mismo modo que se le atribuye también un aspecto desaliñado. Sócrates se habría dedicado a deambular por las plazas y los mercados de Atenas, donde tomaba a las gentes del común (mercaderes, campesinos o artesanos) como interlocutores para someterlas a largos interrogatorios.

Este comportamiento correspondía, sin embargo, a la esencia de su sistema de enseñanza, la mayéutica, que él comparaba al arte que ejerció su madre: se trataba de llevar a un interlocutor a alumbrar la verdad, a descubrirla por sí mismo como alojada ya en su alma, por medio de un diálogo en el que el filósofo proponía una serie de preguntas y oponía sus reparos a las respuestas recibidas, de modo que al final fuera posible reconocer si las opiniones iniciales de su interlocutor eran una apariencia engañosa o un verdadero conocimiento.

[34] El Banquete o El Simposio es un diálogo platónico compuesto hacia el año 380 a. C. que versa sobre el amor. Esta obra, junto al Fedro, conformó la idea de amor platónico. Platón hace conversar a varios comensales entre los que se encuentran Pausanias, Fedro, Erixímaco, Aristófanes y Sócrates. Sócrates plantea cuatro pasos del amor hacia llegar al amor virtuoso. En primer lugar se ama un cuerpo bello, sin embargo, al tiempo aparece la decepción, que posibilita un ascenso hacia el amor por la belleza de los cuerpos, nuevamente se llega a un nuevo amor, esta vez por un alma bella, que finalmente desemboca en el amor por las bellas ideas que el alma contempla, es decir que se aman las ideas en sí y éstas son contempladas por el alma. Vemos como, siempre es necesaria la descepción para pasar a un estado superior de amor, llegando finalmente al estado del amor virtuoso que se orienta hacia las bellas ideas.

[35] Platón. Filósofo griego (Atenas, 427 – 347 a. C.). Nacido en el seno de una familia aristocrática, abandonó su vocación política por la Filosofía, atraído por Sócrates. Siguió a éste durante veinte años y se enfrentó abiertamente a los sofistas (Protágoras, Gorgias, etc.. Tras la muerte de Sócrates (399 a. C.), se apartó completamente de la política; no obstante, los temas políticos ocuparon siempre un lugar central en su pensamiento, y llegó a concebir un modelo ideal de Estado. Viajó por Oriente y el sur de Italia, donde entró en contacto con los discípulos de Pitágoras; luego pasó algún tiempo prisionero de unos piratas, hasta que fue rescatado y pudo regresar a Atenas.

Allí fundó una escuela de Filosofía en el 387, situada en las afueras de la ciudad, junto al jardín dedicado al héroe Academo, de donde procede el nombre de Academia. La Escuela, una especie de secta de sabios organizada con sus reglamentos, residencia de estudiantes, biblioteca, aulas y seminarios especializados, fue el precedente y modelo de las modernas instituciones universitarias.

En ella se estudiaba y se investigaba sobre todo tipo de asuntos, dado que la Filosofía englobaba la totalidad del saber, hasta que paulatinamente fueron apareciendo -en la propia Academia- las disciplinas especializadas que darían lugar a ramas diferenciadas del saber, como la Lógica, la Ética o la Física. Pervivió más de novecientos años, hasta que Justiniano la mandó cerrar en el 529 d. C., y en ella se educaron personajes de importancia tan fundamental como Aristóteles.

A diferencia de Sócrates, que no dejó obra escrita, los trabajos de Platón se han conservado casi completos y se le considera por ello el fundador de la Filosofía académica (a pesar de que su obra es fundamentalmente un desarrollo del pensamiento socrático). La mayor parte están escritos en forma de Diálogos, como los de La República, Las Leyes, El Banquete, Fedro o Fedón.

El contenido de estos escritos es una especulación metafísica, pero con evidente orientación práctica. El mundo del verdadero ser es el de las ideas, mientras que el mundo de las apariencias que nos rodean está sometido a continuo cambio y degeneración. Igualmente, el hombre es un compuesto de dos realidades distintas unidas accidentalmente: el cuerpo mortal (relacionado con el mundo sensible) y el alma inmortal (perteneciente al mundo de las ideas, que contempló antes de unirse al cuerpo). Este hombre dual sólo podría conseguir la felicidad mediante un ejercicio continuado de la virtud para perfeccionar el alma; y la virtud significaba, ante todo, la justicia, compendio armónico de las tres virtudes particulares, que correspondían a los tres componentes del alma: sabiduría de la razón, fortaleza del ánimo y templanza de los apetitos. El hombre auténtico será, para Platón, aquel que consiga vincularse a las ideas a través del conocimiento, acto intelectual -y no de los sentidos- consistente en que el alma recuerde el mundo de las ideas del cual procede.

Sin embargo, la completa realización de este ideal humano sólo puede realizarse en la vida social de la comunidad política, donde el Estado da armonía y consistencia a las virtudes individuales. El Estado ideal de Platón sería una República formada por tres clases de ciudadanos -el pueblo, los guerreros y los filósofos-, cada una con su misión específica y sus virtudes características: los filósofos serían los llamados a gobernar la comunidad, por poseer la virtud de la sabiduría; mientras que los guerreros velarían por el orden y la defensa, apoyándose en su virtud de la fortaleza; y el pueblo trabajaría en actividades productivas, cultivando la templanza.

Las dos clases superiores vivirían en un régimen comunitario donde todo (bienes, hijos y mujeres) pertenecería al Estado, dejando para el pueblo llano instituciones como la familia y la propiedad privada; y sería el Estado el que se encargaría de la educación y de la selección de los individuos en función de su capacidad y sus virtudes, para destinarlos a cada clase. La justicia se lograría colectivamente cuando cada individuo se integrase plenamente en su papel, subordinando sus intereses a los del Estado.

Platón intentó plasmar en la práctica sus ideas filosóficas, aceptando acompañar a su discípulo Dión como preceptor y asesor del joven rey Dionisio II de Siracusa; el choque entre el pensamiento idealista del filósofo y la cruda realidad de la política hizo fracasar el experimento por dos veces (367 y 361 a. C.).

Sin embargo, las ideas de Platón siguieron influyendo -por sí o a través de su discípulo Aristóteles- sobre toda la historia posterior del mundo occidental: su concepción dualista del ser humano o la división de la sociedad en tres órdenes funcionales serían ideas recurrentes del pensamiento europeo durante siglos. Al final de la Antigüedad, el platonismo se enriqueció con la obra de Plotino y la escuela neoplatónica (siglo III d. C.).

[36] Alcibiades. Militar y político griego (Atenas, h. 450 – Melisa, Frigia, 404 a.C.). De procedencia aristocrática, fue educado por su primo Pericles y compartió amistad con Sócrates. Durante su juventud se hizo notar entre la alta sociedad ateniense por su elegancia y sus aventuras.

Entró en política adoptando un discurso demagógico para rivalizar con Nicias, al cual apoyaba el partido aristocrático; denunció la política pacifista de éste (“Paz de los cincuenta años”, 421 a. C.) como reflejo de una actitud favorable a Esparta. Así consiguió que Atenas se comprometiera en una serie de alianzas que la llevaron de nuevo a la guerra; la consiguiente derrota frente a Esparta en la batalla de Mantinea (418) llevó a Alcibíades a ser nombrado estratega junto con Nicias.

En el 415 promovió una expedición para liberar a las ciudades sicilianas de la hegemonía de Siracusa. Pero su ausencia de Atenas fue aprovechada por sus enemigos para acusarle de sacrilegio (por la mutilación de las estatuas de Hermes y la parodia de los Misterios de Eleusis). Enviada una galera para conducirle a Atenas, consiguió huir y se colocó bajo la protección de Esparta.

Desde entonces se convirtió en enemigo de Atenas e impulsó a Esparta a una actitud belicista (Guerra de Deceia, 413); pero también de allí tuvo que huir, por los recelos que despertaba entre los generales espartanos e incluso en el rey Agis, a cuya mujer había seducido.

[37] Escritora británica naturalizada sudafricana, autora de numerosas novelas históricas ambientadas en la Antigua Grecia y novelas de temática homosexual tales como El auriga (1953) ambientado en el período que precedió la Segunda Guerra Mundial y altamente influenciado por la filosofía platónica, a la cual Mary Renault era adepta.

n 1956 Mary Renault empezó con sus brillantes reconstrucciones históricas de la Grecia antigua: El último vino (1956), El rey debe morir (1958), El toro del mar (1962), entre otras, y su genial trilogía sobre Alejandro Magno, Fuego del paraíso (1969), El muchacho persa (1972) y Juegos funerarios (1981).

[38] Los griegos solían beber el vino mezclado con agua, lo que indica que debía de ser fuerte y no muy bueno, en ocasiones lo bebían sin mezclar y así lo utilizaban para las libaciones a los dioses, denominándolo entonces vino puro. La costumbre de aguar el vino, es decir diluir con agua el contenido tras la fermentación, empezó a realizarse con los griegos. Sólo se empleaba puro en las celebraciones religiosas o rituales. Se pueden ejemplos de esta práctica en la mitología griega, de esta forma Anfictión enseñaba a la población a mezclar el agua con el vino. Hay que entender esta práctica de aguado bajo la idea de que los vinos griegos eran muy densos. Los rituales de intoxicación con vino en los simposios se denominaban enthousiasmos, que viene a significar ‘divina posesión’, se servía vino a los asistentes que bebían de una gran copa denominada psycter que se pasaban de unos a otros. Los simposiums se dividían en dos etapas claramente diferenciadas, la primera parte era de satisfacción gastronómica donde servían manjares de todo tipo. La segunda etapa, más prolongada en el tiempo, los participantes se reclinaban y se hacían servir de cerveza y vino, a menudo tomaban unos aperitivos salados denominados tragemata, generalmente compuestos de judías, frutas secas, pasteles dulces, etc. En la antigua Grecia los anfitriones (symposiarch) podían convocar una fiesta en su propia casa que denominaban Agapē (literalmente: amor fraternal), el symposiarch era el encargado de mezclar las proporciones de agua y vino para los invitados en un recipiente cóncavo denominado cráter (el vino denso antes de mezclar se denominaba acratos), a veces se delegaba esta función a los más viejos, o los que mejor conocían a los componentes de grupo.

[39] Johann Wolfgang von Goethe ( 28 de agosto de 1749, en Fráncfort del Meno, Hesse, Alemania – 22 de marzo de 1832, en Weimar, Turingia, Alemania) fue un poeta, novelista, dramaturgo y científico alemán que ayudó a fundar el romanticismo, movimiento al que influenció profundamente. Escritor alemán. Nacido en el seno de una familia patricia burguesa, su padre se encargó personalmente de su educación. En 1765 inició los estudios de derecho en Leipzig, aunque una enfermedad le obligó a regresar a Frankfurt. Una vez recuperada la salud, se trasladó a Estrasburgo para proseguir sus estudios. Fue éste un período decisivo, ya que en él se produjo un cambio radical en su orientación poética. Frecuentó los círculos literarios y artísticos del Sturm und Drang, germen del primer Romanticismo y conoció a Herder, quien lo invitó a descubrir a Homero, Ossian, Shakespeare y la poesía popular.  Fruto de estas influencias, abandonó definitivamente el estilo rococó de sus comienzos y escribió varias obras que iniciaban una nueva poética, entre ellas Canciones de Sesenheim, poesías líricas de tono sencillo y espontáneo, y Sobre la arquitectura alemana (1773), himno en prosa dedicado al arquitecto de la catedral de Estrasburgo, y que inaugura el culto al genio. En 1772 se trasladó a Wetzlar, sede del Tribunal Imperial, donde conoció a Charlotte Buff, prometida de su amigo Kestner, de la cual se prendó. Esta pasión frustrada inspiró su primera novela, Los sufrimientos del joven Werther, obra que causó furor en toda Europa y que constituyó la novela paradigmática del nuevo movimiento que estaba naciendo en Alemania, el Romanticismo.

En palabras de George Eliot fue “el más grande hombre de letras alemán… y el último verdadero hombre universal que caminó sobre la tierra”. Su obra, que abarca géneros como la novela, la poesía lírica, el drama e incluso controvertidos tratados científicos, dejó una profunda huella en importantes escritores, compositores, pensadores y artistas posteriores, siendo incalculable en la filosofía alemana posterior y constante fuente de inspiración para todo tipo de obras. Su apellido da nombre al Goethe-Institut, organismo encargado de difundir la cultura alemana en todo el mundo.

La mejor obra dramática de Goethe es sin duda el Fausto, que ha pasado a ser una obra clásica de la Literatura Universal.

La Primera Parte de esta compleja tragedia se articula en torno a dos centros fundamentales; el primero es la historia de cómo Fausto, fatigado de la vida y decepcionado de la ciencia, hace un pacto con el diablo que le devuelve la juventud a cambio de su alma; el segundo es la historia de amor entre Fausto y Gretchen, que Mefistófeles manipula de forma que Fausto llegue al homicidio – mata al hermano de su amada – y Gretchen tenga un embarazo indeseado, que le conduce primero al infanticidio y luego a ser ejecutada por asesinar a su hijo.

Rica en alusiones clásicas, en la Segunda parte de Fausto, la historia romántica de la primera parte es olvidada. Fausto se despierta en un mundo de magia para iniciar un nuevo ciclo de aventuras y objetivos. La pieza consta de cinco actos -episodios relativamente independientes- cada uno de ellos con un tema diferente. Fausto viaja en el tiempo y el espacio. Ayuda al emperador de Alemania a solucionar los problemas económicos, presencia una fiesta con todo tipo de criaturas fantásticas como grifos, ninfas, sirenas, etc y es encantado por el fantasma de Helena. Sigue a Helena a la edad antigua y con ella procrea a Euphorion, que muere al tratar de volar como le sucedió a Ícaro. Su madre Helena acompaña a Euphorion a las tinieblas dejando de nuevo a Fausto solo. Regresa junto al Emperador y gana una batalla crucial para unificar el imperio. Este le obsequia tierras en la costa. En ellas después de haber destruido otras vidas sin quererlo, muere al encontrar un lugar donde le gustaría vivir en paz para siempre.

Al final, Fausto va al cielo aún habiendo perdido la apuesta. Los ángeles declaran al final del quinto acto, con la ayuda de Margarita,

a quien siempre se esfuerza con trabajo

podemos rescatar y redimir

 

[40] Las Afinidades Electivas fue escrita en 1809, inicia la fase de madurez del escritor alemán, poniendo énfasis en los conflictos morales de la época, en los problemas matrimoniales y, cómo no, en las pasiones que determinan nuestros actos. Todo ello, basándose en la ley de la química que afecta, según la cosmovisión de Goethe, a las personas como si fueran elementos. En esta novela, Goethe pone en tela de juicio los fundamentos del matrimonio. Cuatro personas que pasan una temporada aisladas en una mansión rural se sienten atraídas de manera tal que amenazan las relaciones establecidas y esperadas. La fuerza de esta atracción es imperativa y misteriosa, igual que los poderes naturales – de donde Goethe toma prestado el título – que empujan a ciertos minerales a unirse y a otros a separarse. Las reflexiones en torno a la moral, el dominio de sí y la alienación enfermiza causada por la dificultad de enfrentar las propias pasiones hacen de Las afinidades electivas una obra de gran actualidad

[41] El Sturm und Drang (en español ‘tormenta e ímpetu’) fue un movimiento literario, que también tuvo sus manifestaciones en la música y las artes visuales, desarrollado en Alemania durante la segunda mitad del siglo XVIII.

En él se les concedió a los artistas la libertad de expresión a la subjetividad individual y, en particular, a los extremos de la emoción en contraposición a las limitaciones impuestas por el racionalismo de la Ilustración y los movimientos asociados a la estética. Así pues, se opuso a la Ilustración alemana o Aufklärung y se constituyó en precursor del Romanticismo. El nombre de este movimiento proviene de la pieza teatral homónima, escrita por Friedrich Maximilian Klinger en 1776.

[42] En la religión católica, se entiende por libro canónico cada uno de los incluidos en el canon o catálogo de los libros de la Biblia admitidos como auténticos por la Iglesia Católica. La mera escritura de un libro sagrado, su conservación a través de los siglos y su aceptación multitudinaria no prueba que sea de origen divino ni canónico. Debe tener las credenciales de paternidad literaria divina que demuestren que Dios lo ha inspirado. En la actualidad se suele usar con referencia a los escritos que la Iglesia Católica Romana declaró parte del canon bíblico en el Concilio de Trento (1546).

[43] La Epifanía (manifestación; un fenómeno) es un acontecimiento religioso. Para muchas culturas las epifanías corresponden a revelaciones o apariciones en donde los profetas, chamanes, médicos, brujos u oráculos interpretaban visiones más allá de este mundo.

[44] Demócrito de Abdera (Abdera?, hoy desaparecida, actual Grecia, h. 460 a.C.-id.?, h. 370 a.C.) Filósofo griego. Demócrito fue tan famoso en su época como otros filósofos de la importancia de Platón o de Aristóteles y debió de ser uno de los autores más prolíficos de la Antigüedad, aunque sólo se conservan fragmentos de algunas de sus obras, en su mayoría de las dedicadas a la ética, pese a que se le atribuyen diversos tratados de física, matemáticas, música y cuestiones técnicas.

Demócrito fundó la doctrina atomista, que concebía el universo constituido por innumerables corpúsculos o átomos sustancialmente idénticos, indivisibles (átomo significa, en griego, inseparable), eternos e indestructibles, que se encuentran en movimiento en el vacío infinito y difieren entre sí únicamente en cuanto a sus dimensiones, su forma y su posición. La inmutabilidad de los átomos se explica por su solidez interior, sin vacío alguno, ya que todo proceso de separación se entiende producido por la posibilidad de penetrar, como con un cuchillo, en los espacios vacíos de un cuerpo; cualquier cosa sería infinitamente dura sin el vacío, el cual es condición de posibilidad del movimiento de las cosas existentes.

Para Demócrito, todo cuanto hay en la naturaleza es combinación de átomos y vacío: los átomos se mueven de una forma natural e inherente a ellos y, en su movimiento, chocan entre sí y se combinan cuando sus formas y demás características lo permiten; las disposiciones que los átomos adoptan y los cambios que experimentan están regidos por un orden causal necesario. En el universo, las colisiones entre átomos dan lugar a la formación de torbellinos a partir de los que se generan los diferentes mundos, entre los cuales algunos se encuentran en proceso de formación, mientras que otros están en vías de desaparecer. Los seres vivos se desarrollan a partir del cieno primitivo por la acción del calor, relacionado con la vida como también lo está el fuego; de hecho, los átomos del fuego y los del alma son de naturaleza similar, más pequeños y redondeados que los demás.

La ética de Demócrito se basa en el equilibrio interno, conseguido mediante el control de las pasiones por el saber y la prudencia, sin el recurso a ninguna idea de justicia o de naturaleza que se sustraiga a la interacción de los átomos en el vacío. Según Demócrito, la aspiración natural de todo individuo no es tanto el placer como la tranquilidad de espíritu (eutimia); el placer debe elegirse y el dolor, evitarse, pero en la correcta discriminación de los placeres radica la verdadera felicidad.

[45] En mitología y religión, y en particular en la griega, el término ctónico (perteneciente a la tierra’, ‘de tierra’) designa o hace referencia a los dioses o espíritus del inframundo, por oposición a las deidades celestes. A veces también se los denomina telúricos.

[46] Los himnos homéricos son una colección de 32 a 34 poemas épicos cortos griegos, que en la antigüedad solían atribuirse a Homero.

En la actualidad, se considera que el más antiguo de ellos, el dedicado a Deméter, fue escrito en el siglo VII a. C., en tiempos de Hesíodo, algo más tarde que la fecha normalmente atribuida a Homero. Esto los sitúa entre los más antiguos monumentos de la literatura griega.

Cada uno de los himnos está dedicado a un dios y destinado a ser cantado por un aedo como preludio o proemio antes de pasar a uno más largo. Los himnos varían ampliamente en longitud, siendo algunos tan breves como tres o cuatro líneas, mientras que otros exceden las quinientas. Estos himnos alaban a deidades concretas en hexámetros dactílicos, la métrica usada en las épicas homéricas.

[47] El sobrenombre de ménades se refiere a mujeres salvajes cuya personalidad humana había sido reemplazada temporalmente por otra. Las bacantes eran también llamadas ménades, voz procedente del verbo griego mainomai, que significa “estar furioso o rabioso / (estar poseído de furor báquico) de donde proviene nuestra palabra manía (locura).

[48] Citerón, actualmente conocido como Elatiás, es un macizo montañoso de la zona central de Grecia, entre el Ática al sur, Beocia, al norte y Megara, muy célebre en las leyendas por las musas que ahí se decía habitaban y por el culto a Dioniso que se rendía en este lugar. Recibió su nombre de un rey mitológico de Platea.

El Citerón mide 16 km. Está compuesto principalmente de roca caliza y alcanza los 1.409 m. Este macizo fue el escenario de numerosos sucesos de la mitología griega. Estaba consagrado especialmente a Dioniso. Edipo fue entregado por un pastor de Layo, quien debía matarlo, a un pastor de Pólibo en esa montaña, y Acteón y Penteo fueron descuartizados allí.En época histórica, la montaña actuó como un telón de fondo en la batalla de Platea de 479 a. C. y fue el escenario de muchas escaramuzas antes de la batalla misma. En épocas posteriores fortificaciones fueron construidas en Platea y Eritras cuando la montaña formó la frontera natural en disputa entre Atenas y Tebas.

El pueblo de Platea personificó la montaña como su primitivo rey: Los platenses no conocieron ningún rey excepto Asopo y Citerón antes de aquél, sosteniendo que el último dio su nombre a la montaña, el antiguo río. (Pausanias: Descripción de Grecia, IX, 1, 2).

[49] Este es el argumento central de Las Bacantes de Eurípides. Dioniso llega a Tebas a castigar la insolencia de Penteo que se opone a la difusión de su culto. El dios se las arregla para hacer que Penteo acuda al monte Citerión disfrazado de mujer donde es despedazado por las orgiastas. Entre ellas destaca Agave, su propia madre, que enloquecida le arranca la cabeza creyéndolo un león y la clava sobre un tirso, paseándose ufana por la ciudad con su trofeo y aterrando a todos los ciudadanos.

[50] Durante los siglos II y III d.C. el Imperio Romano vivió el esplendor de la Segunda Sofística, época en la que los sofistas alcanzaron su mayor grado de perfección en el mundo literario, pedagógico y social de la Antigüedad Clásica. Entre esos maestros destacaron Filóstrato el Viejo y Filóstrato el Joven, consagrados al arte clásico, cada uno autor de sus Imágenes.

Filóstrato el Viejo fue quizá el crítico de arte más importante de la Antigüedad. No le interesa la historia de quienes han sobresalido en el arte, sino ofrecer descripciones de pinturas que sirvan de modelo a los jóvenes, para que aprendan a interpretarlas y se apliquen a una tarea estimable.

Otro aspecto de Filóstrato el Viejo es que con él se inicia el género de la écfrasis: descripciones poético-retóricas, en forma de dialogo, donde expone: 1º, nombre de la obra; 2º, emplazamiento; 3º, material o materiales utilizados; 4º, lo que el artista consiguió y 5º, las sensaciones que logró sugerir en el espectador. La sensación que los clásicos querían transmitir era, fundamentalmente, la belleza, es decir, la simetría a grandes rasgos, pero sin olvidar que la apreciación de la belleza se llama euritmia. El tratado se titula: Imágenes y en él se describen 75 pinturas. Además de instaurar la écfrasis, ofrece también, muy rudimentariamente, los rasgos característicos de cada clase de arte, yuxtaponiendo para ello diferentes tipos de esculturas a diferentes tipos de pintura, lo cual se denomina: relaciones entre las artes.

A principios del siglo II escribió: Vida de Apolonio de Tiano. Esta obra fue encargada a Filóstrato por la mujer del emperador Séptimo Severo, Julia Donna, que se trató de una biografía de Apolonio de Tiano que vivió en el siglo I d.C. y creó una religión mágica y de encantamiento. Filóstrato escribe una biografía romántica y poética. De esta obra nos interesa que el autor reconoce explícitamente la creatividad y la fantasía como fuentes principales y casi únicas de la imaginería plástica.

El nieto de éste, Filóstrato el Joven, escribió un tratado de género de la écfrasis, en el que también se describen pinturas. Éste afirma que la tarea más importante del pintor era mostrar: el carácter, las emociones y los estados de la mente.

[51] Clístenes fue el tirano de Sición en torno a los años 600 y 570 a. C. Hijo de Aristónimo, alcanzó el poder tras asesinar a uno de sus hermanos y deponer a otro (Mirón e Isódamo), practicando una tiranía más radical que la de sus antecesores. Según Heródoto, Clístenes proclamó desde el principio de su gobierno sus sentimientos antidóricos y su odio hacia la ciudad de Argos, que antiguamente había dominado Sición, sentimiento que se tradujo en tres medidas que supusieron el golpe de gracia a la aristocracia doria:

-Prohibición de recitar los textos homéricos, que celebraban a los héroes argivos.

-Prohibición del culto del héroe Adrasto y sustitución del mismo por el de su rival Melanipo; también se favorecieron cultos populares y agrarios y se introdujo el culto de Dioniso.

– Cambio de los nombres de las tribus: las dorias recibieron apelativos vejatorios (cerdos, asnos y brutos), mientras que la suya propia, la pre-doria y plebeya, pasó a llamarse tribu de los Archealoi (jefes del pueblo).

Estas medidas populistas le proporcionaron la adhesión incondicional de las clases inferiores de raza pre-doria.

Su política exterior fue muy activa. Amplió el territorio de su ciudad con la conquista de Pellene y probablemente también la de Kleonai. Ayudó en la guerra contra Cirra y destruyó esa ciudad en el año 595 a. C. Se opuso con fuerza a las pretensiones hegemónicas de su odiada rival Argos, y participó en la Primera Guerra Sagrada junto con Alcmeón de Atenas y Euríloco de Tesalia. Con su victoria, Clístenes logró un escaño para Sición en el nuevo consejo de la Anfictionía de Delfos.

El prestigio de Clístenes quedó demanifiesto en el número de pretendientes que aspiraban a la mano de su hija Agarista. Organizó una competición en la que los principales candidatos fueron Megacles, de la familia de los Alcmeónidas, e Hipoclides. Como Hipoclides hizo el ridículo bailando en estado de embriaguez delante del tirano, finalmente Megacles fue elegido como esposo de Agarista.

Clístenes falleció en torno al año 570 a. C., siendo sucedido por un tal Esquines, cuyo parentesco con Clístenes no está claro. Este Esquines fue expulsado en 556 a. C. por una intervención espartana promovida por el éforo Quirón

Parientes de Clístenes de Sición fueron Clístenes de Atenas y Agarista, la madre de Pericles.

[52] Clístenes (570 a. C.-507 a. C.), hijo de Megacles II y perteneciente a la familia de los Alcmeónidas, fue un político ateniense que introdujo el gobierno democrático en la antigua Atenas. La oligarquía ateniense era hostil a Clístenes, quien buscó el apoyo de la facción democrática, a cuyo frente estaba Iságoras, hijo de Tisandro. Ambos se disputarían el poder. Pero fracasó Iságoras en la contrarrevolución ayudado por el rey espartano Cleómenes I, el cual – mediante un heraldo – pidió y no obtuvo el destierro de Clístenes por la imputación de los Alcmeónidas.

Clístenes había sido arconte durante la tiranía de Hipias, y renunció a restablecer el antiguo orden, pero desde su cargo público de legislador, y con la aprobación del pueblo ateniense, creó las bases de un nuevo estado basado en la isonomía o igualdad de los ciudadanos ante la ley. Asimismo creó la institución del ostracismo para evitar en lo posible todo intento de retorno de la tiranía.

Para favorecer sus propósitos efectuó (desde aproximadamente el 508 a. C.) una reconstrucción fundamental del sistema político ateniense, lo que le llevó a figurar entre los principales legisladores de la antigüedad, cronológicamente después del ateniense Solón.

[53] Sición, Sicione o Sikios fue una antigua ciudad de Grecia situada al norte del Peloponeso, entre Corinto y Acaya. Estaba construida sobre una pequeña llanura triangular, a unos cuatro kilómetros del golfo de Corinto. Entre la ciudad y el puerto se extendían fértiles plantíos de frutales y olivos. Se encontraba originariamente en la llanura costera, sin defensas naturales.  El puerto se sitúa en la actual Kiato, junto a la desembocadura del Helisonte. En la actualidad los importantes restos de la antigua Sición se encuentran junto al pueblo de Vasilikó, que ha recuperado el nombre de Sición.

El nombre mítico de Sición, según refiere Estrabón, fue Mecone, la ciudad de la adormidera, descubierta allí por Deméter. Así lo dice también Hesíodo (Teogonía 536). Anteriormente se llamó Egíalos.

Según la mitología griega, Sición fue una de las primeras ciudades que construyeron los hombres. Su nombre derivaría de Sicione, un nieto de Erecteo que se estableció en la ciudad, que hasta entonces se llamaba Egialea. Según la tradición, la estirpe de los reyes de Sición sería una de las más antiguas, igualándose únicamente con la de Argos. El primer habitante de la ciudad sería Egialeo, hijo del dios-río Ínaco y hermano, por tanto, de Foroneo, el primer rey de Grecia. Egialeo encabeza la lista de los reyes míticos de Sición, que finalizaría con la llegada de la Edad de Hierro y el fin de la de Bronce o Heroica, en el reinado de Lacestades.

[54] Los Ortagóridas, descendientes de Ortágoras, gobernaron Sición durante cien años. El más conocido de éstos tiranos fue Clístenes, nieto del fundador de la ciudad y tío del legislador ateniense del mismo nombre. Además de reformar la constitución de la ciudad para dar más privilegios a los jónicos y reemplazar los cultos dóricos por la veneración de Dioniso, Clístenes saltó a la fama por ser el principal instigador y dirigente militar de la Primera Guerra Sagrada (590 a. C.), en beneficio de los habitantes de Delfos.

[55] Argos era una ciudad griega del Peloponeso, estaba a unos 5 km de la costa y tenía una ciudadela llamada Larisa. Argos está considerada la ciudad más antigua de Grecia. Su fundación data del 2000 a. C. En el pasado fue una ciudad próspera, pero hoy en su lugar sólo existen ruinas. La ciudad fue la cuna de muchos héroes mitológicos que participaron en la Guerra de Troya.

[56] Adrasto, hijo de Tálao, fue rey de Argos. En su juventud, las rivalidades dinásticas lo llevaron a refugiarse en Sición, cuyo trono llegó a ocupar.  Más tarde pudo regresar a Argos. Siendo allí rey, acogió a Polinices, expulsado de Tebas por su hermano Eteocles, e intentó reponerlo en el trono. Con ello dio lugar a la guerra de los Siete contra Tebas, en la cual perecieron todos los héroes menos Adrasto.

Sin embargo, diez años más tarde pudieron ser vengados por una expedición punitiva emprendida por sus hijos (los Epígonos), conducidos por el mismo Adrasto.

Durante los tiempos históricos, Adrasto recibía culto en Megara, Sición y Argos. Puede admitirse que su origen debió ser un numen de la vegetación, probablemente originario de Sición, que posteriormente descendió a la categoría de héroe y fue relacionado con Argos.

[57] Héroe tebano que defendió a Tebas contra los siete jefes. Mató a Tideo y fue muerto por Anfiarao.

[58] Periandro de Corinto (siglo VII a C) fue el segundo tirano de Corinto. Intentó mantener la estabilidad política interna y propició la prosperidad del país durante el período entre los s. VII-VI a.C. Se ocupó de reglamentar y humanizar el trabajo de los esclavos, protegió a la clase social de los campesinos pobres y obligó a la nobleza a reducir la suntuosidad de sus gastos. También llevó a cabo una sistemática política colonial de conquistas. La larga estabilidad de que gozó Corinto bajo su mandato contribuyó a que fuera incluido en el grupo de los sabios de Grecia.

[59] Los Pisistrátidas son los descendientes de Pisístrato, tirano de Atenas.  Literalmente, el término designa a sus dos hijos: Hipias e Hiparco, que heredaron y gobernaron, conjuntamente, en Atenas, tras el fallecimiento de su padre en el 527 a. C.

Hiparco (527-514 a. C.), mecenas y protector de los poetas Simónides de Ceos y Anacreonte, y promotor de una gran biblioteca en Atenas, no ostentó, más que de forma simbólica, el poder. Fue asesinado, en el 514 a. C., por los tiranicidas Harmodio y Aristogitón.

Hipias, que salió indemne del atentado en el que murió su hermano, detentó durante más tiempo el poder, recrudeciendo su tiranía hasta límites insostenibles.

En el 510 a. C., los Alcmeónidas, que habían sido exiliados por Pisístrato, se rebelaron contra Hipias, y llamaron en su auxilio a Esparta que se unió a ellos en el ataque. La intervención, promovida por Cleómenes I, obligó a Hipias a refugiarse en la Acrópolis, los espartanos raptaron a sus hijos forzando, para salvarles, el destierro del tirano, que abandonó Grecia y se refugió en Sigeo. Éste fue el fin del dominio de los Pisistrátidas.

[60] Pisístrato fue un político ateniense, considerado en la Antigüedad como uno de lgs siete sabios de Grecia (Brauron, Ática, h. 600 – Atenas, 528/527 a. C.). Este aristócrata era jefe del partido de la Montaña, enfrentado en la política ateniense contra los partidos de la Llanura y la Costa. El partido de Pisístrato representaba los intereses populares frente a los intereses de los propietarios representados por la Llanura.

En el 561 o 560 a. C. simuló haber sido objeto de un atentado para que se le permitiera tener una escolta armada, con la cual se apoderó de la Acrópolis y sustituyó el poder aristocrático de la ciudad por su propia tiranía. La oposición de las familias aristocráticas le expulsó dos veces del poder y de la ciudad (en 555-54 y en 538-37); pero las dos veces volvió a imponerse reclutando mercenarios extranjeros, y se mantuvo en el poder hasta morir.

Su gobierno se basó en la legislación de Solón. Obtuvo un cierto consenso social con medidas como una reforma agraria que benefició al campesinado, el fomento del comercio y la industria, la acuñación de una moneda estatal, el reforzamiento militar de Atenas, la construcción de obras públicas, la colonización del Quersoneso, la organización de fiestas, la construcción de una biblioteca pública.

Al morir le sucedieron sus hijos Hipias e Hiparco, por lo que se habla de la dinastía de los Pisistrátidas. Hiparco fue asesinado en el 514 por los tiranicidas Harmodio y Aristogitón; en cuanto a Hipias, fue derrocado por Clístenes (de la familia rival de los Alcmeónidas) en el 510, con ayuda de Esparta.

[61] . Cada una de las sacerdotisas de Baco que, en la celebración de los misterios, daban muestras de frenesí.

[62]   Mujer que participaba en las fiestas bacanales

[63] En la tragedia y en el mito, se dice que bacantes es el nombre con que se denomina a las mujeres que, liberadas de las convenciones y temores de la vida cotidiana y entregadas a los instintos más primitivos en montañas y bosques, celebran los ritos en honor de Dioniso con música, cantos y danza, hasta alcanzar el éxtasis y ser poseídas, mientras que las ménades (literalmente, “fuera de sí”) son su reflejo idealizado, bacantes divinas, que dominan a las fieras salvajes, y a las que se representa desnudas o con túnica larga,  pieles de pantera, coronadas con hiedra u hojas de roble o de abeto, llevando en sus manos tirsos, antorchas, serpientes o racimos de uvas, tocando la doble flauta o el tamboril y danzando con frenesí. Otro nombre dado a las bacantes es el de tíades

[64]  Los sátiros y silenos eran espiritus de la naturaleza, como las Ninfas, pero a diferencia de éstas, que tenían la apariencia de hermosas jóvenes, los sátiros y silenos, en un principio tenían la apariencia de un hombre, con algún elemento animal, normalmente cola de caballo y solían tener la nariz chata.

Después se les diferenció en la mitología, a los silenos se les representaba de la misma manera y en cambio a los Sátiros se les representó como hombres-cabra, con cuerpo humano, pero patas de cabra y unos pequeños cuernos.  Su papel en la mitología, tanto de Sátiros como de Silenos era el de perseguir a ninfas o como acompañantes de Dionisio.

Eran vistos como seres lujuriosos, tanto que en sus representaciones se muestra claramente que están excitados y a demás como bebedores, sobretodo los silenos, que llegaban a pillar tremendas borracheras. Por eso no es raro ver representado a un sátiro que sujeta a un sileno borracho.

De entre los sátiros destaca Marsias, que acabó mal por competir con el dios Pan en un certamen musical. Entre los silenos destaca Sileno, que viene a ser el cabecilla de estos y del que se dice que fue el tutor de Dionisio.

[65] Semidios de los pastores y rebaños en la mitología griega. Era especialmente venerado en Arcadia, a pesar de no contar con grandes santuarios en su honor en dicha región. En la mitología romana se identifica a este dios con Fauno.

Pan era, también, el dios de la fertilidad y de la sexualidad masculina desenfrenada. Dotado de una gran potencia y apetito sexual, se dedicaba a perseguir por los bosques, en busca de sus favores, a ninfas y muchachos.1 En muchos aspectos, el dios Pan tiene cierta similitud con Dioniso.

Era el dios de las brisas del amanecer y del atardecer. Vivía en compañía de las ninfas en una gruta del Parnaso llamada Coriciana. Se le atribuían dones proféticos y formaba parte del cortejo de Dionisio, puesto que se suponía que seguía a éste en sus costumbres. Era cazador, curandero y músico. Habitaba en los bosques y en las selvas, correteando tras las ovejas y espantando a los hombres que penetraban en sus terrenos.

[66] Es el nombre de una bahía y una ciudad ubicadas en la costa sudoeste del Peloponeso, en el la periferia de Mesenia, sur de Grecia. Es además la pequeña península acantilada situada en el extremo septentrional de la bahía de Navarino, bahía protegida y casi cerrada por la isla de Esfacteria.

La antigua Pilos, sede del legendario rey Néstor, estuvo habitada desde la época micénica. Fue destruida en torno a 1200 a. C. y, al contrario que otros centros micénicos, no fue reconstruida tras su destrucción. Existe controversia sobre quienes fueron sus atacantes. La ciudad fue excavada en 1952 por Carl William Blegen. En las ruinas de su palacio se han encontrado cientos de tablillas con inscripciones en lineal B.

El entorno de Pilos fue escenario en 425 a. C. de la Batalla de Pilos, que finalizó con victoria ateniense, durante la Guerra arquidámica, la primera parte de la Guerra del Peloponeso

[67]  Eneo es un personaje de la mitología griega, hijo de Partaón y de Éurite, fue rey de Pleurón y Calidón en Etolia.  Dioniso le regaló la primera cepa de vid plantada en Grecia, y aunque no fue el primero en fabricar vino, pues se le adelantó Icario, sí fue el primero en difundirlo, hasta el punto de que le dio su nombre.

En la mitología griega, Icario de Atenas era un ateniense fervoroso adorador de Dioniso, que dio vino a sus pastores. Éstos se emborracharon y lo mataron creyendo que Icario los había envenenado. Su hija Erígone y su perro Mera encontraron el cadáver, y Erígone se ahorcó sobre la tumba de su padre. Dioniso se enfureció y castigó a Atenas con una plaga, infundiendo la locura en todas las mujeres solteras, que se ahorcaron al igual que Erígone. La plaga no cesó hasta que los atenienses introdujeron ritos en honor de Icario y Erígone. Icario fue ascendido a los cielos como la constelación del Boyero.

[68] Ampelos era hijo de sátiro y ninfa, compañero de Dioniso y amado por él.

Según Nono, murió en un accidente al montar y caer de un toro bravo enloquecido por la picadura del tábano de Ate, después de haberse burlado de la diosa Selene. Las Moiras concedieron a Ámpelo una segunda vida como parra (en otra versión, es el propio Dioniso quien transforma al joven sátiro en un racimo de uvas), de la que Dioniso prensó el primer vino y se lo regaló a los hombres (o creó, según otra variante, el vino de su sangre).

Según Ovidio, además de especificar que Ámpelos era el hijo de un sátiro y una ninfa, Dionisio y su favorito vivían en las montañas Ismari, en Tracia. El dios le había confiado a Ámpelo una parra que colgaba de las ramas de un olmo. El joven se había subido al árbol para cosechar el fruto de la vid, pero perdió el equilibrio y murió en el accidente: la planta recibió el nombre de Ámpelo: “vid”.  Dioniso convirtió a Ámpelo en la estrella Vindemitor o Vindemiatrix: la Vendimiadora, de la constelación de Virgo. Esa estrella hace su aparición por el este antes del amanecer, y marcaba el comienzo del período de la vendimia en septiembre. Debido a la precesión de los equinoccios, hoy en día son las estrellas de la constelación del León las que aparecen en esa posición a principios de otoño.

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