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La vid y el vino en las religiones del Mediterráneo. Primeras aproximaciones: asirios, sumerios y fenicios

octubre 6, 2013

Los inicios de la vinificación y de la religión (y la necesidad de trascendencia inherente al ser humano) se confunden en la noche de los tiempos. La utilización de bebidas fermentadas en los actos rituales facilitó los primeros contactos del ser humano con los dioses. La embriaguez debió sorprenderlo con un éxtasis confuso, quizá le presentó otra realidad mejorada y distorsionada, posiblemente mucho mejor que las duras condiciones de vida que tenía que soportar. Sin otra explicación a mano, lo divino, la certeza (o la esperanza) de una presencia superior, comenzaría entonces a cobrar forma ante los primeros humanos que traspasaban el umbral de la embriaguez.

Chamanes y brujos detectaron pronto los efectos antisépticos del vino y se convirtieron en los depositarios de las técnicas de fermentación. Comenzaba así un matrimonio que sería una constante en toda la historia de la Humanidad, una sociedad que generaría una retroalimentación cultural de consecuencias históricas.

Tras descubrir el vino en el Paleolítico y utilizarlo para contactar con la divinidad, el ser humano comenzó a incluir al fruto de la vid en sus narraciones épico-religiosas. En esta etapa de la Humanidad, el vino fue presentado como un generoso regalo de los dioses a los mortales. Así, el vino se expandió por el mundo como necesario complemento de sacrificios y ofrendas, como en el caso de persas, fenicios, griegos, romanos, etc.

Existen evidencias arqueológicas en las que se indica que la producciones de vino más antiguas (una viticultura rudimentaria) provienen de una extensa área que abarca Georgia e Irán (Montes Zagros), datando estos comienzos en el periodo que va desde el 6000 al 5000 a. C.  Está demostrada la difusión del vino también en el Egeo en el 2.500 antes de nuestra era. Asimismo, desde el cuarto milenio antes de Cristo ya se documenta en Egipto el cultivo de la vid.

Los primeros cultivos de la uva (Vitis vinifera) ocurrieron en la Edad del Bronce en lugares cercanos al Oriente Próximo, Sumeria y Antiguo Egipto alrededor del tercer milenio a. C.

Hoy en día pocos dudan que la viña se asentara en Mesopotamia y que fueran los pueblos de Oriente Próximo y los de Mediterráneo y sus antiguas civilizaciones los que otorgaron la dimensión a la viña y el nombre al vino. La misma palabra vino (en todas las lenguas romances y también en las germánicas, donde deriva o se toma del latín, pero también en griego desde época micénica y en las lenguas semíticas más antiguas) deriva de una antiquísima raíz *wayn-, de origen incierto, pero muy probablemente oriental, que acompañó al producto en su extensión, extendiendo igualmente su antiguo nombre.

Zamora (2000) indica, acertadamente, que el Próximo Oriente antiguo era, en realidad, un enorme territorio en el que convivían culturas y pueblos diferentes, que conocemos a su vez mediante una documentación diversa (que exige competencias específicas) y casi siempre desequilibrada: a zonas o períodos bien documentados corresponden áreas o épocas sin apenas datos o sin dato alguno; a hechos de cultura de abundante atestiguación se contrapone la absoluta ausencia de información sobre otros.

En el territorio próximo- oriental se englobaban, además, áreas geográfica y climáticamente muy diferentes (que, en lo que aquí nos interesa, incluían regiones de posible cultivo de la vid con regiones abiertamente desfavorables a su implantación y desarrollo, al igual que englobaban áreas de segura presencia de vid silvestre con zonas, como la egipcia, de dudoso arraigo de la planta salvaje en época prehistórica.

El período al que corresponden estas fuentes abarca, por añadidura, desde la Prehistoria a la llegada de la civilización clásica a la zona, más de tres milenios después. Un tiempo lleno de cambios en las culturas de la zona, pero también en el propio medio físico, incluida su botánica, dada, precisamente, la interacción de ambos factores. Además, la actividad humana, la cultura agrícola, modificó fuertemente el entorno y las plantas que lo constituían.

Todo ello nos lleva a una primera consideración previa: la dispersión de las informaciones relevantes al estudio de la viticultura y vinificación orientales nos obliga a combinar datos de procedencia (espacial, temporal) y naturaleza muy variadas, con los evidentes problemas que tal hecho conlleva y que habrán de tenerse en cuenta tanto en el manejo de esta breve síntesis como en el de cualquier otro trabajo similar que haga uso de la rica documentación del Oriente antiguo.

Muchas de las grandes culturas del Mediterráneo así como Oriente Próximo reclaman haber inventado ellos mismos el proceso de vinificación atribuyendo su descubrimiento a un héroe local o a una divinidad agraria. Es un hecho que el comercio y la expansión de algunas culturas e imperios han posibilitado que el vino y su cultivo se fuesen extendiendo por diversas regiones de la Tierra, adoptando nuevos sabores y aromas. El vino (al igual que otros alimentos básicos) aparece en la cultura cargado de simbolismo como ya hemos dicho.

Fueron asirios, babilonios, egipcios, griegos, cartagineses, romanos, etc. los que contribuyeron a expandir el cultivo de la vid y el culto al vino y, por lo tanto, a regular su cultivo, elaboración, comercio y consumo. Resulta clara la diferencia entre las zonas productoras (Anatolia, la Siria septentrional, la costa siro-palestina) y las zonas a las que el vino llegaba por comercio y la vid se cultivaba de forma reducida (sobre todo, Mesopotamia y Egipto)[1]. Es a partir de la civilización griega, como veremos, cuando la uva y el vino empiezan a imponer su dominio.

Alrededor del 2500 a. C. aparece la palabra viña. Lo hace en el término sumerio de Gesh-tin, que significa madera-vida, árbol de la vida, viña o uva. Algún documento nos habla de las viñas como huertos de vides[2] y la palabra semítica noroccidental (la propia de los habitantes de la región siropalestina) que designa a la viña, karmu (de la misma raíz semítica que subyace a la española carmen), alude también a un espacio ajardinado u hortofrutícola. En la lengua de los acadios se traduce como Karânu, de donde deriva como viña al árabe y como karam al hebreo.

La vendimia es una fiesta en toda civilización vinícola. En el Próximo Oriente, el clima favoreció la celebración larga y jubilosa del final de las labores agrícolas, que llenaban las bodegas y los graneros. La alegría de la vendimia y el pisado se manifiesta de diferentes modos en la Biblia, al igual que diferentes fiestas de la vendimia se atestiguan en diferentes fuentes próximo-orientales.

Los rituales debían ser numerosos (lo que une la vendimia  y el vino próximo-oriental a la cuestión de los festivales de otoño orientales, o del año nuevo, tema que trataremos más adelante). A modo de ejemplo significativo, señalaremos el inicio de un ritual ugarítico (conservado en dos copias, TU 1.87 y TU 1.41) cuyo texto se abre así:

En el mes de los primeros vinos, en el día de la luna nueva, se cortará un racimo para el dios “Ilu, como sacrificio Slmm

 

En ese sentido, del Antiguo Testamento, tenemos la fiesta tras la vendimia y la entrada al templo a comer y beber en  Jueces 9, 27

Y saliendo al campo, vendimiaron sus viñedos, y pisaron la uva e hicieron fiesta; y entrando en el templo de sus dioses, comieron y bebieron, y maldijeron a Abimelec.

O los bailes de las muchachas en las viñas en Jueces 21, 20-21

20 Y mandaron a los hijos de Benjamín, diciendo: Id, y poned emboscadas en las viñas,

21 y estad atentos; y cuando veáis salir a las hijas de Silo a bailar en corros, salid de las viñas, y arrebatad cada uno mujer para sí de las hijas de Silo, e idos a tierra de Benjamín

También están los gritos alegres de la gente en el lagar durante  el pisado  en 1saias 16. 10

Quitado es el gozo y la alegría del campo fértil; en las viñas no cantarán, ni se regocijarán; no pisará vino en los lagares el pisador; he hecho cesar el grito del lagarero.

Y en Jeremías  25, 30

Tú, pues, profetizarás contra ellos todas estas palabras y les dirás: Jehová rugirá desde lo alto, y desde su morada santa dará su voz; rugirá fuertemente contra su morada; canción de lagareros cantará contra todos los moradores de la tierra.

y 48, 32 – 33

Con llanto de Jazer lloraré por ti, oh vid de Sibma; tus sarmientos pasaron el mar, llegaron hasta el mar de Jazer; sobre tu cosecha y sobre tu vendimia vino el destruidor.

Y será cortada la alegría y el regocijo de los campos fértiles, de la tierra de Moab; y de los lagares haré que falte el vino; no pisarán con canción; la canción no será canción.

La provechosa sociedad entre vino y religión se fue consolidando, partiendo de la capacidad de la embriaguez para favorecer un éxtasis trascendente, pasando por el uso terapéutico del vino por los chamanes y llegando a su utilización ritual.

Toda religión es tradición articulada en estructuras simbólicas que adquieren su pleno sentido cuando se relacionan entre si.

Una inscripción del 2.700 a.C. menciona a la diosa sumeria Gestín, bajo la advocación de madre cepa. Otro dios sumerio se llamaba Pa-Gestín-dug, es decir, buena cepa, y su esposa Nin-kasi, que significa dama del fruto embriagador.

La Epopeya de Gilgamesh[3], obra literaria de Babilonia fechada en el 1.800 a.C. (que ya hemos mencionado), cuenta como el héroe Gilgamesh entró al reino del Sol en busca de la inmortalidad, se encontró un viñedo cuidado por Siduri (divinidad asociada con la fermentación), que significa mujer joven y que se ha relacionado con Ishtar[4], y ésta le dio a beber del jugo de sus uvas. Siduri intenta persuadir al protagonista que abandone su búsqueda (algunos ven aquí la primera versión del carpe diem[5]):

Gilgamesh, ¿hacia dónde corres?

La vida que persigues, no la encontrarás.

Cuando los dioses crearon la humanidad,

le impusieron la muerte;

la vida, la retuvieron en sus manos.

¡Tú, Gilgamesh, llena tu vientre;

día y noche vive alegre;

haz de cada día un día de fiesta;

diviértete y baila noche y día!

Que tus vestidos estén inmaculados,

lavada tu cabeza, tú mismo estés siempre bañado.

Mira al niño que te tiene de la mano.

Que tu esposa goce siempre en tu seno.

¡Tal es el destino de la humanidad!

Otro documento que deja constancia escrita de una ofrenda sagrada con el vino como objeto la encontramos en una tablilla hallada en la ciudad fenicia de Ras-Shamra, en la costa de la actual Siria, que alude a la partición del pan y derramamiento del vino frente a un altar.[6]

El lugar, la antigua Ugarit, ha proporcionado textos pertenecientes a la segunda mitad del II milenio a. C. donde se nos muestra la importancia adquirida en ese momento por la producción, comercio y consumo de vino en la zona.

Las viñas eran explotaciones que requerían grandes cuidados y fuertes inversiones. Eran, por tanto, terrenos muy apreciados, casi obligadamente vallados, como también revelan los textos. Éstos dejan patente la preocupación por los eventuales daños que pudieran sufrir las vides. En lugares como Ugarit se atestigua, incluso, la presencia de guardianes de la viña, que parecen ser algo más que meros encargados temporales y que se corresponden bien con las menciones bíblicas de personas y personajes encargados de guardar una viña.

El vino era una especialidad de los fenicios. Las antiguas poesías y épicas ugaríticas[7] mencionan el vino con reverencia  Así, en los Rapiuma puede leerse (es una traducción aproximada):

Durante todo el día ellos escancian el vino
… el vino para los gobernantes..
Vino, dulce y abundante,
Vino elegido
El elegido vino del Líbano,
criado por El.”

“Comed, o Dioses, y bebed,
bebed vino mientras estáis sentados

En lengua ugarítica se han encontrado gran número de tablillas en Ugarit que datan del año 1.370 a.C. Se trata de un archivo de la época del rey Niqmaddu II[8], rey de Ugarit, sobre rituales mitológicos de Baal[9], Nikkal[10] y otros, y poesía mitológica como los Rapiuma (que ya hemos visto).  Uno de los más primitivos actos rituales en los que aparece el vino es la ceremonia del pan y del vino.  La partición del pan y el vino ante un altar se describe en una tablilla hallada en esta ciudad.  También aparece en el Génesis 14: 17 – 20, Abraham es testigo de un rito parecido de manos del sacerdote-rey Melkisedec[11], que celebra con él la victoria del patriarca judío sobre su enemigo Quedorlaómer[12]:

14:17 Cuando volvía de la derrota de Quedorlaomer y de los reyes que con él estaban, salió el rey de Sodoma a recibirlo al valle de Save, que es el Valle del Rey.
14:18 Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino;
14:19 y le bendijo, diciendo: Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra;
14:20 y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio Abram los diezmos de todo.

 

Del mismo modo, se repite de nuevo, tal vez, con una significación parecida, en los Evangelios. Algunos afirman que esta ceremonia ritual del pan y del vino de Ras-Shamra (Ugarit) fue probablemente la misma practicada por Melquisedec cuando se encontró con Abraham, unos seiscientos años antes de Moisés. Del Tanaj y de la Biblia hablaremos detalladamente en otro trabajo y volveremos a este pasaje.

El cherem, como llamaban los fenicios al vino, estuvo asociado a varias deidades levantinas, especialmente Él[13]. El vino era considerado una ofrenda aceptable tanto para dioses como para reyes, lo que incrementó su valor comercial en el mundo antiguo.


[1]  Según Zamora (2005), la demanda del producto debió impulsar los intentos viticultores y la propagación a nuevas zonas de, como mínimo, la técnica de elaboración del vino. Esta extensión de las técnicas quizá conllevara en algunos casos, como el egipcio (donde los testimonios vinícolas aparecen constantemente ligados al área siropalestina), la difusión de la planta misma. Los mapas de extensión de la Vitis Vinifera silvestre no incluyen, de manera general, el Valle del Nilo como área propia de la planta, ni suelen citarse datos paleobotánicos que atestigüen la presencia de vides selváticas en Egipto con anterioridad a la introducción (y, posible, asilvestramiento) de las vides domésticas

[2] El Antiguo Testamento refleja de hecho muy bien el carácter de jardín o huerto que la palabra “viña” también conllevaba,  por ejemplo en  el episodio de la viña de Nabot,  en 1 Reyes  21, 1 – 3:

1Pasadas estas cosas, aconteció que Nabot de Jezreel tenía allí una viña junto al palacio de Acab rey de Samaria.

2 Y Acab habló a Nabot, diciendo: Dame tu viña para un huerto de legumbres, porque está cercana a mi casa, y yo te daré por ella otra viña mejor que esta; o si mejor te pareciere, te pagaré su valor en dinero.

3 Y Nabot respondió a Acab: Guárdeme Jehová de que yo te dé a ti la heredad de mis padres.

En la Biblia los huertos de cultivo diverso, las explotaciones de frutales, donde también había viñas, eran la imagen ideal del jardín (el prototipo, el Jardín del Edén, en Gn 2, 8-3, 24;  también Ct 5, 1; 6, 2; 6. 11, o las descripciones de huertos de frutales variados en Jr 29, 5; 29, 28 o Amos 9, 14. Gracias por ejemplo a Dt 11, 9 sabemos que el cultivo intercalado de vides con otras plantas llego a prohibirse en Palestina por razones rituales, lo que demuestra que en algún momento fue costumbre.

[3] La Epopeya de Gilgamesh o Poema de Gilgamesh es una narración de la Mesopotamia de origen sumerio, considerada como la narración escrita más antigua de la Historia. Se emplearon tablillas de arcilla y escritura cuneiforme, lo cual favoreció su preservación. La versión más completa preservada hasta la actualidad consta de doce tablillas. La obra es muy leída en traducciones a diversos idiomas y el héroe, Gilgamesh, ha pasado a ser un icono de la cultura popular.

El poema cuenta la historia de las aventuras del Rey Gilgamesh de Uruk, que debió gobernar hacia el año 2500 a. C., también conocido como Istubar, y su amigo Enkidu. Las aventuras para matar al gigante Humbaba, el descenso a los infiernos y la relación entre dioses, semidioses (como el propio Gilgamesh) y mortales le dan un claro origen prehelenístico. El núcleo sentimental se encuentra en el duelo tras la muerte de Enkidu. Los críticos consideran que es la primera obra literaria que hace énfasis en la mortalidad e inmortalidad. En la versión tardía del poema se incluye una interpolación donde se relata un episodio sobre el diluvio muy parecida a la versión de la Biblia.

Fue escrito muy posteriormente a su reinado, con base en las tradiciones orales y en la mitología sumeria.

De las doce tablillas sobre Gilgamesh, once conforman el poema, probablemente escrito hacia la primera mitad del II milenio a. C. y la última representa una narración de origen independiente, sobre el mismo rey, más reciente que las anteriores, hacia el final del I milenio a. C.

[4] Ishtar era la diosa babilónica del amor y la guerra, de la vida, de la fertilidad, y patrona de otros temas menores. Se asociaba principalmente con la sexualidad: su culto implicaba la prostitución sagrada.

[5] Carpe diem es una locución latina que literalmente significa “toma el día’, que quiere decir “aprovecha el momento”, en el sentido de no malgastarlo. Fue acuñada por el poeta romano Horacio (Odas, I, 11):

Carpe diem quam minimum credula postero

El adagio latino podría equivaler a sentencias en castellano como “o dejes para mañana lo que puedas hacer hoy” o vive cada momento de tu vida como si fuese el último.

Es un tópico literario, o tema recurrente, en la literatura universal como exhortación a no dejar pasar el tiempo que se nos ha brindado y a disfrutar los placeres de la vida dejando a un lado el futuro, que es incierto. Cobra especial importancia en el Renacimiento, en el Barroco y en el Romanticismo.

Este tópico respecto a las diferentes épocas literarias ha ido variando en la forma de entenderlo. Durante el periodo de la Edad Media era entendido como: vive el momento porque vas a morir pronto. Posteriormente durante el Renacimiento, los ideales de belleza y perfección hicieron entenderlo de la siguiente forma: vive el momento porque vas a envejecer pronto. Finalmente en la época Barroca este tema se volvió a interpretar de la misma forma que en la Edad Media, pero con bastante más intensidad en cuanto a la muerte.

[6] Otros archivos importantes proporcionan también información relevante. Por ejemplo, el archivo hallado en la antigua Mari, a orillas del Éufrates (hoy también en la actual Siria, cerca de la frontera iraquí) atestigua el constante discurrir de vino desde las zonas productoras del curso alto del río hacia las ricas zonas del sur, hacia Mesopotamia, donde en la primera mitad del II mileriio a.C el consumo de la bebida dio lugar a un intenso comercio.

[7] Ugarit, conocido en la actualidad como Ras Shamra, se halla en la costa mediterránea de Siria, a unos 16 Km. al norte de Lataquia y a 40 Km. al suroeste de Antioquía, y frente a la extremidad oriental de Chipre. Ugarit fue una de las ciudades más antiguas del Oriente Próximo.

[8] Niqmaddu II fue el segundo gobernante y rey de la antigua ciudad siria de Ugarit, reinando aproximadamente entre el 1350-1315 a.C. (o entre 1380-1346 a. C.) y que sucedió a su padre Ammishtamru I. Fue contemporáneo del gobernante egipcio Amenofis IV y el príncipe hitita Shuppiluliuma I, y vasallo de este último.

[9] Baal es una divinidad de varios pueblos situados en Asia Menor y su influencia: fenicios, cartagineses, caldeos, babilonios, sidonios y filisteos. Su significado se aproxima al de “amo” o “señor”. Baal era el “hijo” del dios El. Era representado como un joven guerrero, pero también como un becerro. Era el dios de la lluvia, el trueno y la fertilidad. En la Biblia, es citado como uno de los falsos dioses

[10] Nikkal es la diosa, en Ugarit, Canaán y después de los fenicios, de los huertos. Su  nombre significa “Gran Dama” y “la fructífera”. Probablemente se festejaba a finales del verano cuando ya se hubiesen cosechado los frutos de los árboles. La más antigua obra anotada completa de música antigua es una canción hurrita, un himno escrito en cuneiforme ugarítico silábico dedicado a Nikkal.

[11] Melquisedec es un notable sumo sacerdote, profeta y líder que vivió después del diluvio y durante los tiempos de Abraham. Es considerado señor de la Paz y la Justicia. Es el sacerdote receptor del primer diezmo registrado en la Biblia, entregado por Abraham, y el primer sacerdote-rey

[12] Quedorlaómer fue rey de Elam y soberano de Babilonia.  Los reyes de la Pentápolis de la llanura (Sodoma, Gomorra, Adma, Zeboim y Zoar) habían estado sometidos durante doce años a Quedorlaómer, y después se rebelaron. Éste, entonces, aliado con Amrafel rey de Sinar, y otros tres, hizo una expedición de castigo. Habiendo conseguido la victoria, hizo cautivo, entre otros, a Lot, que residía en Sodoma, lo que llevó a Abraham, al mando de su numeroso clan, junto con sus aliados amorreos Aner, Escol y Mamre, a emprender su persecución. Alcanzándolos en Dan, cayó sobre ellos de noche, poniéndolos en fuga, rescatando a Lot, al resto de los cautivos y el botín (Genesis 14:1 16).

[13] En la mitología cananea, Él era la deidad principal y se lo llamaba “padre de todos los dioses” (en los hallazgos arqueológicos siempre es encontrado al frente de las demás deidades).

En todo el Levante Mediterráneo era denominado Ël o IL, siendo el dios supremo, padre de la raza humana y de todas las criaturas.

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