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La vid y el vino en las religiones del Mediterráneo… premisas de partida

octubre 2, 2013

Son muchos los elementos, objetos, materiales o productos procesados que tienen un especial significado para el ser humano y que los ha hecho acreedores de un papel primordial en las distintas civilizaciones. La alimentación es, quizá, la función humana que más simbolismo produce. Dentro de ella, el vino, y por extensión, la vid son quizás dos de los más importantes.

Los orígenes del cultivo de la vid y de la elaboración del vino se confunden con el origen de nuestra civilización.  Parece ser que, durante la Prehistoria y Protohistoria, la uva se consideraba una fruta más. Sin embargo, a partir del momento en que se empezó a cultivar la viña, este fruto se destacó sobre todas las demás frutas productoras de bebidas fermentadas. Griegos y romanos difundieron a la par la filosofía y el cultivo de la vid. Los griegos importaron el vino por primera vez en cántaros y tinajas desde Creta. Su cultivo se extendió desde la costa meridional del Mar Negro al Monte Nisa[1] en Libia, y luego por Palestina hasta llegar a Creta de donde se llevaría a Grecia.

Antes de seguir, debemos reflexionar acerca del hecho de que la introducción a gran escala de cultivos especializados, como la vid, sólo pudo darse en paralelo a una organización especial de la economía e, incluso, a una organización especial de la sociedad. Una fuerte inversión inicial y un continuo flujo de recursos (tierras, trabajo) debieron de ponerse en movimiento a cambio de un producto con menos valor alimenticio que otros de más fácil cultivo, reorganizando la producción agrícola y, por tanto, las fuerzas productivas. Tanto en los textos de Ugarit (de los que luego hablaremos) como en los textos hititas o micénicos, muchas explotaciones tienen viñas.

Del mismo modo, es posible suponer que existirían también pequeñas explotaciones particulares muy repartidas así como una extendida elaboración doméstica de vino. Este hecho entronca de lleno en una de nuestras hipótesis de partida: se elabora vino debido a que el agua no es, bastante a menudo, potable.

Además, el vino ejerció un atractivo especial sobre las sociedades, siendo un bien de prestigio. Actuó como un elemento de interacción social, formando parte de un ceremonial de hospitalidad y, por tanto, gozó de un carácter sagrado o ritual. El uso del vino se dio en sociedades que consolidaron una jerarquización y una centralización del poder político.

Se puede considerar que el cultivo de la viña, de hecho, es un claro síntoma de avance hacia una sociedad más cohesionada. Sobre todos estos aspectos dan noticias las fuentes acerca tanto de las referencias de la parte ritual y festiva del vino, como acerca de la parte más técnica de su cultivo.

Sin duda, la capacidad del vino para ayudar al hombre a establecer contacto con la divinidad tuvo mucho que ver. Ahora bien, no debemos perder de vista dos características más prosaicas:

–  La uva es una fruta calórica y su ingesta garantiza el aporte energético necesario en una dieta,

–   El agua no siempre ha sido potable, como ya hemos dicho. En cambio, la cantidad de alcohol presente en el vino garantiza que esté libre de patógenos. Si, además, se mezcla con agua, ésta se potabiliza.

Este segundo punto es fundamental. No en vano, Patrick McGovern, el descubridor de los restos más antiguos de vino, encontrados en recipientes del año 5.400 a.C. en un yacimiento arqueológico de Irán; y autor de un libro sobre el origen de la vinicultura, Ancient Wine: The Search for the Origins of Viniculture, explica que el hombre ha preferido las bebidas fermentadas al agua a lo largo de los años.  Según este arqueólogo molecular, además, los científicos creen que el hombre tuvo la idea de hacer vino al observar a los pájaros comiendo frutos que habían fermentado naturalmente.

Después, el vino se transformó en un símbolo de prestigio y clase social clave para la religión y las economías locales. Así, según McGovern (2003), ya lo hemos dicho, la producción de vino requiere una base de operaciones relativamente estable, por lo que sugiere que en las comunidades del Antiguo Egipto y del Cercano Oriente había más culturas permanentes con un abastecimiento de alimentos estable, y animales y plantas domesticadas, unas conclusiones importantísimas para el estudio de la viticultura

Además, la vid es un cultivo que funciona relativamente bien en terrenos pobres.

Hoy en día, podemos decir que el vino tiene dos características que lo hacen diferente al resto de bebidas.  Esto es:

–  la variedad de aromas del vino según las cepas, el terruño y el clima donde crece la viña.

–   su capacidad para envejecer, modificarse, someterse a una crianza.

Estas dos características hacen de la vitivinicultura y de la degustación del vino una partida de ajedrez de infinitas soluciones jamás agotadas. Gracias a esto, el vino se ha convertido, en la actualidad, en una bebida de difusión universal y, al mismo tiempo, de una extrema disparidad.

El vino se asocia al amor y al desamor. Es inseparable de la alegría y de la tristeza. Aparece vinculado al éxito y el fracaso. Va unido a la amistad. Es elemento indispensable en el cultivo del espíritu, los negocios, la guerra y la paz, etc.

Las implicaciones sociales, sentimentales y morales del vino originan un mar de costumbres que impregna nuestra vida. En nuestro contexto, pocas bebidas expresan mejor el componente afectivo o lúdico en las civilizaciones mediterráneas.

El vino tuvo de inmediato, sin duda, un simbolismo que sigue vigente y es elemento indispensable en fiestas y celebraciones de todo tipo. Es protagonista de ritos religiosos y de banquetes místicos junto a productos como el agua, el aceite o la miel. Ha sido considerado por muchas civilizaciones como un elixir sagrado.

El estrecho vínculo entre el vino y la religión es muy antiguo.  La paleoenología[2] nos ha descubierto que el aprovechamiento de la vid fue simultáneo o incluso anterior a la extensión de las comunidades de Homo sapiens por todo el planeta.  El zumo fermentado de la vid alcanza una categoría sagrada tan alta que llega a transustanciarse para convertirse en la sangre de la propia divinidad, como ocurre en el Cristianismo.

A medida que las religiones dominantes en el Mediterráneo fueron evolucionando desde el paganismo hacia los monoteísmos (Judaísmo, Cristianismo e Islam) desaparecieron los sacrificios propiciatorios como elemento de comunicación con Dios. Lo que no cambió, todo lo contrario, fue la importancia del vino en los rituales más sagrados de aproximación mística a la deidad. El ejemplo más contundente es, desde luego, la asimilación que hizo Jesús de la vid con el pueblo de Dios, y de su fruto con su propia sangre, sangre de la alianza nueva y eterna que será derramada por vosotros.

Esta frase, pronunciada durante la Última Cena según el Nuevo Testamento, supone el mejor seguro de vida posible para la expansión del viñedo en el Mundo. Jesús, al instituir la comunión con vino como eje central de las congregaciones cristianas, obligó a que el fruto de la vid estuviese siempre presente allá donde hubiese un solo creyente con la necesidad periódica de comulgar.

Cuando, 350 años más tarde, los bárbaros comenzaron a socavar los cimientos del Imperio Romano, esta necesidad de abastecer a las comunidades cristianas sería uno de los elementos clave para salvar al vino de desaparecer (obviamente, el aspecto más crucial fue que el vino era más sano que el agua). Más tarde, en otro bajón de la producción vinícola, entre los siglos VIII y XI, de nuevo serían las abadías benedictinas las que no sólo resguardarían el saber enológico, sino que lo expandirían por toda Europa.

Volviendo al Nuevo Testamento, antes de la Última Cena, existe otro pasaje memorable que hace referencia al vino, y que nos sugiere cierta analogía entre la figura de Cristo y Dioniso[3].

En las bodas de Canaán[4], que por cierto era una importante región vinícola donde antes del siglo I los egipcios ya compraban vino en la ciudad de Daha, donde el vino es tan abundante como el agua viva, Jesús transforma el agua en vino ante la urgencia de agasajar a los invitados, escogiendo ya el fruto de la vid como símbolo de la nueva era, de la Nueva Alianza, convirtiéndolo en una metáfora, ni más ni menos, que de la vida eterna que espera a los justos.

Pues bien, esta historia no era nueva. Entre los prodigios atribuidos a Dioniso, que también cosechaba sus símbolos de entre los atributos de la viña, el geógrafo griego Pausanias[5] recogió en el siglo II a.C. el siguiente milagro:

Tres cuencos son llevados dentro del templo por los sacerdotes y son colocados vacíos en presencia de los ciudadanos (…) las puertas son selladas por los sacerdotes y por cualquiera que lo desee. Por la mañana se le permite que examinen los cierres, y entrando en el templo encuentran los cuencos llenos de vino.

El orgiástico Dioniso y el ascético Jesucristo pueden parecer figuras antónimas. Sin embargo, desde el punto de vista propio de la paleoenología existen ciertas similitudes. Dioniso era un dios que nació dos veces, y que vivía dos vidas, una de día como prolífica deidad de la labranza, el agro y la abundancia, y otra de noche, en interminables fiestas y jolgorios.

El triunfo de Dioniso consistió en que el vino sustituyó en todas partes al resto de las bebidas alcohólicas como elixir sagrado. Así ocurrió en Tracia[6] y en Frigia[7], donde el éxtasis orgiástico se alcanzaba con la cerveza hasta ser sustituida por el vino y el culto dionisíaco.  La esperanza de esta vida mejor servía de aliento a los hombres, y ayudó a desear el concepto semítico de vida eterna cuando el Cristianismo comenzó su expansión.

Además, Jesús y Dioniso comparten a la vid como el símbolo de su sangre. El vino era el sustituto de la sangre de Dioniso en la Grecia antigua, y gracias a su consumo sus fieles llegaban a él mediante la embriaguez. En el caso de Cristo, el fruto de la uva es el símbolo elegido para la Eucaristía, en una metáfora que la Iglesia Católica ha elevado a dogma a lo largo de los siglos, afirmando que es materialmente la sangre de Jesús lo que los cristianos comparten en la Comunión. Es el símbolo de la vida eterna, como en el caso de Dioniso, de la inmortalidad, de la vida futura y del reino mesiánico que ha de venir a redimirnos.

En ese sentido, Hengel (2005) argumentó que la religión dionisíaca y el cristianismo son significativamente paralelos. Powell (2007) cree que las nociones cristianas de comer y beber la “carne” y la “sangre” de Jesús fueron influidas por el culto a Dioniso

El vino era importante para Dioniso, a quien se imaginaba como su creador (ya hemos comentado como la creación de vino a partir de agua aparece también en las Bodas de Caná). La teofanía[8] dionisíaca estaba transferida a Jesús. En Élide, durante las Tías, el festival de Dioniso, los sacerdotes colocaban tres tarros en una habitación sellada y al día siguiente aparecían milagrosamente llenos de vino (ya lo hemos visto al citar a Pausanias y volveremos a esto más tarde).

Noetzel (1960), por el contrario, discrepa argumentando que Dioniso nunca transformó realmente el agua en vino. Hengel (2005) replicó que las tradiciones opuestas serían anacrónicas, y que dado que todos los palestinos estaban familiarizados con la transformación del agua en vino como un milagro, se esperaba que el Mesías lo realizase.

Wick (2004) arguye que el uso del simbolismo del vino en el Evangelio de Juan, incluyendo la historia de las Bodas de Caná en la que Jesús transforma el agua en vino, está destinado a mostrar a Jesús como superior a Dioniso.

Dioniso tendría también un papel fundamental en la religión de Roma, bajo el nombre de Baco, donde se consolidó con éxito entre las clases populares que más tarde acogerían al cristianismo.

Esta entronización de la vid y de su precioso fruto ha seguido un proceso que ha durado siglos y nos llega hasta hoy, de la mano de las religiones más cercanas a nuestra realidad. Tanto en la cristiana como en la judía, el vino es parte fundamental de sus rituales. Así, por ejemplo, el mensaje de Jesucristo en la Última Cena, consagrando al pan y al vino, como su cuerpo y su sangre, quedó instalado en la Santa Misa.

En el Judaísmo, durante la ceremonia de la boda, el rabino ofrece un sorbo de vino a los novios y al final el varón rompe la copa utilizada. Esta antigua costumbre recuerda la destrucción del templo de Jerusalén, pero también avisa que el matrimonio es frágil. Mantenerlo supone un esfuerzo mutuo y constante.

La primera referencia bíblica al vino se encuentra en Noé, en el Antiguo Testamento. Tras salvar a una pareja de cada animal tras el diluvio universal, el justo Noé bajó de su barca y disfrutó del privilegio de poder rehacer su vida cotidiana. Como es sabido, plantó una viña con cuyos frutos hizo vino, del que bebió llegando incluso a emborracharse.

En la Biblia, el vino es un don de Dios, y su abundancia es señal de bendición. Así, la fórmula utilizada por el patriarca Jacob para bendecir a su pueblo anunciaba que

la vid será tan común en la tierra de Judá, que a ella se atará el borriquillo y el vino podrá ser utilizado como agua de colada.

Diferentes textos hablan de los trabajos específicos de la vid y del personal especializado que se encarga de ellas. El Antiguo Testamento refleja también el cultivo cuidadoso de los viñedos y nos da testimonios en los que se describe la viña y sus trabajos con cierto detalle (1saias  5, 1 .6):

 

Voy a cantar a mi arrrigo la canción de su amor por su viña. Una viña

tenía mi amigo en un fértil otero.

La cavó y despedregó, y la plantó de cepa exquisita. Edificó una torre en medio de ella, y además excavó en ella un lagar. Y esperó que diese uvas, pero dio agraces …

¿Qué más se puede hacer ya a mi viña, que no se lo haya hecho yo?

Quitar su seto, y será quemada; desportillar su cerca, y será pisoteada.

Haré de ella un erial que ni se pode ni se escarde, crecerá la zarza y el espino, y a las nubes prohibiré llover sobre ella

 

La viña del texto de Isaías se halla en un otero, sin duda, a lo largo de la pendiente o loma de una pequeña colina. Probablemente muchas de las viñas se hallaban en terrazas fluviales, o en glacis pedregosos. De allí la necesidad de cavar y limpiar mínimamente de piedras el terreno, que después permitirá la oxigenación de las raíces y el drenaje del agua. Las vides se podan y se cavan, se limpian de cardos, zarzas y malas hierbas, como expresa a la inversa el texto bíblico.

Los judíos no sólo mimaron y extendieron el cultivo de la vid, sino que para los múltiples autores del Tanaj, el pueblo mismo es la viña de Dios, imagen que se prolonga hasta el Nuevo Testamento, y de ahí hasta nuestros días.

La vid tuvo un lugar fundamental en el imaginario de nuestros antepasados. En el Mediterráneo era venerada junto al olivo y la higuera por el papel vital que sus frutos tenían en la alimentación de sus habitantes. Sabemos por el Antiguo Testamento que durante el Éxodo[9], la vid es un bien ardientemente deseado por el pueblo hebreo. A sus ojos, ella es el verdadero símbolo de la Tierra Prometida, aún no alcanzada.

La Vitis vinifera representaba a la Madre generosa que, a través de sus racimos podía brindar esa bebida casi milagrosa. Por ello, decenas de textos nos hablan de su importancia y de la protección de la que fue objeto. En Anatolia, las leyes hititas atestiguan el alto valor de los viñedos castigando los daños intencionados o fortuitos que pudiera sufrir una viña, señalándose explícitamente los perjuicios ocasionados por dejar entrar el ganado en viñas ajenas. En la Biblia, en el llamado Código de la Alianza[10], entre los delitos que debían ser compensados se contemplaba el daño a las vides. El enunciado de la falta es muy semejante al hitita; Exodo:22,4:

 

Si uno causa daño en una viña, por dejar suelto su ganado de modo que pazca y dañe el viñedo ajeno, deberá restituir al vecino con lo mejor de su propia viña.

 

Campos y viñas (como equivalente de huerto, luego hablaremos de esto) son las realidades agrícolas por antonomasia, correspondiendo a las segundas las connotaciones de fertilidad y riqueza. Riqueza que debía salvaguardarse.

La Biblia también regula las talas de frutales en situaciones de sitio (Dt 20, 19-20). De hecho, las prohíbe, mostrando cuán habitual era:

20:19 Cuando sities a alguna ciudad, peleando contra ella muchos días para tomarla, no destruirás sus árboles metiendo hacha en ellos, porque de ellos podrás comer; y no los talarás, porque el árbol del campo no es hombre para venir contra ti en el sitio.

20:20 Mas el árbol que sepas que no lleva fruto, podrás destruirlo y talarlo, para construir baluarte contra la ciudad que te hace la guerra, hasta sojuzgarla

 

Lo irreparable de los daños a las vides se refleja en disposiciones legales similares de otras culturas como puede ser la ley romana de las XII Tablas[11].

 

La Ley de las XII Tablas (450 a. de C.) marca la forma de poda, prohibición del consumo de vinos antes de un tiempo y uso del mismo por las mujeres. La Ley de las XII Tablas es el código más antiguo de Derecho romano, escrito entre los años 451 y 450 a.C. que se basaba en el derecho de los quirites: rudo, formal y riguroso y que tomó como fuente el Derecho oral (consuetudinario) existente de aquel momento Por ejemplo, la Tabla 6ª “Del dominio y posesión” dice:

 

9. Ningún dueño puede vindicar, ni tampoco hacer separar los materiales ó maderos suyos que otro haya introducido en la fábrica de sus edificios o de sus viñedos.

 

Como tal elemento civilizador, el vino comenzó a ser ofrecido a los dioses.

Por su parte, la prohibición del Islam de beber el jugo fermentado de la vid ha llevado al error en Occidente de analizar este tabú como un rechazo, lo que convertiría a los musulmanes en la única cultura que se escaparía al contrato vino-religión que es objeto de este trabajo.  Sin embargo, esto no es exacto. No se trata de un rechazo, sino de la elevación a la máxima sacralidad del vino ya que, según el destino reservado por el profeta Mahoma a sus justos seguidores, en el Paraíso podrán disfrutar de

ríos de vino, una delicia para los bebedores (…) y rondará sobre ellos una copa de plata, y vasos como botellas.

De hecho, en 632, año en que Mahoma moría en Medina, la viña y el vino florecían en Arabia, Egipto, Líbano, Palestina, Siria, Armenia y Mesopotamia, cuenta Gonzalo Gonzalo en su libro El otro mundo del vino.

En cualquier caso, y recapitulando, los sumerios[12] tenían a la diosa Gestín[13], que significa madre cepa. En Egipto, el dios de la agricultura y del vino era Osiris[14]. Para los griegos, el vino era un regalo de Dioniso. Los romanos ofrecían vino a Vesta[15] en el fuego de su hogar y libaciones a Baco. Noé plantó una viña tras el diluvio y Jesús selló su Nueva Alianza con vino. ¿Qué hay tras esta unión tan fuerte?

Clara Luz Zaragoza, en su Historia y mitología del vino, explica que el culto a los muertos, los sacrificios y las fiestas de homenaje a los dioses, así como la adivinación y la magia, contaron siempre con un auxiliar imprescindible: el vino.  Se ha llamado enomancia[16] a la ciencia de los presagios que se obtenían después de observar el color del vino y sus efectos sobre las personas.

En este trabajo intentaremos ver como el hecho religioso, que también acompaña al ser humano desde sus orígenes, estableció desde siempre una provechosa simbiosis con el vino. Este proceso abarca cuatro momentos:

– el hombre contacta con la deidad a través del vino;

–  luego lo recibe como un regalo de la divinidad,

–   después se lo ofrece y, finalmente,

–   cambia su esencia para fundirse con la divinidad gracias a su consumo.

El uso ofertorio del zumo fermentado de la vid no se limita a las religiones semíticas y a la cultura occidental. Así, en la India, un convite con arroz, uvas y leche era el alimento con que se alimentaba a los espíritus de los muertos. En un sistema de creencias tan lejano como el budismo, cuando se produce un nacimiento se lleva a cabo una ceremonia de purificación denominada pangsai[17], en la que se ofrece a la madre como regalo, además de las hada o cintas con oraciones, vino y té. También los aínos[18], una raza blanca que pobló Japón y Siberia, adoraban a sus dioses kamui[19] con libaciones[20] de vino.

Las alusiones sacralizadoras del vino no tienen fin en las culturas clásicas. Sin embargo, una coincidencia muy llamativa es la que relaciona su descubrimiento con los diluvios universales, otra constante en las historias y leyendas antiguas.

A la ya conocida de Noé y su arca, hay que sumar la versión griega de la gran inundación. La mitología griega relata la historia de un gran diluvio producido por Poseidón[21], quien por orden de Zeus había decidido poner fin a la existencia humana.  Deucalión y su esposa Pirra fueron los únicos supervivientes. Prometeo[22] le dijo a su hijo Deucalión que construyese un arca en la que introdujera una pareja de cada animal, de forma análoga a la historia bíblica, y así sobrevivieron. La pareja tuvo varios hijos. Uno de ellos, Oresteo, plantó la primera vid.

La variante persa del diluvio habla de Jamshid, un rey que construyó un arca con la que salvó animales y en la que había almacenado uvas en jarros[23].

Hay otra versión del diluvio en la Epopeya de Gilgamesh[24].  Básicamente, el texto mesopotámico relata lo siguiente: Enlil decide destruir a la humanidad porque le resultan molestos y ruidosos. Ea advierte a Uta-na-pistim para que construya un barco. El barco se deberá llenar de animales y semillas. Llega el día del diluvio y toda la humanidad perece, excepto Uta-na-pistim y sus acompañantes. Uta-na-pistim se da cuenta de que las aguas bajan y suelta un cuervo el cual revoloteaba sobre las aguas yendo y viniendo hasta que se evaporaron las aguas de la tierra. Uta-na-pistim hace una ofrenda a los dioses y éstos quedan satisfechos por el sacrificio. Un relato muy similar es narrado en tablillas sumerias muy antiguas de la ciudad de Ur, en las cuales el protagonista a quien Enki/Ea previene del diluvio es Ziusudra. Lo mismo podemos ver en un relato de origen acadio, titulado Atrahasis, poema épico que relata desde la creación hasta el diluvio universal.

Se pueden citar algunos más.  Así, Voltaire, habla de Xixutros (o Sixutros) de Caldea. También tenemos a Hasisadra de Sumeria. Los hindúes e iranios nombran a Vaivaswata[25] o Satyavrata. En China es Foki. Los antiguos peruanos se refieren a Bochica y para los aztecas el elegido es Coxcox o Tezpi.

Los innegables paralelismos entre todas estas historias sobre un gran diluvio que acabó con la vida sobre la Tierra, para luego permitir su repoblación a un personaje épico, justo y elegido de los dioses, son uno de los planos de estudio de la paleoenología. Sin embargo, mucho más singular es su convergencia en el regalo de bienvenida que algunos de ellos encontraron tras la travesía: el néctar de la uva, el zumo divino obsequio de los dioses.

Más adelante, con el triunfo del Cristianismo sobre el paganismo, otra simbología de análoga estructura, habría de revestir el culto a la vid y el sacrificio comunitario de la divinidad. No exento de elementos paganos e inmerso en la tradición hebrea, el Cristianismo reconocía la centralidad del vino como parte esencial de su doctrina, que terminaría volcándose en la Eucaristía. En esa propiciación de la Gracia (Eu-Charis) asistimos a la Transubstanciación, en la que el pan y el vino se transforman en el cuerpo y la sangre de Cristo y que junto al Trinitario, es uno de los misterios primordiales de la religión cristiana.

El vino continuaba así su historia a través de los pueblos y culturas de todo el orbe como un signo nunca lo suficientemente descifrado, como una fuente de tesoros en clave mítica; cuyo logos tendrá que ser desentrañado una y otra vez por todo aquél que quiera comprender los fenómenos sociohistóricos a los que está indisolublemente unido.

 


 

[1] El Monte Nisa en la mitología griega es la zona montañosa donde, según versiones, las ninfas de la lluvia, Híades o las ninfas Nisíades habrían estado al cuidado del joven Dioniso, el “Zeus de Nisa”.

Este lugar ha sido situado por los mitógrafos en diferentes localizaciones: en Etiopía (Heródoto), Libia, Frigia, India, Arabia (Antímaco) o incluso en la propia Grecia: Beocia, Naxos o Eubea.

Las procesiones marítimas de las fiestas jómicas a Dioniso hacen pensar que su culto sería introducido en Grecia desde el Asia Menor, donde los hititas se llamaban a sí mismos “Nesi” y su lengua el “Nesili”. Sin embargo, estas localizaciones reflejan, sobre todo, unas tierras del inframundo mágicas que apoyan el mito.

El nombre de Nisa podría ser, igualmente, una invención para explicar el nombre del dios. Incluso Homero menciona la montaña Niseion como el lugar donde creció Dioniso, bajo la tutela y protección de las ninfas. Fue a su vuelta de Nisa para unirse a las divinidades olímpicas cuando Dioniso llevó el vino enteógeno.

[2] Disciplina que se ocupa del estudio de la vid y el vino y su relación con el ser humano (sociedad, religión, cultura, etc.) desde el Paleolítico, era en la que se supone que el hombre descubrió el vino, hasta nuestros días.

[3] Ésta es la forma correcta de transcribir el nombre del dios al castellano, sin la “s” final que se le suele poner por resultar “Dionisos” más grato al oido hispano. El problema es que usar “Dionisios” o “Dionisos” en castellano alude al plural del nombre de persona “Dionisio” que existe también en griego y nada tiene que ver con el dios del vino; así se llamaban los tiranos de Siracusa con los que intentó Platón llevar a la práctica su República ideal.

[4] Canaán es la denominación antigua de una región del Próximo Oriente, situada entre el mar Mediterráneo y el río Jordán y que abarcaba parte de la franja sirio-fenicia conocida también como el Creciente fértil. En la actualidad se corresponde con el Estado de Israel, la Franja de Gaza y Cisjordania, junto con la zona occidental de Jordania y algunos puntos de Siria y Líbano. Sus límites comprenderían desde la antigua Gaza al Sur, hasta la desembocadura del río Orontes al Norte, englobando todas las tierras no desérticas del interior, hasta una profundidad de unos 150 km desde la costa del mar Mediterráneo, hasta algunos kilómetros más allá de la ribera oriental del río Jordán.

El marco temporal para la utilización del término Canaán suele estar comprendido desde el año 3000 a. C. hasta que los romanos, durante su extensa dominación, le cambiaron el nombre por Palestina como represalia inmediata contra los hebreos tras sofocar su rebelión de los años 132 a 135.

[5] Pausanias  fue un viajero, geógrafo e historiador griego del siglo II Se cree que era nativo de la región de Lidia situada en Asia Menor, probablemente de Magnesia del Sípilo que menciona varias veces en su obra, y vivió durante el siglo II d.C. Viajó por Grecia, Macedonia, Italia y algunas zonas de Asia y África.

Escribió una obra importante, la Descripción de Grecia, dividida en diez libros, que da una información muy detallada sobre los monumentos artísticos y algunas de las leyendas relacionadas con ellos. Su obra describe las observaciones hechas durante sus viajes y sus investigaciones personales. Los descubrimientos arqueológicos realizados en épocas actuales han confirmado su exactitud.

Entre otros méritos se le atribuye haber encontrado el lugar de la sepultura de Platón en la Academia que éste fundara, a las afueras de Atenas.

A pesar de que su obra tiene poco mérito literario, se la considera una fuente valiosa de información histórica sobre la topografía, los monumentos y los cultos locales de la antigua Grecia.

Esta ha llegado intacta hasta nosotros y está considerada como la primera guía turística que conocemos. Cuenta su estancia en Atenas, describe los Juegos Olímpicos, los templos dóricos, y la mitología griega.

Cuando en el siglo XVIII los viajeros europeos, sobre todo británicos y alemanes, empiezan a viajar a Grecia y se redescubre esta civilización, llevan como guía la obra de Pausanias. Esta guía permitió la identificación del sitio de Olimpia, de Delfos y en general, de los grandes yacimientos arqueológicos griegos.

Cabe señalar que fue el primero en estudiar el Mar Muerto en el siglo II y darle nombre.

[6] Tracia es una región del sureste de Europa, en la península de los Balcanes, al norte del mar Egeo, enclavada en Bulgaria, Grecia y la Turquía europea.

En su época, esta región histórica se extendía desde Macedonia hasta el mar Negro y desde el mar Egeo hasta el río Danubio. Ocupa la punta del sudeste de la península balcánica y comprende el nordeste de Grecia, el sur de Bulgaria, y la zona europea de Turquía. Sus límites han variado en diferentes períodos. Las montañas Ródope separan la Tracia griega de la búlgara y el río Evros separa la Tracia turca de la griega, denominadas en ocasiones Tracia occidental y Tracia oriental, respectivamente.

Las ciudades principales de la zona son Estambul (antes Constantinopla), Kallipolis, Edirne (antes Adrianópolis) y Tekirdag, todas ellas en Turquía. En la zona griega se
distinguen Komotini, Xánthi y Alejandrópolis como las ciudades más grandes. La región de Tracia es esencialmente agrícola, y en ella se producen tabaco, arroz, trigo, algodón, seda, aceite de oliva y frutas.

Fue el escenario de uno de los doce trabajos de Hércules, el de las yeguas de Diomedes, en el cual Hércules debía de traerle a su primo Euristeo las yeguas carnívoras del rey Diomedes.

Un rey mítico de Tracia, Tereo, es el arquetipo del violador y el marido cruel en una leyenda popularizada, sobre todo, a través de la versión presentada por Ovidio en Las metamorfosis. Tereo desencadenó la furia y venganza de su esposa Procne, tras violar a su hermana Filomela (o Filomena). Los reyes aseguraban que descendían de Hermes, y el culto a Orfeo era muy importante. Introdujeron en la corriente cultural helena una de las ideas más relevantes de la historia: la que decía que los humanos tenemos alma, y que ésta es eterna, como algo aparte del cuerpo, y les despertó anhelos de inmortalidad. Por eso fueron tan ostentosos en los entierros, mausoleos, y tesoros que acompañaban al difunto

[7] Frigia fue una antigua región de Asia Menor que ocupaba la mayor parte de la península de Anatolia, en el territorio que actualmente corresponde a Turquía. Estaba rodeado por las fuentes del río Sakarya y situada entre las provincias modernas de Afyon, Eskişehir y Ankara.

Fue conquistado después de la llegada de los indoeuropeos occidentales, que vinieron a Europa sobre el 1200 a. C., y que dejaron su propia marca cultural como expertos artesanos. Era una región rica, de numerosas ciudades como Cibira o Apamea, que estaba situada en las rutas comerciales de Lidia y Caria, que iban hacia el Este. Frigia poseía un gran potencial en agricultura, gracias a que el agua de las lluvias, que eran muy intensas en las montañas, descendía a la ciudad. Este potencial permitió que Frigia desarrollara un gran reino al comienzo de la época arcaica griega. Sus límites fueron un campo de batalla para los persas y los lidios; los romanos y los galos (de Galacia); los árabes y los romanos; los cruzados y los turcos selucidas; los otomanos y los mongoles y para los bizantinos y los turcos. Los monumentos y ruinas abundan en Sakarya.

Como invasores de Tracia, los frigios desempeñaron un papel decisivo en la destrucción del reino hitita y de la caída de Troya. El reino frigio del siglo VIII y VII a. C. mantuvo cerca sus contactos con los arios en el este y los griegos en el oeste. Su historia es sólo narrada brevemente por Heródoto, contando el suicidio del pasado rey Midas en Gordión cuando cayó ante los cimerios en el 676 a. C. Con el establecimiento de los galos en Frigia del este, el culto de Cibeles, la diosa madre, se extendió entre los habitantes de la ciudad.

[8] Una teofanía es una manifestación local (como una aparición visible) de una deidad a seres humanos. A menudo, los relatos teofánicos presentan la escena con riqueza de detalles descriptivos, poniéndola preferentemente en lo alto de un monte o enmarcándola en una nube. Con esto quieren decir que la divinidad está al mismo tiempo presente y oculta.

[9] El Éxodo el segundo libro de la Biblia, de la Torá, del Tanaj y del Antiguo Testamento cristiano. En él se habla de la salida de la esclavitud de Egipto y la huida del pueblo de Israel, donde tuvieron que cruzar por el Mar Rojo en búsqueda de la tierra prometida.

El principal propósito del Éxodo es mantener vivo en la memoria del pueblo hebreo el relato fundacional de sí mismo como nación: la salida de Egipto y la consiguiente liberación de la esclavitud. A través de su huida y la búsqueda de la Tierra Prometida, el israelita adquiere conciencia de su unidad étnica, filosófica, cultural y religiosa por primera vez.

El Éxodo establece también las bases de la liturgia y el culto, y está dominado en toda su extensión por la figura del legislador y conductor, el patriarca Moisés.

Dos hechos fundamentales de la historia de Israel son: la salida de Egipto y la revelación del monte Sinaí, y ambos son narrados en el Éxodo.

El milagro de la liberación muestra y confirma la elección por Yahveh del pueblo judío, y el establecimiento de la liturgia yahvista fue su consecuencia.

Para los cristianos, la celebración de la primera Pascua prepara el camino para la Resurrección cristiana y la formación del Pueblo de Dios es el antecedente de la Iglesia como asamblea y reunión de fieles a través de la liturgia.

El Nuevo Testamento reinterpreta muchos de los acontecimientos del Éxodo: San Pablo insiste en esto de manera especial (1 Cor. 10:2-4):

10:2 y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar,

10:3 y todos comieron el mismo alimento espiritual,  Exodo 16. 35

10:4 y todos bebieron la misma bebida espiritual; Exodo 17. 6; Numeros 20. 11

porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo

 

En el Evangelio de Juan se compara al Mesías con Moisés, y Cristo opone el maná al pan de la vida. En más de una ocasión se ha hecho notar el paralelismo de la estructura del Éxodo con este Evangelio, especialmente en los primeros capítulos.

Por último, en la Epístola a los Hebreos se concibe la muerte como el Éxodo de la vida hacia la Tierra Prometida del Cielo, el sacerdocio cristiano como el hebreo, el sacrificio de Cristo como el del Sinaí y la Antigua Alianza como la Nueva, sacramentada con la sangre de Jesús.

[10] En el Éxodo (20-23) puede leerse el Código de la Alianza, compleja legislación que regula el Pacto entre la divinidad y el Hombre. Se aprecian tres tipos de elementos dentro del código, atendiendo  a su contenido: leyes cultuales, judiciales y de carácter ético.  Ordena la conducta de los hombres en la sociedad. Se puede estructurar este bloque en la siguiente manera:

a) Leyes relativas a los esclavos (Ex 21,2-11)

b) Leyes sobre lesiones corporales (Ex 21,18-31)

c) Riesgos y obligaciones en los trabajos manuales y agrícolas (Ex 21,33-22,15).  Todas las leyes de este bloque, excepto Ex 21,12-17, son de tipo casuístico (delitos capitales).

[11] La Ley de las XII Tablas (lex duodecim tabularum o duodecim tabularum leges) o Ley de igualdad romana fue un texto legal que contenía normas para regular la convivencia del pueblo romano. También recibió el nombre de ley decemviral. Por su contenido se dice que pertenece más al derecho privado que al derecho público. Fue el primer código de la Antigüedad que contuvo reglamentación sobre censura (pena de muerte por poemas satíricos). La ley se publicó al principio en doce tablas de madera y, posteriormente, en doce planchas de bronce que se expusieron en el foro. Es necesario aclarar que en el Derecho Romano, el Ius Civile  era el conjunto de reglas que regulaban las relaciones entre todos los ciudadanos romanos. Éstos eran conocidos en la Antigua Roma como quirites.  Por lo tanto, el Ius Civile también se llama Derecho Quiritario o Derecho de los Quirites.

Debido a que no queda indicio alguno de su existencia, algún autor ha llegado a sugerir que no existieron.

No obstante, su desaparición puede explicarse por el saqueo que sufrió Roma hacia el año 390 a. C. por parte de los galos. Se cree que se destruyeron y, por algún motivo, no se reprodujeron con posterioridad. Esta última teoría parece estar apoyada por las abundantes referencias que de ellas hacen los autores antiguos. El historiador Tito Livio dijo de ellas que eran la fuente de todo el derecho romano, tanto público como privado. Por su parte, el orador y abogado Cicerón afirmó que los niños aprendían su contenido de memoria.

Al estar estas leyes expuestas públicamente, estaban libre de malas interpretaciones de sus custodios. Estas Leyes para todos (los ciudadanos) fueron las bases del Imperio Romano pues todos estaban bajo las mismas en cualquier rincón del Imperio.

[12] 3800 a C: Se instalan en el sur de Mesopotamia los sumerios, pueblo de origen asiático que procedía de la zona del Turkestán. Viven en plena cultura neolítica, cultivan la tierra con gran habilidad y conocimiento, saben diversificar los cultivos, construyen sus casas de adobe, poseen nociones de urbanización ya que son hábiles constructores y escultores. Tienen sus propios dioses y su culto organizado, existen evidencias que el vino es parte central de sus ceremonias.

3300 a C: Ciudades y culturas asentadas en Mesopotamia se extienden desde el golfo Pérsico al Sur, hasta Nínive, en el norte. Las ciudades no integran una unidad política; eran ciudades-estado. Tienen sus propias autoridades y sus ejércitos y hasta dioses diferentes, pero mantienen una permanente comunicación, las más importantes ciudades son: Ur, Uruk, Eridu, Aarsa, Lagash, Nippur, Kish, Babilonia y Nínive. En la lista de intercambio de productos el vino ocupa el primer lugar.

3000 a C:  En la naciente escritura cuneiforme de los sumerios, se consignaban las delicias que el vino ofrecía a los hombres. El estandarte de Ur registra dos escenas: la primera, muestra la ferocidad de la guerra; la segunda, una alegoría de la paz; en esta última, el artista sumerio colocó en la mano de los celebrantes una copa de vino como símbolo de la paz.

2700 a C: Una inscripción sumeria menciona a la diosa Gestin con el significativo nombre de Madre progenitora de todas las Cepas.

2500 a C:  Es común la costumbre de conducta que permite que al llegar a un viñedo, se pueda comer libremente uva hasta saciarse, pero es un gran delito, llevarlas en un cesto. Es un gran ejemplo de respeto a la propiedad privada.

2500 a C: Los sumerios rinden pleitesía al dios Pa-Gestin que significa Buena Cepa, y a su esposa Nin-Kasi, que quiere decir Dama del fruto embriagador

[13] En el Levante oriental, la vendimia y la vinificación inauguraban el año. El primer mes del año ugarítico era el mes de ris’yn (el mes Sag.Gestin de los textos silábicos). Se trataba, literalmente, del mes de los comienzos del vino, o bien de los primeros vinos, el tiempo de los inicios de la producción vinaria o de los primeros productos de ésta. Correspondía muy probablemente a septiembre-octubre.

[14] Osiris es el dios egipcio de la resurrección, símbolo de la fertilidad y regeneración del Nilo; es el dios de la vegetación y la agricultura; también preside el tribunal del juicio de los difuntos en la mitología egipcia. Osiris, como dios agrario, tiene la piel de color verde, pues simboliza el color de la vegetación y la regeneración. El negro está asociado a la tierra negra y fértil que en cada inundación del Nilo aportaba nueva vida al campo. Hay una fuerte conexión simbólica entre el negro y la tierra fértil de Egipto

[15] En la mitología romana, Vesta era la diosa del hogar, hija de Saturno y de Ops y hermana de Júpiter, Neptuno, Plutón, Juno y Ceres. Se corresponde con Hestia en la mitología griega, aunque en el culto romano asumió mayor relevancia. Es el símbolo de la fidelidad.

Tenía por sobrenombre, Aio Locucio. Representa el arte de mantener el fuego del hogar y del templo interno. Está relacionada con las doncellas que eran reclutadas a la edad de diez años para mantener encendida la llama del templo dedicado a la diosa, como sacerdotisas del fuego eterno.

En la religión romana, Vesta era asistida por las vestales. Su culto fue establecido en Roma por Numa y perduró hasta el final del paganismo.

[16] La enomancia era un tipo de adivinación que se realizaba a través del vino. Se ejecutaba bien fuese observando su color, ya notando las pequeñas circunstancias en el acto de beberlo para sacar diferentes presagios. Los persas eran los que más utilizaban este tipo de adivinación.

[17] Cuando se produce un nacimiento se lleva a cabo la pangsai o purificación en la que se le ofrece a la madre como regalo las hada (cintas de seda blanca), además de vino y té. Los visitantes le desean buenos augurios y felicitaciones al recién nacido y elogian su buena suerte y sus órganos de los cinco sentidos. Todo esto lo hacen por la creencia de que el recién nacido sale del vientre de la madre con muchas impurezas y desgracias.

[18] Los ainu (palabra que significa “humano” en el idioma ainu) o ainos son un grupo étnico indígena en Hokkaidō y el norte de Honshu, en la parte septentrional de Japón, así como en las islas Kuriles y la mitad meridional de la isla de Sajalín en Rusia. Son también conocidos como Ezo o Yezo en japonés antiguo, y como Utari (palabra que significa “camarada” en idioma ainu) que es como hoy en día prefieren ser llamados. En la actualidad, hay unos 15.000 japoneses con alguno de sus padres o ambos pertenecientes a ella

[19] Los ainus tienen creencias animistas, según las cuales todo en la naturaleza tiene un kamui (espíritu divino) en su interior. Hay una jerarquía de kamuis. El kamui más importante es la abuela tierra (el fuego), luego están los kamuis de las montañas (animales terrestres) y los del mar (animales marinos) y luego todos lo demás. No tienen sacerdotes o chamanes con dedicación exclusiva. El jefe de la aldea dirige las ceremonias religiosas que sean precisas; ceremonias que se reducen a la libación del vino, rezos en voz baja y la ofrenda de palillos de sauce con virutas de madera pegadas. Estos palillos se llaman “inau” (singular) y “nusa” (plural), y se colocan en un altar que se utiliza para ofrendar las cabezas de los animales sacrificados. El pueblo de los ainus agradece a los dioses antes de comer y reza a la deidad del fuego (“Huchi”) cuando acaece una enfermedad. Creen que sus espíritus son inmortales y que serán recompensados después de la muerte con el ascenso a Kamui mosir (La tierra de los Dioses) o castigados en el infierno.

[20] La libación es un ritual religioso o ceremonia de la antigüedad que consistía en la aspersión de una bebida en ofrenda a un dios. Los líquidos ofrecidos en las libaciones eran variados, normalmente de vino sin mezclar, leche, miel, aceite y otros líquidos, incluso agua pura, que se vertían en el suelo.  Fue muy practicada en la religiones de la Antigüedad: griega, romana, judaica. Así,  un holocausto (sacrificio de animales) siempre es acompañado de una libación de vino. En la antigua Grecia, al comienzo de un banquete o simposio, se vertía un poco de vino sin mezclar sobre el suelo para el daimon favorable. Normalmente, se mezclaba el vino en tres recipientes (cráteras), y al menos en Atenas, se vertía una libación de cada uno de ellos, a Zeus y a los dioses del Olimpo, a los héroes y a Zeus Sóter (el salvador). Los textos griegos antiguos hacen a menudo mención a la libación (sponde) acompañada de una oración o de un voto.En su Carta a los romanos, Ignacio de Antioquía compara el martirio de los cristianos a una libación.

[21] Poseidón o Posidón es el dios del mar, las tormentas y de los terremotos en la mitología griega.  Poseidón era un importante dios municipal de varias ciudades: en Atenas, era el segundo en importancia por detrás sólo de Atenea, mientras en Corinto y en muchas ciudades de la Magna Grecia era el dios jefe de la polis.

En su aspecto benigno, Poseidón se concebía creando nuevas islas y ofreciendo mares en calma. Cuando se enfadaba o era ignorado, hendía el suelo con su tridente y provocaba manantiales caóticos, terremotos, hundimientos y naufragios. En la Odisea, su rencor hacia Odiseo impidió a éste regresar a su hogar en Ítaca. Los marineros oraban a Poseidón para tener un viaje seguro, a veces ahogando caballos como sacrificio; de esta forma, según un papiro fragmentario, Alejandro Magno se detuvo en la costa griega antes de la Batalla de Issos y recurrió a las oraciones, invocando al dios del mar Poseidón, para lo que ordenó que un carro de cuatro caballos fuese lanzado a las olas.

Según Pausanias, Poseidón fue uno de los guardianes del oráculo de Delfos antes de que Apolo lo sustituyese. Apolo y Poseidón colaboraban estrechamente en muchos ámbitos: en la colonización, por ejemplo, Apolo Délfico daba la autorización para partir y asentarse, mientras Poseidón cuidaba de los colonizadores en su viaje y proporcionaba el agua purificadora para el sacrificio fundacional. En su Anábasis, Jenofonte describe a un grupo de soldados espartanos en 400–399 a. C. cantando un peán a Poseidón, un tipo de himno destinado normalmente a Apolo.

Como Dioniso, que enfervorizaba a las Ménades, Poseidón también provocaba ciertas formas de perturbación mental. Un texto hipocrático de c. 400 a. C., Sobre la enfermedad sagrada, afirma que era considerado culpable de ciertos tipos de epilepsia.

[22] Prometeo es el Titán amigo de los mortales, honrado principalmente por robar el fuego de los dioses en el tallo de una cañaheja, darlo a los hombres para su uso y posteriormente ser castigado por Zeus por este motivo.

Prometeo fue un gran benefactor de la humanidad. Urdió un primer engaño contra Zeus al realizar el sacrificio de un gran buey que dividió a continuación en dos partes: en una de ellas puso la piel, la carne y las vísceras, que ocultó en el vientre del buey y en la otra puso los huesos pero los cubrió de apetitosa grasa. Dejó entonces elegir a Zeus la parte que comerían los dioses. Zeus eligió la capa de grasa y se llenó de cólera cuando vio que en realidad había escogido los huesos. Desde entonces los hombres queman en los sacrificios los huesos para ofrecerlos a los dioses, pero la carne se la comen.

Indignado por este engaño, Zeus privó a los hombres del fuego. Prometeo decidió robarlo, así que subió al monte Olimpo y lo cogió del carro de Helios o de la forja de Hefesto, y lo consiguió devolver a los hombres en el tallo de una cañaheja, que arde lentamente y resulta muy apropiado para este fin. De esta forma la humanidad pudo calentarse.

Para vengarse por esta segunda ofensa, Zeus ordenó a Hefesto que hiciese una mujer de arcilla llamada Pandora. Zeus le infundió vida y la envió por medio de Hermes al hermano de Prometeo: Epimeteo, en cuya casa se encontraba la jarra que contenía todas las desgracias (plagas, dolor, pobreza, crimen, etcétera) con las que Zeus quería castigar a la humanidad. Epimeteo se casó con ella para aplacar la ira de Zeus por haberla rechazado una primera vez a causa de las advertencias de su hermano para que no aceptase ningún regalo de los dioses y quien en castigo sería encadenado. Pandora terminaría abriendo el ánfora, tal y como Zeus había previsto.

Tras vengarse así de la humanidad, Zeus se vengó también de Prometeo e hizo que lo llevaran al Cáucaso, donde fue encadenado por Hefesto con la ayuda de Bía y Cratos. Zeus envió un águila (hija de los monstruos Tifón y Equidna) para que se comiera el hígado de Prometeo. Siendo éste inmortal, su hígado volvía a crecerle cada noche, y el águila volvía a comérselo cada día. Este castigo había de durar para siempre, pero Heracles pasó por el lugar de cautiverio de Prometeo de camino al jardín de las Hespérides y lo liberó disparando una flecha al águila. Esta vez no le importó a Zeus que Prometeo evitase de nuevo su castigo, al proporcionar la liberación más gloria a Heracles, quien era hijo de Zeus. Prometeo fue así liberado, aunque debía llevar con él un anillo unido a un trozo de la roca a la que fue encadenado.  Agradecido, Prometeo reveló a Heracles el modo de obtener las manzanas de las Hespérides.

[23] El rey Jamshid ocupa un lugar destacado en una historia apócrifa asociada a la historia del vino y su descubrimiento. De acuerdo con la leyenda persa, el rey desterró a una de las mujeres de su harén de su reino, lo que la hizo desear  suicidarse. Yendo al almacén del rey, la mujer encontró un frasco marcado como “veneno” que contenía los restos de  uvas que se habían echado a perder y eran consideradas imposible de beber. Sin saberlo ella, el “deterioro” fue en realidad el resultado de la fermentación causada por la ruptura de la uva transformando el azúcar en alcohol por las levaduras. Después de beber el supuesto veneno, la mujer descubrió sus efectos por la alegría que impregnó su espíritu.  Mostró su descubrimiento al rey, el cual agradecido,  perdonó a la mujer y decretó que todas las vides cultivadas en Persépolis se dedicasen a la producción de vino. La mayoría de los historiadores del vino ven esta historia como pura leyenda,  ya que existe evidencia arqueológica de que el vino era conocido y ampliamente comercializado por los primeros reyes persas.

[24] Muchos autores coinciden en que la versión del diluvio recogida en el Génesis (el primer libro de la Biblia) se basaría directamente en los textos del siglo XIV a. C. de la literatura de Mesopotamia, conocidos como la historia de Uta-na-pistim (dentro del Poema de Gilgamesh), ya que se observa una relación obvia al comparar los pasajes del mito de Uta-na-pistim con los del diluvio judeocristiano, a veces hasta textual, teniendo en cuenta que los pueblos hebreos en su mayoría tuvieron contacto con Mesopotamia y su cultura.   Se ha argumentado que existe cierta influencia de este poema en algunos de los capítulos de la Biblia (buena parte de la cual, no ha de olvidarse, se redacta en época del cautiverio de los judíos en Babilonia, en torno al S. VI a. C.) Es todo lo que aprendieron y descubrieron en aquel tiempo (la Torre de Babel, la meretriz de Babilonia y tantas referencias relacionadas). Supuestamente son los elementos más claramente tomados por la tradición hebrea del poema babilónico de Gilgamesh. Uno es el mito del gran diluvio al que escapó un elegido por los dioses, este relato, para algunos es antecedente de la historia del Arca de Noé que aparece en la Biblia. Sin embargo las últimas investigaciones han descubierto que el relato del diluvio solo aparece en la versión tardía del poema mediante una clara interpolación, y que no aparece en las tres versiones anteriores.

[25] Nombre del séptimo Manú, antecesor de la raza postdiluviana, o sea nuestra propia humanidad (la quinta). Célebre hijo de Sûrya (el Sol), después de haberse salvado del Diluvio en un arca (construida por mandato de Vishnú), vino a ser el padre de Ikchvâku, fundador de la dinastía solar de reyes.

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