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La vid y el vino en las religiones del Mediterráneo: Baco… unas notas sobre las bacanales

marzo 18, 2012

Se asocia la idea de bacanal a la de orgía…. y se vincula la bacanal al dios Baco. Intentemos hilvanar alguna idea al respecto.

En primer lugar, y como refrigerio, tenemos una representación de una bacanal en el Museo del Prado. Es La bacanal de los Andrios de Tiziano:

http://www.museodelprado.es/coleccion/galeria-on-line/galeria-on-line/obra/la-bacanal-de-los-andrios/

Los etruscos expandieron el cultivo de la vid y la elaboración del vino hasta las faldas de los Alpes, reglamentando su consumo y prohibiéndoselo a las mujeres, a las que el marido podía matar si eran vistas bebiéndolo.

Los latinos de la Península Itálica heredaron las técnicas de cultivo de la vid de sus vecinos helenos, a los que tanto admiraban y de los que tanto copiaron. Pero al igual que sucedió con los capiteles corintios, con los dioses del Olimpo y con los sistemas militares, supieron adaptarlos a su cultura, mejorarlos y expandirlos por todo el Mediterráneo, sentando las bases culturales de Occidente.

El vino era también una de las ofrendas favoritas de los dioses romanos. Vesta, la diosa principal del patriciado romano que representaba el alma del hogar, recibía vino y leña en su templo del Foro, regentado por unas vírgenes de buena familia llamadas vestales.

Plutarco nos dice que los ritos para ofrecer las libaciones estaban estrictamente reglamentados, no siendo aptos todos los vinos, ni todos los vasos para el sacrificio. Así, no se podía usar un caldo procedente de uvas salvajes, ya que

 

habrá impiedad en ofrecer a los dioses una libación con vino de viña sin podar.

 

Clara Luz Zaragoza nos dice en Historia y mitología del vino (que ya hemos citado) como los romanos construían junto a los sepulcros una especie de cocina (culina, de donde deriva el término culinario), destinada a cocer los alimentos de los muertos. Allí se depositaba también el vino.

La mayor eclosión de enología religiosa de Roma se debió, sin embargo, a la importación de la deidad griega Dioniso, que adoptaron bajo el nombre que se le daba en algunas colonias helenas occidentales: Bacchus, es decir, Baco.

En los cultos báquicos, los romanos desarrollaron la componente orgiástica y lúdica de las bacanales, fiestas en que mediante la ingesta inmoderada de alcohol se llegaba al contacto con el dios. En estas celebraciones, una representación de Baco con su corte desfilaba por Roma, en un barco con ruedas, el carrus navalis del que Ortega y Gasset dijo que era la etimología de nuestro carnaval.

El vino, en este caso, era dádiva de los ricos, senadores y políticos al pueblo, que lo bebía en fuentes públicas instaladas para tales eventos. Esta costumbre imitaba uno de los atributos de un personaje de la corte de Baco, las ménades, que portaban un bastón envuelto en hiedras con el que, donde tocaban el suelo, brotaba vino. En España, hasta hace bien poco, se celebraban fiestas de la vendimia en las que se hacía manar vino de las fuentes públicas.

La efervescencia de las bacanales fue tal que, por miedo al libertinaje que las acompañaba, fueron prohibidas en el 186 a. C. por el Senado. No volvieron a ser aceptadas hasta que las legalizó de nuevo Julio César, que siempre aspiraba a ganar popularidad con gestos que satisfacían al pueblo.

Por su importancia en el tema que nos ocupa, vamos a detenernos un poco para explicar lo que era una bacanal.

Con el objeto de aclarar un poco el concepto de bacanal puede ser interesante consultar las actas de Bacchanales,  Actes des colloques Dionysos de Montpellier (1996-1998). Son unos textos reunidos por Pierre Sauzeau. Estos coloquios se celebraron en Montpellier (Francia) y fueron publicados por la  Université Paul Valéry en el año 2000 y en  Cahiers du GITA en su número  13.

 

Los romanos adoptaron el culto de Dioniso bajo el nombre de Baco. Este nombre ya era usado en Grecia en los últimos tiempos. Hablar de Baco es, pues hablar de Dioniso.

 

En el mundo griego y romano, las bacanales eran fiestas en honor a Dioniso – Baco en las que se bebía sin medida. Tienen su origen en los ritos desenfrenados a Cibeles[1], Baco, Atis[2] y Sabacio[3] que se celebraban en Frigia y en Tracia.

En la medida que el culto orgiástico de Cibeles se diseminó desde Anatolia hasta Grecia y finalmente hasta Roma durante la época de Claudio[4], el culto de Atis, su consorte eunuco renacido, la acompañó. La primera referencia literaria sobre Atis es el tema de uno de los poemas (el número 63[5]) más famosos de Catulo[6] pero parece que el culto de Atis en Roma no se acopló con el culto preexistente a Cibeles hasta comienzos del Imperio.

Los tracios, especialmente, adoptaron el antiguo culto de Baco y lo dotaron de características bárbaras. Las bacanales lograron una gran difusión en el ámbito del Mediterráneo, incluida la monoteística Palestina y la Siria Seléucida y greco-romana posterior.

 

Aclararemos que el Imperio Seléucida (312-63 a. C.) fue un imperio helenístico, es decir, un estado sucesor del Imperio de Alejandro Magno. El Imperio Seléucida se centraba en Oriente Próximo, y en el apogeo de su poder incluía Anatolia central, el Levante, Mesopotamia, Persia, la actual Turkmenistán, Pamir y algunas zonas de Pakistán. Fue un centro de cultura helenística donde se mantenía la preeminencia de las costumbres griegas y donde una élite macedonia grecoparlante dominaba las áreas urbanas.

 

Sigamos con nuestro tema. Las sacerdotisas organizadoras de la ceremonia se llamaban bacantes y el nombre ha quedado asociado a las orgías romanas. El culto primitivo era exclusivamente de mujeres para mujeres y procedía del culto original al dios Pan.  Los ritos de fertilidad originales fueron asumidos  por las Bacantes, que duraron hasta bien entrada la Edad Media. Desde entonces, y hasta nuestros días, la imagen tradicional de Pan se asocia con la imagen del diablo (macho cabrío) y los aquelarres.

 

Las Bacanales fueron introducidas en Roma (alrededor del 200 a. C.) desde la Magna Grecia o a través de la Etruria influida por Grecia. Parece ser que se celebraban en secreto y con la sola participación de mujeres en la arboleda de Simila, cerca del monte Aventino el 16 y 17 de marzo. Posteriormente, se extendió la participación en los ritos a los hombres y las celebraciones tenían lugar cinco veces al mes.

 

Una cortesana llamada Hispala Fecenia reveló el secreto de estas prácticas a un joven que amaba, Publio Aebutio para protegerle de su propia madre que quería iniciarle en los misterios de Baco.  Siguiendo el consejo de Hispala, Publio se negó a ser iniciado en los misterios. Fue obligado por su madre y por el marido y buscó refugio con una de sus tías, que le aconsejó que contara esta historia al cónsul Postumio.

 

El cónsul decidió llevar a cabo una investigación secreta. El Senado temió que bajo la secta se ocultase una conspiración contra la República. Encargó a los cónsules informes contra las bacanales y los sacrificios nocturnos, prometiendo recompensas a los informantes y prohibiendo las reuniones de iniciados.

 

La notoriedad de estas fiestas, donde se suponía que se planeaban muchas clases de crímenes y conspiraciones políticas, provocó en 186 a. C. un decreto del Senado, Senatus consultum de Bacchanalibus, inscrito en una tablilla de bronce descubierta en Calabria (1640) y actualmente en el Museo de Historia del Arte de Viena, por el que las bacanales fueron prohibidas en toda Italia, excepto en ciertas ocasiones especiales que debían ser aprobadas específicamente por el Senado.

Los estudiosos interpretan esta reacción como la afirmación del Senado en cuanto a su propia autoridad civil y religiosa en toda la península Itálica, tras la reciente Segunda Guerra Púnica[7] y la posterior inestabilidad social y política.

Aquí está el decreto:

http://www.thelatinlibrary.com/scbaccanalibus.html

El culto estuvo oficialmente representado como si fuese un funcionamiento de un estado secreto e ilícito dentro del estado romano, una conspiración de sacerdotisas e inadaptados, capaz de cualquier cosa. El mismo Baco no era el problema, al igual que cualquier otra deidad, tenía el derecho de culto. Para no arriesgarse a su ofensa divina, las Bacanales no fueron prohibidas por completo. Se vieron forzadas a someterse a la regulación oficial, bajo amenaza de feroces penas: se piensa que unas 6.000 personas fueron condenadas a muerte. Los cultos báquicos reformados se parecía muy poco a las antiguas Bacanales de muchedumbres incontroladas, enfervorizamiento y desinhibición: Todas las sesiones del culto se limitaron a cinco iniciados y cada uno de ellos previo consentimiento de un pretor[8]. Restricciones similares puede que se hayan impuesto a los cultos de Liber, (del que hablaremos otro día) ya que los intentos de romper las asociaciones reales o percibidas con las Bacanales parecen claros a partir de la transferencia oficial de los ludi[9] de la Liberalia del 17 de marzo a la Cerealia[10] de Ceres del 12 al 19 de abril. Una vez que la ferocidad de la represión oficial decayó, los juegos de Liberalia se restablecieron oficialmente, aunque probablemente en forma modificada.

 

Pese al severo castigo infligido a quienes se sorprendía violando este decreto, las bacanales no fueron sofocadas, especialmente en el sur de Italia, durante mucho tiempo, su probable lugar de origen.

 

Ya hemos señalado que se piensa que los carnavales actuales provienen de la herencia de las antiguas bacanales, saturnales[11] y lupercales[12].


[1] Originalmente una diosa frigia, Cibeles era la diosa de la Madre Tierra que fue adorada en Anatolia desde el Neolítico. Como la Gea o su equivalente minoica Rea, Cibeles era la personificación de la fértil tierra, una diosa de las cavernas y las montañas, murallas y fortalezas, de la Naturaleza y los animales (especialmente leones y abejas). Su equivalente romana era Magna Mater, la Gran Madre. Su título «Señora de los Animales», que también ostentaba la Diosa Madre minoica, revela sus arcaicas raíces paleolíticas. Es una deidad de vida, muerte y resurrección. Se la representa con una corona con forma de muralla y siempre acompañada de leones.

Esta diosa es representada en la mitología sobre un carro que simboliza la superioridad de la madre Naturaleza, a la que incluso se subordinan los poderosos leones que tiran del carro. La leyenda los relaciona con una singular pareja mitológica, Hipómenes (Melanión, en otras versiones) y Atalanta, que compitieron en una carrera de velocidad. La astucia de Hipómenes -inspirado por la diosa del amor, ya que el premio era la mano de Atalanta- hizo caer al suelo unas manzanas de oro que atrajeron la atención de Atalanta y la distrajeron de la carrera, que perdió. El mito concluye con la unión impía de los amantes dentro de un recinto sagrado de Zeus, quien, irritado, los convirtió en leones. Más tarde Cibeles, compadecida, los habría uncido a su carro.

Adicionalmente, para iniciar el culto como sacerdote de Cibeles, éstos eran castrados como una contribución a la madre tierra; además hacían un sacrificio matando toros (taurobolio) y bebiendo su sangre.

[2] Atis o Córibas es, en la mitología griega y frigia, el amante de Cibeles, su sirviente eunuco y conductor de su carroza tirada por leones. Atis enloqueció por causa de Cibeles y se castró a sí mismo. Inicialmente Atis era un semidiós local de Frigia, con raigambre en el gran centro comercial frigio de Pesino, ubicado en las estribaciones del monte Agdistis. La montaña era personificada como un daemon, a quien los extranjeros emparentaban con la Gran Madre Cibeles.

Sus sacerdotes eran eunucos, tal como se explica en el origen del mito en referencia a Atis y la castración.

el nacimiento de Atis se celebraba en Roma el 21 de marzo (equinoccio de primavera). Las fiestas de Atis se celebraban en Roma del 15 al 27 de marzo. A lo largo de ellas se iban cumpliendo determinados ritos y ceremonias con los que se reproducían los actos principales de la vida de este dios-hombre: nacimiento, emasculación, muerte y resurrección.

[3] Sabazius, de donde Sabazio o Sabacio; es el nombre de un dios de carácter telúricomistérico, llamado también Sábos en sus actos cúlticos. En las inscripciones griegas y latinas suele aparecer realzado por los adjetivos santo, invencible, grande y la designación de su divinidad; por ejemplo, Sancto deo Sabazio.

En su origen geográfico, Tracia merece el título de cuna de este misterio. Desde Tracia, en el siglo V a. C., pasa a Grecia a través de Frigia, siguiendo las rutas ordinariamente recorridas por las caravanas tracofrigias. En el siglo IV a. C., época de esplendor de las aspiraciones individualistas de la piedad, se afianza, y durante el helenismo alcanza su máxima expansión, llegando hasta Roma a través de las colonias griegas de la Magna Grecia (Italia).

El mito y el culto mistérico de Sabacio hunden sus raíces en el subsuelo telúrico. Lo comprueban su condición de dios de la vegetación así como el empleo de tierra, salvado, serpiente en el rito iniciático, residuos y síntomas de una prehistoria religiosa de tipo agrario numinoso.

Los rasgos definidores de este dios junto con su origen y la trayectoria de la difusión de su culto explican las diversas implicaciones de tipo sincretístico de que fue objeto.

[4] Tiberio Claudio César Augusto Germánico (Lugdunum (Lyon (Francia), 1 de agosto de 10 a. C.2 3 — Roma, 13 de octubre de 54 d. C.) historiador y político romano, fue el cuarto emperador romano de la dinastía Julio-Claudia, y gobernó desde el 24 de enero del año 41 hasta su muerte en el año 54. Fue el primer emperador romano nacido fuera de la Península Itálica.

Permaneció apartado del poder por sus deficiencias físicas, cojera y tartamudez, hasta que su sobrino Calígula, tras convertirse en emperador, lo nombró cónsul y senador.

Su poca actuación en el terreno político que representaba su familia le sirvió para sobrevivir en las distintas conjuras que provocaron la caída de Tiberio y Calígula.

Tras la muerte de Calígula, Claudio era el único hombre adulto de su familia. Este motivo, junto a su aparente debilidad y su inexperiencia política, hicieron que la guardia pretoriana lo proclamara emperador, pensando tal vez que sería un títere fácil de controlar.

Pese a sus taras físicas, su falta de experiencia política y que lo considerasen tonto y padeciera complejos de inferioridad por causa de burlas desde su niñez y estigmatizado por su propia madre, Claudio fue un brillante estudiante, gobernante y estratega militar, además de ser querido por el pueblo y ser el hombre más poderoso del mundo conocido.

Su gobierno fue de gran prosperidad en la administración y en el terreno militar. Durante su reinado, las fronteras del Imperio romano se expandieron, produciéndose la conquista de Britania. El emperador se tomó un interés personal en el Derecho, presidiendo juicios públicos y llegando a promulgar veinte edictos al día.

[5] Sobre los altos mares llevado Atis en rápida balsa,

cuando el frigio bosque con su pie, por el deseo excitado, tocó

y se acercó a los opacos, de espesuras coronados lugares de la diosa,

aguijado allí por enfurecedora rabia, errante él en sus ánimos,

se desgarró del pubis, con agudo contra sí sílice, los pesos…

[6] Cayo Valerio Catulo (Verona, actual Italia, hacia 87 a.C.-Roma, hacia 54 a.C.) Poeta latino. De familia acomodada, a partir del año 70 a.C. frecuentó en Roma el círculo de los nuevos poetas, deudores de la poesía alejandrina, cuyo tema poético principal es el amor, expresado en metros nuevos. Los versos de Catulo, especialmente los dedicados a su amor por Lesbia, seudónimo de Clodia, hermana del tribuno Clodio, son de gran realismo y fuerza expresiva. Conocido como doctus por su gran dominio de la poesía griega, dejó 116 poemas de valor e inspiración muy desiguales. Junto a poemas cultos y mundanos como Las bodas de Tetis y Peleo, en el que rivalizó con Calímaco, compuso numerosos epigramas satíricos, así como epitalamios y poemas de tema mitológico. Sin embargo, la importancia de su poesía reside principalmente en las elegías amorosas. Por otra parte, ha sido el fundador de la elegía romana, que se distingue de la griega por su carácter autobiográfico e intimista. Influyó en la poesía latina posterior tanto en el aspecto formal como en su variedad temática.

[7] La Segunda Guerra Púnica es el más conocido de los enfrentamientos bélicos acaecidos en el marco de las Guerras Púnicas entre las dos potencias que entonces dominaban el Mediterráneo occidental: Roma y Cartago. La contienda se suele datar desde el año 218 a. C., fecha de la declaración de guerra de Roma tras la destrucción de Sagunto, hasta el 201 a. C. en el que Aníbal y Escipión acordaron las condiciones de la rendición de Cartago.

[8] Un pretor era un magistrado romano cuya jerarquía se alineaba inmediatamente por debajo de la de cónsul. Su función principal era la de administrar justicia en la fase in iure (etapa procesal en que el magistrado organiza el juicio.  Con el fin de fijar el planteamiento de la cuestión litigiosa en términos jurídicos, sin considerar la veracidad o falsedad de los hechos invocados por las partes; y decidir si debe haber juicio), conceder interdictos, restitutiones in integrum (considerar que los efectos de un acto válido arreglo a la iure civile repugnan a la equidad, ordenando que las cosas vuelvan a su anterior estado, y otras funciones judiciales. Este cargo, llamado pretura, fue creado en el año 366 a. C. Desde su creación hasta el año 241 a. C. solo existió uno en Roma, encargado de la organización de los procesos, con posterioridad se creó otro para proteger a los peregrinos. Su número fue creciendo a la par que Roma iba conquistando nuevos territorios, pero a pesar del número de pretores, esta magistratura no estaba colegiada, ya que todos no tenían las mismas competencias y estas eran sorteadas. Estaban investidos de Imperium e ius auspiciorum maius (facultad de consultar a los dioses para conocer su voluntad ante ciertos actos).

En los primeros tiempos de la República Romana, el término prætor servía para designar a los cónsules, porque estaban colocados al frente de los ejércitos. Pero en el año 366 a. C. se creó en Roma con el título particular de pretor, una nueva magistratura, cuya función consistía en administrar justicia

[9] Los Ludi eran juegos públicos celebrados en beneficio y entretenimiento del pueblo romano . Los ludi se llevaban a cabo como parte de determinadas fiestas religiosas en la Antigua Roma, siendo en ocasiones su principal característica. También se presentaban como parte del culto estatal.

Los ludi más antiguos conocidos son los de carreras de carros en el circo (ludi circenses).1 Las exhibiciones de animales exóticos y salvajes con simulacros de caza (venationes) y las representaciones teatrales (ludi scaenici) también pasaron a formar parte de las fiestas religiosas.

Los días en los que tenían lugar los ludi eran festivos, y ningún negocio podía llevarse a cabo. A mediados del siglo IV a. C., los juegos públicos duraban sólo un día al año, que se fue extendiendo sucesivamente hasta llegar a 17 a finales de la República. En la época imperial alcanzaron los 135 días a finales del siglo II y los 176, según el calendario de Furio Dionisio Filócalo en el siglo IV: 64 de carreras de carros, 102 de representaciones teatrales y sólo diez días en diciembre, para competiciones con gladiadores y venationes.

Era lo que decía Juvenal (Sátiras, 10.81), que para satisfacer al populacho, los emperadores, principalmente, ofrecían panem et circenses (pan y circo). Sin embargo, aunque su valor como entretenimiento pudiera haber oscurecido su sentimiento religioso en algún momento dado, incluso en la antigüedad tardía, los ludi fueron entendidos como parte de la adoración a los dioses tradicionales, y los Padres de la Iglesia aconsejaron a los cristianos no participar en estas fiestas

[10] Las Cerealias, en la religión de la Antigua Roma, eran las mayores fiestas celebradas en honor de la diosa del grano Ceres. Se llevaban a cabo durante siete días, de mediados a finales de abril, aunque las fechas exactas son inciertas.

Es probable que estas fiestas populares fuesen establecidas ya en el período de la monarquía romana. Su carácter arcaico así lo indica, con un ritual nocturno descrito por Ovidio, con antorchas encendidas atadas a las colas de zorros vivos, que eran liberados en el Circo Máximo. El origen y propósito de este ritual son desconocidos. Puede haber tenido una intención de limpiar los cultivos y protegerlos de enfermedades y plagas, o bien, para añadir calidez y vitalidad a su crecimiento. Ovidio ofrece una explicación etiológica cuando describe que hace mucho tiempo, en la antigua Carleoli, un chico de una granja atrapó un zorro que robaba gallinas y trató de quemarlo vivo. El zorro se escapó, en llamas, y en su huida incendió los campos y sus cultivos, que eran consagrados a Ceres. Desde entonces, los zorros son castigados en estas fiestas.4

Como parte integral de estas fiestas, se celebraban los Ludi Cereales o “Juegos de Ceres” en el Circo Máximo. Ovidio menciona que la búsqueda de Ceres a su hija perdida, Proserpina estaba representada por mujeres con blancos vestidos, que marchaban con antorchas encendidas.

Durante la época republicana, las Cerealias eran organizadas por los ediles plebeyos, puesto que Ceres era una de las deidades patronas de la plebe. Las fiestas incluían ludi circenses, “juegos de circo”, que se abrían con una carrera de carros en el Circo Máximo, con un punto de partida justo debajo del Templo de Ceres, Liber y Libera en el Aventino. Es probable que existiese una antigua conexión entre Ceres, como diosa de la cosecha de granos y Consus, dios del almacenamiento del grano y patrón del circo.

Después de alrededor del 175 a. C., las Cerealias incluyeron ludi scaenici, representaciones teatrales, que tenían lugar entre el 12 y el 18 de abril. Al edil plebeyo Cayo Memmio se le atribuye la primera puesta en escena de estos ludi scaenici. También se distribuyó una nueva moneda conmemorativa, un denario en honor de este evento. Sus innovaciones le llevaron a afirmar que había presentado “las primeras Cerealias”.

[11] Las Saturnales (en latín Saturnalia) eran unas importantes festividades romanas. Se las llegó a denominar “fiestas de los esclavos” ya que en ellas, los esclavos recibían raciones extras, tiempo libre y otras prebendas; eran Navidad y Carnaval a un mismo tiempo y el cristianismo de la antigüedad tardía tuvo fuertes problemas para acabar con esta fiesta pagana, intentando sustituirla.

Las Saturnales se celebraban por dos motivos:

– En honor a Saturno, dios de la agricultura.

– Como homenaje al triunfo de un victorioso general (fiesta del triunfo).

Las primeras se celebraban del 17 al 23 de diciembre, a la luz de velas y antorchas, por el fin del período más oscuro del año y el nacimiento del nuevo período de luz, o nacimiento del Sol Invictus, 25 de diciembre, coincidiendo con la entrada del Sol en el signo de Capricornio (solsticio de invierno). Probablemente las Saturnales fueran las fiestas de la finalización de los trabajos del campo, celebrada tras la conclusión de la siembra de invierno, cuando el ritmo de las estaciones dejaba a toda la familia campesina, incluidos los esclavos domésticos, tiempo para descansar del esfuerzo cotidiano.

Eran siete días de bulliciosas diversiones, banquetes e intercambio de regalos. Las fiestas comenzaban con un sacrificio en el templo de Saturno (en principio el dios más importante para los romanos hasta Júpiter), al pie de la colina del Capitolio, la zona más sagrada de Roma, seguido de un banquete público al que estaba invitado todo el mundo. Los romanos asociaban a Saturno, dios agrícola protector de sembrados y garante de cosechas con el dios prehelénico Crono, que estuvo en activo durante la mítica edad de oro de la tierra, cuando los hombres vivían felices, sin separaciones sociales. Durante las Saturnales, los esclavos eran frecuentemente liberados de sus obligaciones y sus papeles, en algunos casos, cambiados con los de sus dueños.

Posteriormente, el nacimiento del Sol y su nuevo período de luz fueron sustituidos por la Iglesia, quien hizo coincidir en esas fechas el nacimiento de Jesús de Nazaret con el objetivo de acabar con las antiguas celebraciones. Gradualmente las costumbres paganas pasaron al Día de Año Nuevo, siendo asimiladas finalmente por la fiesta cristiana que hoy en día se conoce universalmente como el Día de Navidad

[12] Fiesta de las Lupercales (en latín LVPERCALIA). Fiesta que se celebraba ante diem XV Kalendas Martias, que equivale al 15 de febrero.

Las Fiestas Lupercales eran, en la Antigua Roma, unas fiestas que se celebraban el día 15 del mes de febrero. Su nombre deriva supuestamente de lupus (lobo, animal que representa a Fauno Luperco) e hircus (macho cabrío, un animal impuro). Fueron instituidas por Evandro “el Arcadio” en honor de Pan Liceo (también llamado Fauno Luperco, el que protegía al lobo, y protegía contra Februo, o también Plutón).

Un cuerpo especial de sacerdotes, los Lupercos o Luperci (Sodales Luperci o amigos del lobo) eran elegidos anualmente entre los ciudadanos más ilustres de la ciudad que debían ser en su origen adolescentes que sobrevivían de la caza y el merodeo en el bosque durante el tiempo de su iniciación en la edad adulta, lo que por aquel entonces era un tiempo sagrado y transitorio en que se comportaban como lobos humanos. Se reunían el 15 de febrero en la recientemente encontrada gruta del Lupercal (más tarde llamada Ruminal en honor a Rómulo y Remo) en el monte Palatino. Según la tradición fue en este lugar donde Fauno Luperco tomando la forma de una loba (Luperca), había amamantado a los gemelos Rómulo y Remo, y en cuyo honor se hacía la fiesta. La tradición cuenta que allí había una higuera cuyas raíces habían detenido la cesta en cuyo interior se encontraban los gemelos Rómulo y Remo.

Bajo la sombra de esta venerable higuera, la Ruminalis, celebraban el sacrificio de un perro y de un macho cabrío, animales que eran considerados impuros. Después se tocaba la frente de los luperci con el cuchillo teñido con la sangre de la cabra y a continuación se borraba la mancha con un mechón de lana impregnada en leche del mismo animal. Éste era el momento en que los lupercos prorrumpían en una carcajada de ritual. Luego cortaban la piel de los animales sacrificados en tiras, llamadas februa, que junto con la deidad sabina Februo, y el sobrenombre de Juno, Februalis (la que purifica), son los posibles candidatos a darle nombre al mes de Febrero. Con este aspecto y casi desnudos, sólo tapados con unas tiras de cuero, salían alrededor del monte Palatino donde golpeaban a todos los que encontraban a su paso. El ser azotado por las tiras de cuero de los luperci equivalía a un acto de purificación, y era llamado februatio.

Este acto de purificación comenzó en el reinado de Rómulo y Remo, cuando las mujeres romanas se hicieron estériles. Después de consultar el oráculo de la diosa Juno, en el bosque Esquilo, ésta respondió: Madres del Lacio, que os fecunde un macho cabrío velludo. Y es ésta la razón por la que los luperci van desnudos uncidos en sangre de animales impuros (como si vinieran de caza) con pieles de lobo, golpeando con el látigo como si fuera un miembro viril.

Para las mujeres, este rito aumentaba su fertilidad poniéndole las carnes de color púrpura. Este color representaba a las prostitutas de la época, en particular las que ejercían la prostitución sagrada con los lupercos en el Ara Máxima, también llamadas lupas o lobas. De este color vistió Helena de Troya para ofender a su marido Menelao, que como todos los reyes de la época, trataban como una esclava a sus mujeres. Hoy en día es color del feminismo.

Esta celebración la adoptó el emperador Justiniano I en el imperio de Oriente el año 542, como remedio para una peste que ya había asolado Egipto y Constantinopla y amenazaba el resto del Imperio.

Con el paso del tiempo el Papa Gelasio I prohibió y condenó, en el año 494, la celebración pagana de las Lupercales. Quiso cristianizar esta festividad y la sustituyó por el 14 de febrero, fecha en la cual murió martirizado un cristiano llamado Valentín, en el año 270 d. C.

Las lupercalias se trocaron pues en una procesión de candelas pidiendo, en cánticos y letanías la misma protección contra la muerte y la fertilidad que procuraba Fauno Luperco, ahora elevada a esperanzas de una vida y salud mucho más alta. A pesar de todo, esta procesión de las candelas desterró el rito pagano mucho más efectivamente que todas las prohibiciones anteriores.

Esta celebración se unió más tarde a la liturgia de la Presentación, por la referencia que Simeón hace, en su canto, a Cristo como luz de las naciones, asociada a los cirios, antorchas y candelas encendidas en las manos de los fieles. El 2 de febrero se cumplían cuarenta días desde que, en la época de San Ambrosio, se fija el 25 de diciembre como fecha del nacimiento de Jesús, también para desterrar el festejo pagano del culto al Sol.

De las lupercales procede hoy la tradición del carnaval gallego característico de Ginzo de Limia, Laza y Verín, donde los cigarrones, pantallas o peliqueiros azotan a la gente con débiles fustas de cuero, con cencerros en honor a los pastores de los que Fauno Luperco era dios, y golpeando con tripas de cerdo hinchadas con la mano.

 

 

 

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